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El tanque de guerra que resistió una explosión nuclear de 9,1kt y luego fue enviado a Vietnam

A principios de la década del 50 las pruebas nucleares tenían dos objetivos: estudiar el efecto de las explosiones en el equipamiento y vehículos militares, y lograr reducir el tamaños de los dispositivos nucleares. Para el primer objetivo lo común era organizar grupos de distintos vehículos, estructuras y fortificaciones ubicadas a distancias varias del punto central y luego estudiar tanto los niveles de contaminación como los de destrucción.

Es así que en agosto de 1953 durante la Operación Tótem 1 en el sur de Australia el Ejército Británico detonó dos dispositivos nucleares a 450 metros de distancia de distintos tipos de vehículos y equipos militares. El objetivo de la operación era estudiar el nivel de destrucción sobre los mismos, más precisamente el efecto sobre un grupo de vehículos avanzando hacia una posición y la subsecuente detonación de un dispositivo nuclear unos pocos metros más adelante antes de llegar a la misma. Por dicha razón todos los vehículos se dejaron con sus motores encendidos y sus partes frontales enfrentando hacia el epicentro de la explosión, mientras que su armamento y compartimientos de municiones y proyectiles estaban completamente cargados. Luego de que la primer explosión tuviese lugar, la cual tuvo un poder de 9,1 kt, todos esperaban encontrarse con un nivel total de destrucción; pero algo sorprendente tuvo lugar ese día, y si bien la mayoría de los equipos quedaron en efecto completamente destruidos, uno de los vehículos utilizados para la prueba, un tanque de guerra Mk 3 Centurion Type K denominado como tanque 169041, sufrió solamente daños externos pero a su vez quedando completamente funcional.

(Antes y después de la explosión. Vemos que todo lo que rodeaba al tanque fue vaporizado, y la misma incluso modificó el terreno. Su número de serie, 169041, incluso retenía la pintura.)

Todas las antenas fueron arrancadas o simplemente derretidas, las luces y periscopios completamente destruidos y los paneles que servían como la coraza lateral del tanque fueron arrancados de manera violenta y expulsados a cientos de metros. El vehículo se encontraba a más de un metro y medio de su posición original, lo que quiere decir que a pesar de ser un mastodonte de 52 toneladas la explosión fue tan espectacular que logró empujarlo sin problemas. En un principio los ingenieros creyeron que el daño sufrido por el mismo había sido total e irrecuperable, ya que partes de su exterior se encontraban derretidas, carbonizadas o arrancadas y el tanque, el cual había sido dejado en marcha como todos los otros vehículos utilizados en el prueba, no emitía ningún ruido de motor. Sin embargo, y para sorpresa de todos, pronto uno de los ingenieros se dio cuenta que quizás el motor no estaba averiado; sino que simplemente si se consideraba el tiempo que transcurrió desde la explosión hasta que los especialistas comenzaron a estudiar la zona el tanque simplemente se había quedado sin combustible. Si bien la anterior parece una observación básica, debemos considerar que ninguno de ellos consideró que alguno de los vehículos iba a quedar con su interior relativamente intacto a pesar del daño externo. Así fue que tras agregarle combustible y activar el sistema de encendido el motor comenzó a rugir y el tanque podía ser comandado normalmente. En efecto, el tanque se encontraba relativamente en tan buenas condiciones que no necesitaron remolcarlo, y tres soldados se encargaron de comandar el tanque y llevarlo a través de cientos de kilómetros por el desierto australiano hacia el centro de operaciones en Woomera, el altamente secreto Long Range Weapons Establishment, desde donde se coordinaban y controlaban tanto las pruebas nucleares como otras pruebas secretas de la RAF. Si bien el tanque realizó la mayoría del viaje por sus propios medios 50 kilómetros antes de arribar a la base su motor se rindió y debieron remolcarlo con un remolque M9.

Si bien todos los vehículos de la primer prueba iban a ser utilizados en la segunda prueba para estudiar el efecto de explosiones múltiples, se decidió extraer a 169041, el cual ahora se había ganado el apodo de “El tanque atómico” y estudiarlo en profundidad. Tras varios meses en estudio el mismo fue reparado, pintado y sus antenas y periscopios reemplazados. También decidieron reemplazar el motor o planta de poder del mismo, el cual se encontraba en muy malas condiciones. Curiosamente no por la explosión nuclear en si misma, sino que las averías se debieron al viaje de cientos de kilómetros por el desierto, en el cual incluso el tanque debió arrastrar un remolque con piezas de otros vehículos.

Seis años más tarde el Tanque Atómico fue enviado a Vietnam junto a la RAAC, y utilizado en combate en múltiples instancias. Durante uno de estos enfrentamientos el tanque fue impactado por una granada propulsada por cohete, la cual ingresó a través del flanco izquierdo del vehículo causando gran daño en los sistemas inferiores. No obstante, si bien el daño fue considerable, el tanque permaneció perfectamente funcional, lo que permitió a dos de los tripulantes seguir comandando el vehículo y peleando con su enemigos mientras se dirigían hacia un punto de evacuación con el fin de darle atención médica a un tercer tripulante que quedó gravemente herido. Tras la batalla, los tres tripulantes sobrevivieron.

Hoy en día el tanque es una pieza de museo en la base Robertson Barracks del Ejército Australiano.

Operación British Bang, el día que el ejército británico intentó desaparecer una isla

HeligolandSu nombre parte de un juego de palabras con el Big Bang y fue una de las mega explosiones con los motivos y justificaciones más extraños de la historia, ya que tuvo lugar tras que en 1947 un grupo de ingenieros militares británicos intentara hacer desaparecer una isla llenándola de explosivos y provocando su destrucción.

La isla en cuestión era Heligoland, formación utilizada por los alemanes durante la Segunda Guerra básicamente como un fuerte flotante, plagada de búnkers, depósitos de explosivos y baterías anti-aéreas que le complicaron la vida a la RAF inmensamente y sirvió como una perfecta base de operaciones navales. En caso de un conflicto futuro, era obvio para los estrategas del Reino Unido que la isla podía ser un problema si era recapturada.

HeligolandLa Marina Británica dio como motivo el “destruir las toneladas de explosivos abandonados en la isla” pero la verdadera razón fue negar a los alemanes ese punto estratégico en un futuro, y probar cómo toneladas de explosivos podían alterar y hasta desaparecer formaciones naturales, de hecho, entre los cálculos manejados en un principio se creía que se podía llegar a eliminar como mínimo la parte expuesta de la isla.

6.700 toneladas de explosivos fueron empleados y detonados, y si bien en un principio, como ya hemos mencionado, creyeron que sería suficiente para hacer desaparecer la isla, la explosión sólo logró alterar permanentemente la forma y base de la formación.

Los peores accidentes con explosivos de la historia

La Explosión de Halifax
Explosión de HalifaxEn el primer lugar nos encontramos con la Explosión de Halifax, considerada por muchos como la explosión no nuclear más poderosa ocurrida la cual, según se estima, liberó unos 2.9 kilotones de energía -aproximadamente un 14% del poder de la bomba de Hiroshima-. Todo ocurrió un 6 de Diciembre del año 1917 cuando en el puerto de Halifax, ubicado en Nova Scotia, un carguero que transportaba 2,653 toneladas de explosivos colisionó contra un buque por causa de un error humano. El choque rápidamente se convirtió en un voraz incendio que fue consumiendo los compartimientos del barco mucho más rápido de lo que los marinos podían combatirlo. Eventualmente llegó a la bodega y ocurrió lo inevitable. Casi 2 mil personas perecerían tras la explosión y la zona costera de Halifax quedaría completamente arrasada, no solo por la explosión inicial sino que las llamas posteriores incendiarían gran parte de la ciudad.

Explosión de Halifax

La explosión de Oppau
Este evento fue uno de los accidentes más espeluznantes de la historia, no solo por haber causado la muerte de aproximadamente 600 personas, sino que además borró del mapa a un pueblo entero y provocó grandes destrozos en un radio de 30 kms. La explosión ocurrió el 21 de Septiembre de 1921 en el pueblo alemán de Oppau cuando un silo con unas 4.500 toneladas de fertilizante explotó arrasando al pueblo entero.

Planta de Oppau

British Bang
Su nombre parte de un juego de palabras con Big Bang y fue una de las explosiones más extrañas y bizarras jamás ocurridas, ya que tuvo lugar tras que un grupo de ingenieros británicos intentara hacer desaparecer una isla llenándola de explosivos y provocando su hundimiento. La isla estaba plagada de fortificaciones construidas en la Segunda Guerra y, matando dos pájaros de un tiro, los ingenieros decidieron simultáneamente deshacerse de 7 mil toneladas de explosivos sobrantes. Si bien nunca pudieron hundir la isla a causa de varios errores de cálculo si lograron arrasar toda su superficie.

La Batalla de Messines
Batalla de MessinasEn pleno fulgor de la Primer Guerra, más exactamente un 7 de Junio de 1917, el ejército británico secretamente construyó y desplegó 20 minas gigantes en la región de Messines-Wytschaete. Un error llevó a que las minas detonaran en cadena dejando un resultado macabro: en cuestión de segundos más de 10 mil soldados y civiles alemanes habían perdido sus vidas a causa de la gigantesca explosión y la zona había quedado completamente destruida. El ruido pudo escucharse en extremos tan remotos como Dublín y Estocolmo y fragmentos de roca cayeron a varias decenas de kilómetros del lugar de la explosión. Los periódicos británicos titularon la noticia como “La victoria ‘terremoto’ de Messines”.

RAF Fauld Explosion
En Noviembre 27 de 1944 ocurrió una de las explosiones más enigmáticas y secretas de la historia -cuyas atribuciones varian desde cohetes V2 alemanes hasta sabotaje de espías-. Esta tuvo lugar en una base subterránea secreta de la RAF, en la que se experimentaba con explosivos, y donde afortunadamente sólo perdieron la vida menos de un centenar de personas a causa de lo profundo y fortificada que se encontraba dicha instalación. Sin embargo, la explosión fue tal que dejó un cráter de 100 metros de profundidad y medio kilómetro de ancho. Hoy en día es recordada en el Museo Imperial como “The RAF Fauld Explosion”.