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Propaganda de antaño II – La primer propaganda política de la historia

BehistunComo supo decir un emperador hace muchos siglos “La República Romana fue un sueño demasiado bueno como para ser cierto”. Los romanos fueron los fundadores de la propaganda política, su ilustración y sagacidad los puso más allá de sus contrincantes y en cuestión de siglos estos desarrollaron métodos propagandísticos que no tienen nada que envidiarle a los actuales. Julio César “creó” el primer periódico de la historia, que además era oficialista; Augusto prácticamente fue el padre del Populismo estatal y Adriano, con sus monumentos y escritos omnipresentes que exponían a los romanos como si poseyeran un conjunto de virtudes únicas que los hacía trascender del resto del mundo sin importar la geografía, el primer nacionalista. Incluso la magnífica obra de Tito Livio, Ab Urbe Condita -De la Fundación de la Ciudad- es hoy en día considerada como, en parte, un intento de enaltecer a la Roma Republicana. No obstante, la mayor cantidad de propaganda romana se haya en sus descripciones de los enemigos, especialmente los escritos de César sobre los Germanos.

Así mismo, la que hoy se considera como la primer pieza de propaganda formal de la historia, es una escritura de unos 2522 años, la Inscripción de Behistun, la cual ayudó a Dario I a hacerse con el trono de Persia. La misma, de unos 15 metros de alto por 25 de anchos y colocada sobre una montaña a 100 metros de altura, requirió de un trabajo monumental, incluso se removió parte de la montaña para hacerla más visible. En la misma, junto a un texto tanto en Elamita como Babilonio, se lo muestra a Dario I triunfante sobre su rival al trono, Gaumata, mientras que la deidad Faravahar lo bendice desde las alturas. Mientras que una larga hilera de esclavos, representando las conquistas militares de Dario, caminan mañatados hacia este.

Nota de interés: La inscripción se encuentra en Irán, más específicamente en la provincia de Kermanshah que es frontera con Irak, y está cerca de una de las supuestas rutas de “contrabando de armas” que Estados Unidos e Israel adjudican a los iraníes. Ruta que por cierto ya amenazaron con bombardear en reiteradas oportunidades. Algo que sería catastrófico ya que en la zona se encuentran otras reliquias milenarias como el Hércules de la Montaña y el Templo de Taq-e Bostan.

Con el humo en la cabeza

Algo muy sabido de los romanos es la pompa y despilfarro que los caracterizaba. Pero no siempre fue así, los primeros romanos fueron históricamente de personalidad estoica y humilde, cuyos lujos mayores llegaban a ser tan modestos como poseer unos cuantos cerdos y disfrutar de algunas verduras hervidas aderezadas con aceite de oliva como el mayor de los manjares. Gradualmente, y con el crecer de la República, éstos fueron no sólo ganando poder y riquezas sino que la clase patricia se convirtió en pomposa y extravagante. Vemos las diferencias entre los velorios griegos y los romanos: unos austeros y tristes; los otros pomposos y parafernarios, colmados de festines y juegos gladiatoriales en honor al o la difunta.

Estos cambios se dieron relativamente rápido. Observamos a los Escpiones, salvadores de Roma que vencieron al poderoso Anibal en Zama, y logramos ver hombres austeros que vivían prácticamente como soldados. Bastarían solo un par de generaciones luego de estos acontecimientos para ya ver a Cornelia Escipiona viviendo como toda una cortesana y organizando banquetes y reuniones donde la austeridad era lo único que faltaba en la mesa. Estos rápidos cambios en un reino que violentamente se convertía en una República y una República que aún más violentamente se convertía en un Imperio llevaron a que consecuentemente Roma cambiara en todos sus aspectos. Los ciudadanos de la vieja orden, los descendientes de ésos patricios o padres de la patria, veían como infinidades de plebeyos, o aqueellos que no descendían de los fundadores de Roma, cada día llegaban a los territorios romanos y se asentaban en los mismos permanentemente. Incluso en algunos casos convirtiéndose en ricos mercaderes o renombrados Senadores. Los patricios, quienes lógicamente no disfrutaban mucho de esto, fueron tomando como costumbre el pasearse cargando los bustos de sus antepasados en los diferentes desfiles y procesiones que eran tan comunes en Roma; demostrando así la antigüedad y legado de su familia.

Lo realmente curioso llega cuando vemos que estos bustos eran colocados en balcones o terrazas, para así mostrar a todo el mundo el caudal de antepasados que la familia poseía. Al estar a la intemperie estas figuras eran atacadas por el polvo y el hollín de las fogatas y hornos, tiñendo inevitablemente de un color negruzco las caras talladas de los ancestros. Esta suciedad no era motivo de vergüenza para los romanos, todo lo contrario, mostraba la antigüedad del busto y consecuentemente esto era señal de lo larga y ancestral que era la familia de por si. Es por esta razón que hoy en día la frase popular “Se le subió el humo a la cabeza” representa soberbia y conmemora, aunque en la gran mayoría de los casos se dice sin saber el por qué, a esta costumbre Romana de cargar los bustos de los antepasados, y preferentemente los manchados con hollín, para demostrar publicamente la antigüedad de su linea familiar.

Lamentablemente los temores de Octavio de una Roma que dejase de ser Roma a causa de la constante llegada de tantos “no romanos” más preocupados en la riqueza que en Roma misma terminaron cumpliéndose, y para el siglo quinto vemos un ejército “Romano” totalmente germanico más preocupado por el botín que por la defensa misma de la Urbe; y un Senado “Romano” donde ser un romano sería una rareza. Como diría el gran historiador Indro Montanelli: “La caída de Roma no fue una caída, fue un simple cambio de guardia entre bárbaros”. No obstante, y afortunadamente, sin duda alguna el legado cultural Romano quedó vivo en nuestros días y eso lo comprobamos en el día a día. En nuestras frases, en nuestros dichos y lenguas aun queda viva la llama de la cultura Romana.

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