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Reiniciando el computador digital más viejo del mundo aun en funcionamiento

Siguiendo con la serie de artículos con las cosas más viejas del mundo que aun realizan sus tareas, le toca el turno a WITCH / Harwell Dekatron, restaurada por ingenieros del National Museum of Computing en el Reino Unido en el 2012 tras más de tres años de trabajo. Construida entre 1949 y 1950 y puesta en funcionamiento en 1951, esta es una computadora digital a base de relés (interruptores controlados por circuitos eléctricos) con una memoria basada en decatrones (válvulas que cuentan pulsos). Al mirar los decatrones, y viendo cuáles estaban activos y su respectivo estado podía saberse los contenidos de la memoria de la máquina, mientras que los resultados eran marcados en una hoja continua por una máquina de tambor mecanográfico.

En este otro vídeo puede verse WITCH cargando un programa para calcular la raíz cuadrada de 2.

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Vandalismo histórico

Hoy iniciamos una nueva serie de artículos, con la finalidad de demostrar que nada es inmortal o inmutable, e incluso, las grandes obras y el Patrimonio de la Humanidad, llegado su tiempo, pueden convertirse en víctimas de la depredación y la destrucción.

El día que la Pietà recibió una paliza
1125-1.jpgLa Piedad es una de las obras culmines y más hermosas producidas por Miguel Ángel. La importancia de la misma no radica solamente en la técnica, sino en su influencia sobre otros escultores y pintores a lo largo de la historia. Miguel Ángel, buscando representar la Pureza de María, decidiría esculpir a una mujer joven extremadamente bella, rompiendo con la tradición de representarla avejentada. De esta manera, creía Miguel Ángel, daba a entender visualmente su pureza, al convertirla en algo incorruptible, a quien ni siquiera los males de la edad podían afectar.

Si bien la obra sufriría varios accidentes, como la rotura de cuatro dedos en el siglo 18, sería en el 21 de Mayo de 1972, que László Tóth, un geólogo húngaro, con una patente inestabilidad mental, decidiera entrar a la Basílica de San Pedro, casa de la obra, y atacar con un martillo de geólogo -ideal para partir piedras por su forma- a la Pietà. El público presente, en estado de shock, tardaría en reaccionar, y Tóth infringiría un irreparable daño en el rostro de María.

Irreparable porque si bien la obra sería restaurada, utilizando mármol de la base para obtener una misma textura, y una réplica exacta hallada en una iglesia polaca como modelo, la técnica con la cual Miguel Ángel había pulido el mármol era un secreto que llevó consigo a su tumba.

Desafortunadamente esto llevó a que la obra, tras ser restaurada, debiera ser enjaulada en una caja de cristal a prueba de balas.

Piedras a la Mona Lisa
1125-2.jpgSi bien hoy en día la Mona Lisa está protegida con un cristal capaz de soportar un ataque con granadas, como vimos en el artículo de su robo, en el pasado se encontraba casi al alcance de la mano. Es así que un 30 de Diciembre de 1956 un inmigrante boliviano de nombre Ugo Ungaza Villegas que se encontraba en Francia por motivos estudiantiles, decidiera tirarle una piedra con gran fuerza a la sonriente dama. El impacto desprendería los pigmentos del área afectada, y resquebrajaría el lienzo.

Si bien se le preguntó varias veces por qué lo hizo, el motivo nunca pudo ser aclarado, y hoy en día, a pesar de rigurosas restauraciones, el ojo agudo puede notar la diferencia.

El Coliseo como cantera
Uno de los eventos más trágicos de la caída de Roma fue la gradual e irreparable analfabetización de su población. Esa ciudad poseedora de obras arquitectónicas culmines como el Foro, los Baños, el Palacio de las Vestales y varios otros de los templos y edificios que adornaron a la que en su tiempo fuera la Capital del Universo, fueran siendo depredados y destruidos.

El Coliseo, desafortunadamente, sufrió infinidad de ataques. Entre los más importantes se encuentran las reformas realizadas por los Frangipani, una poderosa familia de la Italia Medieval, irónicamente descendientes directos de los Patricios, es decir los romanos que fundaron a Roma en el los primeros años de Ab urbe condita (“De la fundación de la Ciudad”, el punto desde el cual los romanos medían su era -y que equivale al 753 antes de Cristo-), quienes convertirían al Coliseo en un castillo en el siglo XIII. Haciéndolo así blanco de asedios.

1125-3.jpgEn el siglo XIV, el Terremoto de Roma, derribaría gran parte de su estructura. Las rocas caídas, de altísima calidad, no serían devueltas, sino que serían utilizadas para otros proyectos. Gradualmente, la codicia haría que por la noche varios constructores fueran a robar piedras, incluso llegando a arrancar grandes pedazos.

Por cierto, recordarán, o no, los daños sufridos por el Partenón.

La odisea en busca del Escuadrón Perdido

1038_3.JPGRescatar un escuadrón perdido durante una misión ultra secreta de la Segunda Guerra Mundial es ya una empresa épica, pero hacerlo durante 1 década a 20 grados bajo cero en medio del Polo Norte y debiendo taladrar más de 90 metros de hielo macizo es ya otra cuestión muy diferente.

Antes de cruzar el Canal Inglés e iniciar una ofensiva en Europa continental, Estados Unidos comenzó a amasar tropas en las Islas Británicas. Este refuerzo fue denominado Operación Bolero. Una de las misiones de esta operación masiva fue el llevar aviones con base en el Atlántico Norte desde un aeropuerto en Groenlandia hasta Inglaterra haciendo primero escala en Islandia. De esta manera, se evitaba darle a la inteligencia del Eje un número preciso de la cantidad de aviones que estaban siendo enviados.

1038_1.jpgCarl Rudder comandaría un contingente de seis Lockheed P-38F escoltando a dos Boeing B-17 Flying Fortress. El día de partida, y tras planear la ruta de vuelo cuidadosamente, el destino quiso que esa noche, una enorme tormenta les impida llegar hacia Inglaterra. Razón por la cual decidirían que lo único que podían hacer era volver. Pero prontamente descubrirían que las condiciones de vuelo los habían dejado sin combustible suficiente y su visibilidad era literalmente nula.

Sólo quedaba intentar una maniobra audaz y desesperada: aterrizar en una planicie de hielo. Tras una acalorada y rápida discusión de radio, uno de los pilotos de los P-38, Brad McManus, de sólo 24 años, en u nacto temerario se arrojaría en picada e intentaría aterrizar mediante un descenso en parábola. Su inexperiencia hizo que no escuchara a los pilotos mas viejos, quienes le rogaron que no baje el tren de aterrizaje, ya que en el hielo, era mejor aterrizar de emergencia utilizando la panza del avión a causa de la mayor fricción ofrecida por esta. Luego de su maniobra, y tras quedar su P-38 clavado de punta en la nieve, Brad, milagrosamente, quedaría vivo.

Tras esto los demás pilotos se animarían, ya que comprobaron que el suelo era de hielo y no nieve blanda, el segundo en intentar aterrizar utilizaría una elaborada maniobra, apagando el combustible a 50 metros de altura y planeando durante el resto del aterrizaje. Logró aterrizar de panza convirtiendo su avión en “un gran trineo metálico que se deslizó por más de 200 metros”. Tras ver su maniobra, los demás seis aviones restantes del escuadrón harían lo mismo. Salvo los B-17, quienes a causa de su tamaño circularon el área durante media hora más para acabar su combustible y evitar un incendio en caso de accidente.

Perdidos en la nieve, los 25 miembros de las tripulaciones deberían durante días sobrevivir el intenso frío, pero finalmente serían rescatados, abandonando sus aviones para siempre en esa tierra de inclementes tormentas anuales de nieve.

La odisea al escuadrón perdido
1038-1_1.jpgPasarían casi 40 años, y Pat Epps, dueño de un taller de aviones, y apasionado por la historia del escuadrón perdido tras varias charlas con el ya anciano comandante de la misión Carl Rudder, se uniría a Richard Taylor, un piloto amateur y arquitecto de profesión, para viajar a lo profundo del Polo Norte y recuperar las naves allí abandonadas. No serían la primer ni la última expedición, sino que serían una más de once intentando la hazaña.

De manera poco planificada y desorganizada los dos aventureros viajarían en 1981 a Groenlandia para localizar los aviones. Luchando contra enormes temporales y contando sólo con detectores de metales, buscarían los aviones sin éxito. Meses más tarde, conseguirían un radar de tierra, pero las naves seguían sin aparecer. Abandonarían varias veces y retomarían su búsqueda otras tantas, así hasta 1988, cuando gracias a la ayuda de un geofísico de Islandia lograran de una vez localizar los aviones. Continue reading La odisea en busca del Escuadrón Perdido