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Koyosegi, los asombrosos rompecabezas mecánicos de madera japoneses

Los koyosegi son la mezcla perfecta entre el arte y la ingeniería. Éstas cajas, que pueden ser tanto rompecabezas mecánicos como combinaciones y series de trabas, obtienen parte de su nombre del yosegui, una antigua técnica de carpintería en la cual se unen distintos tipos de madera para formar patrones de formas y colores. Luego, mediante la utilización de garlopas, se extraen finas capas de cada patrón creando así delgadas láminas de madera decorativa que se utilizan para cubrir cajas u otros adornos.

Los mecanismos llenan la mayor parte del volumen interior de las cajas, y sólo tras descubrir la manera de accionar casa uno se podrá ir accediendo de manera secuencial a los niveles más altos. Generalmente el objetivo de éstas cajas radica en ir resolviendo los rompecabezas hasta llegar a un compartimiento final, el cual puede contener una sorpresa o un premio.

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El piercing en la antigüedad

Egipto
En Egipto se utilizaban aros y pendientes desde la más temprana época. Sin embargo, algunos lugares del cuerpo estaban restringidos a cierto status social. Por ejemplo el ombligo solo podía ser perforado si se era un faraón, y quien se atreviese a perforarlo sin serlo era inmediatamente ejecutado.

Roma

Los centuriones
Los Centuriones solían perforarse las tetillas y colocarse pequeños aros. Esto era considerado un símbolo de virilidad y hombría. Varios personajes importantes de la historia romana, como por ejemplo Julio César, parecen haber poseido estas decoraciones.

Los gladiadores
Los gladiadores solían perforar la cabeza de su pene y colocar un pequeño aro en dicha perforación. Esto permitía que el pene fuera sujetado fuertemente y no se sufrieran accidentes en las luchas gladiatoriales.

Los marineros y piratas
Hoy en día está popularizada la imagen del marinero antiguo o del pirata llevando un gran aro de oro, generalmente, en su oreja derecha. Esto no tenía nada que ver con la “moda” de la época ni nada por el estilo sino que hacía motivo a una antigua costumbre. La tradición indicaba que todo el que encontrara el cadáver de un hombre de mar podría quedarse con el aro de oro sólo si le daba sepultura Cristiana al cuerpo hallado. De lo contrario, si la persona se quedaba con el aro sin haber enterrado el cuerpo, el espíritu del infortunado navegante lo atormentaría por el resto de su vida.

Un reloj muy particular

Me gustan los inventos extraños, y éste se lleva todos los laureles. Un militar llamado Grollier de Sevriere (1595-1686) desarrolló un hobby muy particular al jubilarse. Dicho pasatiempo consistía en diseñar y eventualmente construir todo tipo de intrincados y realmente extraños relojes. Una de sus creaciones más raras y llamativas fue el Reloj de la Tortuga Marina. Su funcionamiento es extraño y, particularmente, para los espectadores de su época, absolutamente mágico. En el dispositivo podemos observar una pequeña tortuga metálica que, sorprendentemente, cuando el plato es llenado con agua nada apuntando con su cabeza hacia la hora correcta. Lamentablemente el reloj de Sevriere no tiene nada de magia pero si de ingenio y practicidad. Un sistema de imanes que giran gracias a un juego de engranajes se ubican en la hora correcta provocando así que la tortuga “sepa” qué hora es.

La versión original consistía en una tortuga de metal cubierta de un caparazón real, por lo que era normal confundirla con una real. Sevriere utilizaría su reloj en fiestas y reuniones para hacer creer a sus invitados que poseía una tortuga amaestrada para saber la hora.