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El ‘boicot’ que dio origen a la Capilla Sixtina

El techo de la capilla SixtinaA principios del siglo XVI un joven escultor y arquitecto llamado Miguel Ángel cuyo nombre comenzaba a estar en boca de todos, era al mismo tiempo envidiado al punto de que varios de sus colegas comenzaban a verlo con el mismo grado de rencor y admiración.

Razón por la cual, y ciertamente no con la intención de destruir su carrera sino que más bien la de bajarlo a Tierra, Rafael, quien no necesita introducción, y el famoso arquitecto Donato Bramante, quién diera vida, entre otras grandes obras, a la Capilla Sixtina en si misma, convencieron al Papa Julio II para que comisionase a Miguel Ángel con la monumental obra de decorar y pintar el interior de la capilla. Miguel Ángel, quien era principalmente un escultor y no se consideraba a si mismo como un gran pintor, se opuso vehementemente en un principio. Pero presionado ante la figura del Papa terminaría aceptando. La intención de Rafael y Bramante era clara, abrumar al joven artista con una épica obra de tanta dimensión que Miguel Ángel termina dándose por vencido y así manchar su nombre.

Una tenacidad inacabable
Pero lo esperado por los rivales de Miguel Ángel, por fortuna, no ocurrió, y el famoso escultor, ahora en su rol de pintor, emplearía cuatro años de su vida creando una de las obras artísticas más bellas y reconocibles de la historia, todo un tesoro cultural. Tanta era su dedicación que incluso llegó a poner en riesgo su propia salud, ya que Miguel Ángel pintó el techo de la capilla con tanta tenacidad que llegó a dañar su espalda a causa de la incomoda posición que requería esta tarea. Razón por la cual, tras sufrir fuertes y hasta insoportables dolores, creó un sistema de andamiajes que le permitieron recostarse y pintar a la vez, ya que quedaba a escasos centímetros del techo.

Rafael y Bramante volverían a las andanzas
La Escuela de AtenasComo buen perfeccionista no permitió a nadie observar su obra a medio finalizar, ya bastante le molestaba que el Papa visitara la capilla regularmente y se pusiera a darle consejos sobre ciertos aspectos de la obra. Pero esta molestia no sería nada comparada con el odio y rencor que le causara el enterarse que Bramante, utilizando su conocimiento de la estructura, y tras pedirle permiso al Papa en persona, ingresara a Rafael en la misma, quien tras estudiar detenidamente los frescos a medio terminar llegó a quedar tan asombrado y maravillado que, al volver a la obra en la que se encontraba trabajando, la famosa Escuela de Atenas en la Stanza della Segnatura, dio tributo a Miguel Ángel incluyéndolo como pieza central en la obra. En la imagen de la derecha podemos ver la obra en cuestión, siendo Miguel Ángel el hombre sentado que sostiene su cabeza con su puño mientras toma notas.

Al día de hoy todavía se discute si a partir de esta visita, además, Rafael tomaría ‘prestados’ aspectos y la pose del Isaías de Miguel Ángel para su propia versión de Isaías en la iglesia de San Agostino.

A diferencia del carismático Rafael, Miguel Ángel no poseía una personalidad encantadora, todo lo contrario, razón por la cual contaba con pocos amigos y mecenas. Es muy interesante por esto mismo la biografía del famoso artista realizada por uno de sus discípulos, Ascanio Condivi, quien presenciara en directo las excentricidades y berrinches del consagrado pintor.

La tajada de sandía que desató una invasión estadounidense a Panamá

El “incidente de la tajada de sandía” es quizás una de las causas más ridículas de la historia por las cuales un país invadió a otro. El incidente tuvo lugar un 15 de abril de 1856 cuando un hombre Ciudad de Panamáestadounidense llamado Jack Olivier saliera a caminar con sus amigos tras una fuerte noche de juerga. Totalmente alcoholizado y con una actitud prepotente tomó una tajada de sandía del puesto de José Manuel Luna, un vendedor local. Tras ver esto, el comerciante le pidió los 5 centavos que costaba la tajada, a lo que Jack Olivier respondió con un insulto. Esto generaría un gran alboroto, ya que Olivier y sus amigos desenfundarían una pistola y un cuchillo. Pero en vez de intimidarse, la población local, que albergaba gran resentimiento debido a los problemas económicos que le Ferrocarril de Panamá le había traído a los comerciantes y campesinos locales de la ciudad de Panamá -que en ese entonces era parte de la República de Nueva Granada- se apresuró a defender al puestero. No obstante, y si bien esto no tendría que haber ido más halla de una pequeña gresca, todo estaba por pasar a un nuevo nivel cuando justo en ese instante llegaba a la estación ferroviaria del istmo de Panamá un tren proveniente de la ciudad de Colón con aproximadamente mil estadounidenses. Quienes por supuesto salieron en defensa de Olivier y sus amigos. Prontamente la trifulca se convertiría en una batalla campal de disparos y piedras.

Superados en número los estadounidenses se parapetarían en la estación de ferrocarril, y los panameños, enfurecidos, los seguirían incendiando todos los lugares donde se guarecían. Pero prontamente esto dejaría de ser una pelea entre civiles, ya que se terminaron involucrando la gendarmería panameña, que se unió con los granadinos, y un pequeño destacamento militar de los Estados Unidos con base en la región que se unió a sus compatriotas. Debido a lo bien armados que estaban ambos bandos -los estadounidenses incluso contaban con un cañón liviano- el conflicto duraría tres días. Período en el cual los disturbios se harían generales llevando a que se incendiaran las casas de estadounidenses no sólo en esa ciudad sino que también en Colón a unos 92 kilómetros. Como resultado quedarían 18 muertos y 28 heridos entre ambos bandos.

Watermelon WarTras una fuerte mediación de les daría a los estadounidenses un salvoconducto para retirarse pacíficamente. Estos así lo hicieron y prontamente se dio inicio a una fuerte serie de problemas internacionales. Si bien ambos gobiernos se echaban culpas mutuamente, esto daría a Estados Unidos la oportunidad que estaban buscando. Dos meses más tarde el comisionado estadounidense Amos Corwine sugeriría que una invasión al istmo de Nueva Granada, ya que, según sus palabras, el gobierno granadino era incapaz de proteger los intereses estadounidenses en la región. Por lo que, y sin tardar mucho, en septiembre de ese año una fuerza invasora tomaría control de la estación de ferrocarril. La invasión duraría poco, sólo tres días, ya que las autoridades locales accederían a una mediación.

Un año más tarde se firmaría el Tratado Herrán-Cass, donde Nueva Granada debió declararse como culpable, pagarle 412 mil dólares estadounidenses en oro a Estados Unidos -una inmensa fortuna para esa época y un país tan pobre- y ceder el control de varias islas costeras para que Estados Unidos pudiera instalar bases navales. Conjuntamente a esto, Estados Unidos citó el artículo 35 del Tratado Mallarino-Bidlack, por lo que Nueva Granada debió, de allí en más, permitir la intervención militar estadounidense en la región. Intervenciones que se extenderían incluso hasta el siglo XX.

Gracias Totó por el dato 🙂