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Saltando desde las alas de un bombardero Tupolev TB-3

Poco antes de la segunda guerra la tecnología soviética estaba muy por detrás de los demás poderes, al punto que para entrenar a sus regimientos de paracaidistas, a faltas de aviones diseñados específicamente para éste tipo de tarea, los mismos debían utilizar bombarderos Tupolev TB-3, trepar hasta las alas y deslizarse como si fuese un tobogán. Con suerte, no impactarían contra el fuselaje o la alargada cola del avión.

Este entrenamiento probaría ser de extrema utilidad para infiltrar fuerzas especiales rusas en territorio alemán durante los primero años de la guerra, sobretodo porque al ver un bombardero desde tierra, pocos sospechaban que en realidad se trataba de una inserción de hombres.

La última víctima de la Segunda Guerra

ZgodaLa muerte y el horror causados por la Segunda Guerra no terminarían con el cese formal de la misma, especialmente si tenemos en cuenta el accionar Soviético, quienes crearían en Silesia, Polonia occidental, el campo de concentración de Zgoda, administrado por la agencia precursora de la KGB, y en el cual oficialmente se mantenía a “prisioneros de guerra,” pero que en realidad ejercía como centro de depuración tanto de civiles alemanes como polacos que podían llegar a ofrecer resistencia intelectual o popular al régimen comunista en Europa central, y famoso además por ser el territorio de “caza” del asesino Salomón Morel quien, según estimados del gobierno polaco torturó y asesinó personalmente a cientos de personas durante su período como comandante del campo -especialmente con un método de tortura que él mismo denominaba “la pirámide,” y que consistía en ordenar a sus guardias a arrojar personas unas arriba de otras hasta formar una pirámide, matando así por asfixia a quienes se encontraban en la parte inferior, generalmente mujeres. El instituto gubernamental polaco encargado de recordar los horrores de la Segunda Guerra (IPN) tiene un muy interesante documento sobre los hechos, pueden leer una traducción automática realizada por el traductor de Google haciendo click aquí.- Irónica y tristemente, Zgoda anteriormente había sido un sub-campo de Auschwitz. Distintos dueños, misma barbarie.

1609-1.jpgNo obstante, esta entrada está dedicada a la última víctima de la Segunda Guerra Mundial, Leslie Croft, un británico que moriría 64 años después de terminada la guerra a causa de una complicación pulmonar causada por un fragmento metálico de un obús incrustado en su cuerpo durante sus años como combatiente para el Reino Unido en el frente italiano en 1943. Tras sufrir la profunda herida, Croft sería llevado nuevamente a su país, donde recibiría varias cirugías. La medicina de la época le permitiría recuperarse y vivir felizmente durante 64 años más, pero sería a cause de un bulto en sus intestinos, formado durante los años a causa del daño en el tejído intestinal a causa la cirugía, lo que debilitaría sus pulmones a causa de un bloqueo circulatorio.

Curiosamente Croft aun puede no ser la última persona en morir a causa de heridas sufridas en la Segunda Guerra Mundial, ya que como bien aclara el doctor Stanley Hooper para el Telegraph, aun varios sobrevivientes de la guerra tienen fragmentos de metal u otro tipo de heridas que, al igual en el caso de Croft, pueden complicarse al punto de causar la muerte.

El último pájaro de la Gran Guerra
Un A6M Zero derribado, fotografía tomada el 25 de Agostodel 45 donde puede verse el mensaje de rendición escrito por los pilotos comentando que hace 11 días que esperan ordenes sobre cómo procederY a todo esto, viene la historia del último avío derribado en la guerra. Un A6M Zeros japonés derribado por un Convair B-32 americáno, de nombre “Hobo Queen Two,. Derribado sobre 12 días después del brutal ataque con armamento nuclear sobre poblaciones civiles cometido por los Estados Unidos, es decir, el 18 de Agosto de 1945. Pocos días después Japón depondría sus armas y se rendiría formalmente. Evento en el cual, pero aunque ocurriría unos meses más tarde a la rendición formal, por primera vez en más de mil años, desde el Kojiki -el libro más antiguo del Japón y en el cual se menciona la divinidad del emperador,- un Emperador del Japón negaría ser un arahitogami, es decir, un dios viviente.

No obstante, existe una controversia con respecto a si esa fue la última batalla aérea de la Segunda Guerra, ya que el 17 de Agosto del 45, con Japón ya rendido, un B-32 debió aterrizar de emergencia en las islas Izu tras ser atacado por un grupo de combate japonés, según recuentos personales del legendario piloto de combate Saburo Sakai en su libro autobiográfico Zero-sen No Saigo.

Por cierto, el siguiente video es el anuncio oficial a la población de los Estados Unidos anunciando la rendición de Japón y es por muchos considerado como el punto final de la misma:

La gente, el gas, las plagas y las máscaras

Siempre me impresionaron las fotografías grupales de personas con máscaras de gas de la primer mitad del siglo XX. Estas escenas, obviamente, tenían poco de natural o cotidiano y eran más que nada un mecanismo de propaganda por parte de los distintos gobiernos para así difundir el uso de éstos dispositivos en las poblaciones halladas en zonas de riesgo.

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La imagen anterior es quizás la más emblemática y famosa de todas. Fue producida por la Unión Soviética. Es a la vez tan aterradora como interesante, dando la impresión, al menos en mi, de estar viendo no la Tierra sino una postal de un mundo fuera del nuestro. Otros grandes ejemplos de esta rara “moda” son:

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Y en la plaga
1216-6b.jpgCon casi la misma suerte, los doctores medievales debían recorrer las calles de la Europa infectada por la peste negra. Inciertos de sus causantes y convencidos de una muerte segura, intentaban escapar a sus preocupaciones utilizando todo tipo de amuletos. Sin embargo, otros, menos supersticiosos y quienes pensaban que la misma se transmitía a través del aire, comenzaron a utilizar una singular máscara de roble con forma de “cabeza de pájaro” con el fin de protegerse de tan mortal enfermedad.

1216-7.jpgEl talón de Aquiles de esta primitiva máscara estaba en el sistema de filtración, el cual era un tanto inútil, ya que consistía de una serie de recipientes agujereados almacenados en el pico de la misma y llenos con ungüentos e hierbas aromáticas de fuerte olor. Esto, creían, ahuyentaba a lo que fuese que causara tan misteriosa enfermedad.

Semejante imagen me hace imposible el dejar de pensar en el pobre paciente afiebrado, delirando y dolorido que, repentinamente, ve como un ser de crudas vestimentas negras, de gran pico y sombrero comienza a examinarlo mientras a la vez emite un fuerte aroma desde su cabeza. Ciertamente, no los culparía de haber pensado que ya habían fallecido y se encontraban en el inframundo.