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El astronauta caído, el único monumento en la Luna

No solo es la única pieza de arte en la superficie de otro cuerpo celeste, sino que además su significado y motivo poseen un gran valor sentimental que conmemora a los 14 astronautas y cosmonautas que perdieron sus vidas al momento de la colocación de la estatuilla.

Esta famosa y controversial pieza conmemorativa de 8.5 ctms fue creada por Paul Van Hoeydonck a pedido del astronauta David Scott quien tras un encuentro casual en una cena le sugiriera tallar en aluminio la figura de un astronauta con el fin de honrar a las personas que perdieron sus vidas durante la carrera espacial.

Al volver el Apolo 15 en la conferencia de prensa los astronautas comentarían la colocación de la estatuilla en la Luna, por lo que el NASM -National Air and Space Museum- pediría una réplica para exhibir. Van Hoeydonck quien en un primer momento iba permanecer anónimo, realizó la réplica para el museo y, rompiendo el trato de palabra que había hecho con Scott de no comercializar la figurilla, realizó 950 réplicas autografiadas para vender en la galería holandesa Waddell. Esto fue, según afirmó el dueño de la galería, una confusión ya que ellos pensaban que la estatuilla no era una tumba sino una representación de la humanidad. Afortunadamente la cantidad de atención e indignación que trajo el asunto llevó a que no se comercializaran las réplicas y solo se llegaran a vender 20 de estas. Al día de hoy la réplica de museo permanece en una exhibición privada a pedido de los astronautas.

En la imagen puede observarse la estatuilla acomodada encima de las huellas de los astronautas de la misión y una placa con los nombres de los astronautas por orden cronológico:

Theodore Freeman – 31 de Octubre de 1964
Charles Bassett – 28 de Febrero de 1966
Elliott See – 28 de Febrero de 1966
Gus Grissom – 27 de Enero de 1967
Roger Chaffee – 27 de Enero de 1967
Edward White – 27 de Enero de 1967
Vladimir Komarov – 24 de Abril de 1967
Edward Givens – 6 Junio de 1967
Clifton Williams – 5 de Octubre de 1967
Yuri Gagarin – 27 de Marzo de 1968
Pavel Belyayev – 10 de Enero de 1970
Georgi Dobrovolski – 30 de Junio de 1971
Viktor Patsayev – 30 de Junio de 1971
Vladislav Volkov – 30 de Junio de 1971

Nota: Otra “tumba conmemorativa” en otro planeta es encontrada en los rovers Spirit y Opportunity en los cuales, para ciertas partes, se utilizaron metales extraídos de los restos de las Torres Gemelas.

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Arte espacial del astronauta Alan Bean.

La Luna, vista por las películas

El archivo George Eastman House es una colección fotográfica denominada “The Moon – for real & in fiction” -La Luna – Real y en ficción-. Es un interesante y pictórico paseo por 90 fotografías de la Luna representada en distintos trabajos de ficción, desde la película de Wells donde no era más que una pelota arrugada hasta las exactas recreaciones de hoy en día.

No se a ustedes pero a mi me resulta de mucha curiosidad que algo que prácticamente ha sido visto por todos y cada uno de los seres humanos que han habitado este planeta a lo largo de la historia pueda ser a veces tan mal interpretado y recreado.

Pornografía en la superficie de la luna

La pornografía es tan vieja como la civilización misma, y ha sido registrada en todas las culturas civilizadas en las que la vestimenta era norma social. Vemos un ejemplo de esto especialmente en los romanos, donde encontrarse con murales eróticos era algo bastante común, como permitieron conocer los restos de Pompeya y Herculano. Sin embargo, en ninguna época pasada la pornografía se extendió tanto como en la cultura occidental de la actualidad. Pensando en esto recordé un fragmento de una nota realizada a James Webb, director de la NASA durante los 60s, en el que relataba alguna de las “locuras” que hacían los ingenieros y astronautas de la misión. La más interesante de todas hacía referencia a la única pieza de pornografía que llegó a la Luna.

Porno lunar

Una de las guías clave que debían seguir los astronautas de la misión Apollo consistía en una check-list -lista de chequeo- que se debía completar mientras se caminaba por la superficie lunar con el fin de verificar paso por paso que todo este en orden y no cometer algún error a causa de un olvido. Esta guía estaba confeccionada de un material ignífugo de alta tecnología con el fin de ser utilizada en todo momento sin correr riesgo alguno. En la misión Apollo 12, cuando los astronautas Al Bean y Pete Conrad se preparaban a bajar, no solo encontraron la lista paso a paso que debían seguir, sino que además descubrieron que el manual estaba lleno de fotos eróticas. Estas eran varias modelos de Playboy acompañadas de un texto. A Conrad le tocaron: Angela Dorian, Reagan Wilson cuyos respectivos textos eran “¿Ves alguna colina o valle de interés?” y “Compañera preferida de amarre”; mientras que a Bean le tocaron Cynthia Myers y Leslie Bianchini, acompañadas por los textos “No lo olvides, describe las protuberancias” e “Investiga su actividad”.

La literatura y sus predicciones sobre el viaje a la Luna

Cyrano

Von Braun confesó que la idea de los cohetes de 3 fases sería adoptada ni más ni menos que de un libro: El viaje a la Luna, escrito por Cyrano de Bergerac hacía más de 300 años antes. Cyrano no sólo menciona un cohete de fases sino que sería la primer obra relatando el viaje en un cohete tripulado.

Lester del Rey
Otra asombrosa casualidad se encuentra en una novela de Lester del Rey escrita en el año 1953. En ésta su primer párrafo dice: “La primera nave espacial aterrizó en la Luna y el comandante Armstrong salió de ella…”.

Julio Verne
Sin embargo, como hemos mencionado fue Julio Verne el más destacado de todos los escritores al predecir no sólo el lugar de donde despegaría la nave sino que lograría acertar que la nave descendería en el agua. Sorprendentemente en su novela la nave de los viajeros toca el agua a unos pocos kilómetros de donde lo hizo la nave de Armstrong y componía.

Arthur C. Clarke
Si bien Arthur C. Clarke en 1940 predijo la llegada a la Luna en el año 2000, no haciéndolo merecedor de una “predicción”, su escrito fue tan alentador y revelador que el mismo Armstrong diría, tras volver de la Luna: “Clarke nos proveyó con la influencia intelectual esencial que nos empujó a llegar a la Luna”.

Edgar Allan Poe
Incluso Edgar Allan Poe en su obra Las inimitables aventuras de Hans Pfaal describe, en cierta medida, los problemas del reingreso atmosférico.

Alexandre Dumas
Alexandre Dumas en su obra Voyage à la Lune describe un singular método de llegar a la Luna utilizando la misma “repulsión de la Tierra” como medio de impulso. Algo llamativamente similar a la manera en que hoy los satélites y naves son impulsados utilizando la gravedad de los astros.