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La magia de Trithemius

Johannes TrithemiusJohannes Trithemius, abad alemán del siglo XV y erudito maestro en mil artes y saberes distintos, escribió el que es quizás uno de los libros más interesantes de la historia: la Steganographia, ya que en un tiempo en el cual todos los que escribían sobre magia pretendían escribir sobre otros temas para evitar ser perseguidos o prohibidos, Trithemius pretendió escribir sobre ocultismo para enmascarar el verdadero contenido de su obra: técnicas de cifrado tan avanzadas que incluso recién en 1998, Jim Reeds, un investigador del AT&T Labs, logró descubrir que el tercer volumen de la obra en cuestión, el cual se creía trataba en efecto solamente sobre magia y ocultismo, era en realidad una compleja serie de materiales esteganografícos que contenían aun más información sobre técnicas avanzadas de cifrado y ofuscamiento de datos -de hecho ésta disciplina de cifrado toma el nombre a partir de la obra de Trithemius.

Lo anterior no es para menos, ya que su método de cifrado polialfabético y dinámico -es decir que cada paso del proceso altera aun más la complejidad del cifrado resultante- y denominado en latín como Tabula recta, era extremadamente difícil de resolver mediante los, en ese entonces, más avanzados métodos de descarte por prueba y error, por lo que dejaba obsoletas a las ya conocidas y muy utilizadas técnicas de Cifrado de Alberti, para la cual se empleaba un disco móvil de cifrado que ayudaba a codificar un mensaje alterando el orden de los caracteres del alfabeto, y la técnica de Cifrado César, esta última denominada así ya que había sido utilizada mil quinientos años atrás por el mismo Julio César para cifrar sus mensajes y órdenes, y la cual consistía en simplemente cambiar el orden numérico de las letras del alfabeto y reescribir el mensaje de esta manera.

Si bien su obra fue concretada alrededor del año 1499, la misma no sería publicada hasta más de cien años después, en el 1609, y aun así la misma, junto a una obra posterior sobre el mismo tema, la Polygraphiae, fue incluida en el índice de libros prohibidos, el Index Librorum Prohibitorum y retirada recién a principios del siglo XX. No obstante esto no le impidió a Trithemius difundir sus conocimientos, ya que en su Cofradía Céltica, grupo de estudio y debate con otros eruditos en el cual cubrían amplia variedad de temas que iban desde la teología hasta las lenguas y las matemáticas, Trithemius apadrinó intelectualmente a decenas de estudiantes. Además de los anteriormente mencionados el abad escribiría varios libros sobre lexicografía e historia.

La obra musical que permaneció escondida a plena vista durante 550 años

Capilla de Rosslyn

Una de las maravillas arquitectónicas que más me fascinan es la capilla de Rosslyn. Construida a mediados del siglo XV en el poblado escocés de Roslin bajo ordenes del conde de Caithness, ésta capilla, cuyo arquitecto permanece en el anonimato hasta el día de hoy, ha sido el epicentro de incontables leyendas y teorías conspiratorias. Algo incluso hasta lógico si tenemos en cuenta no sólo a su particular arquitectura e intrincadas decoraciones, entre las que no faltan incontables seres grotescos y gárgolas, sino que además desde un principio se la asoció con grupos de masones y caballeros de la Orden del Temple quienes durante varios años la utilizaron como refugio.

Los pilares musicales
Si bien en la capilla encontramos todo tipo de curiosas decoraciones que van desde grabados, según se cree, relacionados con la mitología nórdica hasta infinidad de pequeños seres verdes de grotescas facciones que miran atentamente a los feligreses, lo más interesante es sin lugar a dudas el pilar musical.

Hombre verdeDurante más de medio milenio nadie supo a ciencia cierta cuál era el significado o el simbolismo iconográfico que intentaban comunicar los grabados hallados sobre éste singular pilar central y sus respectivos arcos, algo comprensible ya que los mismos no poseen ningún tipo de escritura o símbolo religioso conocido y ‘solamente’ constan de patrones irregulares formados a partir de 215 cubos ornados con peculiares figuras geométricas perfectamente definidas sobre su cara exterior y un conjunto de ángeles con instrumentos musicales que los rodean y parecen mirarlos con cuidadosa atención. Por fortuna para todos nosotros, el secreto fue finalmente develado en el año 2007 por el pianista escocés Thomas Mitchell y su hijo Stuart, siendo efectivamente más espectacular de lo que cualquiera hubiese podido imaginar, ya que se trataba de una compleja obra musical que permaneció escondida a plena vista durante más de medio milenio.

Pilar musicalTras estudiar los cubos durante años, llegaron a la conclusión de que los mismos forman 13 patrones distintos que encajan a la perfección con varios de los patrones descritos en el siglo XVIII por el músico y matemático alemán Ernst Chladni, quien empleó gran parte de su vida en el estudio de la codificación visible de ondas vibratorias y sonoras mediante la utilización de un medio mecánico, siendo, en efecto, el padre de lo que hoy en día se conoce como cimática -el estudio visible de las ondas sonoras-. Para realizar sus experimentos Chladni utilizaba placas metálicas a las cuales cubría con una fina capa perfectamente regular de sal extremadamente fina. Luego, utilizando distintos instrumentos mecánicos calibrados producía intensas frecuencias sonoras detrás de la placa, frecuencias que tras atravesar la placa perturbaban con sus vibraciones la capa de sal dejando como resultado patrones geométricos bien definidos los cuales catalogaba y anotaba pacientemente. La sorpresa sería gigantesca, no sólo los patrones geométricos formados por varios de los cubos correspondían perfectamente a varios de los patrones descritos por Chladni más de 300 años después de que la capilla fuera construida, sino que también uno de los ángeles que adornaban el pilar central en el cual se encontraban la mayoría de los ángeles con instrumentos musicales oficiaba como ‘director’ de lo obra, ya que con sus dedos señalaba tres notas que, efectivamente, eran las que indicaban el tono y el comienzo de la melodía.

Tras un laborioso trabajo padre e hijo fueron decodificando los cubos y traduciendo la obra a notación musical contemporánea. A los pocos meses y ya con las partituras completas llamaron a cuatro cantantes y a ocho músicos experimentados con los instrumentos musicales medievales tocados por los ángeles para representar la obra. Dando, nuevamente, vida a una pieza musical que permaneció alrededor de 550 años escondida a plena vista y a la cual denominarían como el Motete de Rosslyn.

En el video a continuación, subido por el mismo Stuart Mitchell a su canal de YouTube, escuchamos la representación de la obra y también podemos hallar una explicación técnica de la misma (en inglés) así como ejemplos de experimentos similares a los realizados por Chladni.

Galileo, Kepler, los anagramas y la casualidad

En el siglo XVII Galileo anunciaría una serie de descubrimientos valiéndose de crípticos anagramas para evitar que estos cayeran en las manos erradas. Este sería el principio de una serie de casualidades que llevarían a Kepler a tratar de resolverlos, fallando en todos sus intentos. Sin embargo, de manera extramadamente curiosa y casual, a pesar de haber estado errado en el contenido real de los anagramas y haber decodificado por error algo completamente diferente a lo que escribió Galileo originalmente, Kepler “descubriría” las dos lunas de Marte y la mancha de Júpiter.

Al descubrir algo que le era imposible de explicar Galileo enviaría una carta al embajador toscano en Praga en agosto de 1610 cuyo contenido se constituía de un texto muy extraño: SMAISMRMILMEPOETALEUMIBUNENUGTTAUIRAS. Su destinatario, al leer el mensaje, quedó perplejo ante la extrañes del mismo. Razón suficiente por la que lo enviaría a una persona cuya genialidad y fama de decodificador eran mundiales, ni mas ni menos que Kepler.

Al recibir el mensaje Kepler inmediatamente descubrió una secuencia en latín a la que, debida su pobre gramática, denominaría “un bárbaro verso latino”. Este decía: Salve umbistineum geminatum Martia proles -Salve, ardientes gemelos hijos de Marte-. Al instante, y más aun ya que estaba en acordancia con sus ideas geométricas del universo, Kepler creyó que Galileo había descubierto dos satélites marcianos. Infortunadamente esa no era la solución del mensaje, pero en una gran casualidad de la historia la interpretación de Kepler no estaba errada… ya que siglos después se descubrirían Deimos y Fobos.

Viendo que el mensaje permanecía volando por el éter sin solución Galileo unos meses después decide revelarle el contenido al Emperador Rodolfo. Este era: Altissimum planetam tergeminum observavi -He observador el planeta más alto en triple forma-. Anunciando de esta manera el descubrimiento de los anillos de Júpiter.

El otro anagrama, Kepler vuelve a estar correctamente errado
Pasado unos meses Galileo envía otro anagrama, esta vez a Julián de Médicis, con el texto: Haec immatura a me jam frustra legunturoy. Kepler, decidido a resolverlo por una cuestión de honor, tras un tiempo piensa haber descubierto el siguiente mensaje: Macula rufa in Jove est gyratur mathem, etc -en Júpiter hay una mancha roja que gira matemáticamente-. Otra vez Kepler vuelve a estar errado en la resolución del mensaje… sin embargo dos siglos después se descubriría que de hecho Júpiter posee una gran mancha roja giratoria.

Al no ser resuelto Galileo revela el contenido real del mensaje: Cynthiae figuras aemulatur mater amorum -La madre del amor emula la forma de Cynthia-. Galileo anunciaba con este mensaje haber observado que Venus presentaba fases como la Luna, confirmado de esta manera que dicho planeta gira alrededor del Sol.