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Un reloj muy particular

Me gustan los inventos extraños, y éste se lleva todos los laureles. Un militar llamado Grollier de Sevriere (1595-1686) desarrolló un hobby muy particular al jubilarse. Dicho pasatiempo consistía en diseñar y eventualmente construir todo tipo de intrincados y realmente extraños relojes. Una de sus creaciones más raras y llamativas fue el Reloj de la Tortuga Marina. Su funcionamiento es extraño y, particularmente, para los espectadores de su época, absolutamente mágico. En el dispositivo podemos observar una pequeña tortuga metálica que, sorprendentemente, cuando el plato es llenado con agua nada apuntando con su cabeza hacia la hora correcta. Lamentablemente el reloj de Sevriere no tiene nada de magia pero si de ingenio y practicidad. Un sistema de imanes que giran gracias a un juego de engranajes se ubican en la hora correcta provocando así que la tortuga “sepa” qué hora es.

La versión original consistía en una tortuga de metal cubierta de un caparazón real, por lo que era normal confundirla con una real. Sevriere utilizaría su reloj en fiestas y reuniones para hacer creer a sus invitados que poseía una tortuga amaestrada para saber la hora.

El Jardin Inmortal

Marc Quinn es un artista y amante de las flores Británico cuya obra más original e interesante es “Garden” . Este genial proyecto consta nada más y nada menos que de mil flores mantenidas perpetuamente en flor, valga la redundancia. Para lograr esto se vale de 25 toneladas de silicona líquida a un temperatura de -80ºC. Dichas condiciones del medio logran que la flor se mantenga eternamente conservada, de alguna manera congeladas, pero sin estar solidificadas.

Podría yo mismo tratar de describir que es lo genial de esta obra, pero Quinn lo hace mejor qué nadie: “Quería hacer un ambiente hermoso, pero allí -refiriéndose al Jardín inmortal- existe algo siniestro acerca de una belleza que nunca decae. Como en El Retrato de Dorian Gray, implica que otro lado es el que decae, y ese lado es el espectador”. La intención del proyecto es que las flores de la exposición se mantengan perpetuamente aunque incluso no estén en exposición.

Las granadas Medievales

En el imaginario popular habita la creencia que las granadas son exclusividad de los campos de batalla modernos, sin embargo no hay nada más alejado de la realidad. Las granadas, y refiriéndonos a las explosivas, ya que de lo contrario deberíamos remontarnos hasta la prehistoria, comenzaron a ser utilizadas hace más de 2000 años por los chinos. Curiosamente esta tecnología sería perfeccionada y, caravanas mediante, llegaría a Medio Oriente donde sería adoptada por las tropas del legendario Salah al-Din, mejor conocido por su nombre latinizado de Saladino en el siglo XII. Si bien se sospecha que fueron utilizadas con anterioridad, es bajo el mando de éste líder militar, más exactamente en el famoso asedio a Jerusalem, que luego llevaría a una de las batallas más sangrientas de la historia, que existe el primer registro escrito de la utilización de una granada, aunque no llamadas por este nombre ya que la denominación de “Granada” aparentemente es utilizada por primera vez en 1688, no obstante los Cruzados las llamarían simplemente “Pelotas explosivas.

Su construcción sería básica y extremadamente peligrosa de cargar: El exterior estaba constituido por diversos materiales, siendo la cerámica el mayoritariamente preferido, sin embargo también odian ser armadas con papel seco y versiones primitivas del vidrio. Lo interesante llega cuando vemos su interior, ya que diversos experimentos y pruebas eran llevados a cabo por los armeros y alquimistas para lograr mejores resultados. En mayor medida se utilizaba pólvora primitiva extremadamente inestable mezclada con una diversidad de aceites y combustibles, de aquí la peligrosidad de cargarla. No era raro que se le adicionaran pequeños clavos de metal, dándoles así un explosivo de tipo fragmentario.

Si bien se cree que la palabra granada comienza a ser utilizada, masivamente, en el siglo XVII, muchos historiadores comentan que fue utilizada con anterioridad por los cruzados. Los árabes denominaban a estos artefactos explosivos como: rummân; mientras que los cruzados, viendo una gran similitud con la fruta del Punica Granatum, o árbol de granada, comenzaron a llamar a éstas “bolas explosivas” como “granadas”. De hecho, se cree pero no ha sido confirmado, que no era extraño que se pusieran granos de pólvora dentro de la envoltura seca de una fruta de granada.

Es bueno aclarar varios puntos al respecto. No todo esto puede ser cierto, ya que la historia a veces suele ser engañosa: Si se sabe con seguridad que las granadas, al menos parecidas a las que nosotros llamamos granadas, comienzan ser utilizadas por los árabes durante las Cruzadas, incluso un poco antes pero no es seguro; es muy probable que los cruzados las llamaran granadas, aunque el primer registro escrito data del siglo XVII durante la famosa “Revolución Gloriosa”; si es seguro como las construían y que contenían, ya que, y como podemos ver en las imágenes, afortunadamente sobrevivieron varias granadas del siglo XII.

El triunfo y las ovaciones a los generales romanos

Hoy en día todo el mundo sentiría un pleno orgullo al recibir una ovación, de hecho, e irónicamente como ya veremos, decir que algo: “fue ovacionado” es sinónimo a decir que algo fue amplia y gloriosamente recibido. Curiosamente esto es producto de una degeneración conceptual a lo largo de la historia, ya que para un general Romano recibir una ovación no era exactamente algo como para sentirse muy orgulloso que digamos. Cuando un general triunfaba en campaña y lograba eliminar a 5000 o más enemigos éste, al volver a Roma, recibiría un Triunfo monumental. La ciudad se vestiría de fiesta, carrozas desfilarían y columnas y columnas de hombres y mujeres irían a vitorear al general triunfante. Sin embargo si el general, cónsul, pretor o quien quiera que fuese el que hubiera comandado las tropas no hubiere llegado a matar 5000 mil o más enemigos, incluso si así fueran unos 4999, en honor a éste solo se realizaría una modesta ceremonia y se sacrificaría una oveja en su honor. Algo con lo que todos podemos estar de acuerdo que resultaba mucho menos grato y deseable por los generales. Oveja en latín, y no casualmente, se denominaba ovis. Como podemos ver ser “ovacionado“, palabra en Español que desciende de la latina ovatio que su vez proviene de ovis, no era un motivo de tanto orgullo para los romanos como lo puede ser para nosotros el día de hoy.

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Cirugía plástica medieval

De Curtorum Chirurgia per Insitionem de Gasparo Tagliacozzi (Venecia 1597) es uno de los más sorprendentes y asombrosos tratados de cirugía y terapéutica Medievales. Es común asociar el medioevo con el oscurantismo, no obstante, en el mismo podemos ver técnicas de grafting muy avanzadas y extensión de tejidos por medio de trasplantes de piel y asociación de tejidos mediante cirugía. Vemos también técnicas de autoplastia, o mejor dicho, un autotrasplante cutáneo extremo, en los cuales, ante la pérdida de tejido se unían las partes heridas con tejido sano para así fomentar el crecimiento de la piel en las áreas dañadas.

De Curtorum Chirurgia per InsitionemTagliacozzi nos describe un método para lograr que el tejido perdido de la nariz, sea por causa de la batalla o la mordedura de un perro sea suplantado gracias a un autotrasplante muy singular. El método consistía en utilizar un sistema de arneses que asegurarían parte del brazo a permanecer inmóvil durante meses pegado a la nariz. Así la lenta y tediosa regeneración de los tejidos haría que una suave capa de “piel” creciera al rededor del tejido perdido. Esto como es de esperar llevaba su tiempo y no podía ser interrumpido, por lo que el paciente debía permanecer en una posición extremadamente incomoda durante semanas y hasta meses.

El resultado del procedimiento ciertamente no daba como resultado una nariz perfectamente reformada, pero ciertamente lograba cerrar el hueco nasal producto del accidente con un parche de piel.

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Die Nibelungs – (pelicula de una de las mejores Sagas medievales)

ue gran película, realmente tiene todos los elementos de la fantasía medieval, y no es de extrañar, ya que justamente está hecha a partir de una de las Sagas Medievales que fueron prácticamente las que inventaron o crearon el género basándose en las creencias populares de la época. Ya les hablé un par de veces sobre las diferentes fuentes que Tolkien utilizó como referencia e inspiración para escribir El Señor de Los Anillos, su obra máxima. En el artículo de hace unos días les comenta sobre las guerreras vikingas, las Skjoldmø,y como éstas fueron representadas a lo largo de los siglos en la literatura Nórdica en la figura de las Valkirias. De hecho, Tolkien tomó varios aspectos de éstas Valkirias para construir el personaje de Éowyn. El artículo terminaba, estando muy decepcionado por la mediocridad argumental de Hollywood, con el siguiente descargo:

Y como conclusión una queja. No dejó de preguntarme como es posible que Hollywood siga haciendo esas basuras inmirables de historias patéticas y predecibles cuando existen obras magistrales como éstas Sagas durmiendo sin que nadie las toque. Es increíble solo pensar que se hagan remakes de películas mediocres y a nadie se le ocurra hacer una película de las Eddas, o de cualquier otra de las Sagas.

Die Nibelungs

A todo esto Anne viene hace unos días con un par de DVDs, los cuales tira a un costado mío, haciéndose la mala, y me dice, pero en Inglés su idioma natal, la sabia frase: “Antes de lloriquear hay que investigar”. Cuando vi de que trataban los DVDs no lo pude creer, una película de: Nibelungenlied!!!, mejor aun: no hecha por Hollywood!!!, y todavía mejor: No solo es la historia de los Nibelungs, sino que también combina aspectos de la Volsunga Saga y de las Eddas. En ésta super producción anglo germana no encontrarán nada que se le pueda envidiar a Hollywood en lo que a efectos especiales y calidad de imagen se refiere. Pero si encontrarán algo que Hollywood le puede envidiar a ésta: Una gran y atrapante historia!. Van a poder ver todos los elementos clásicos de las épicas mediavales: Dragones, Dioses vengativos, espadas encantadas, tesoros maldecidos, Reyes desterrados, etc. Sin embargo si es que se están preguntando cúanto se habrá inspirado Tolkien de ésta saga en particular, bueno realmente mucho. No solo es que gran parte de la historia se basa en un anillo maldecido, sino que también verán elementos como el heroe luchando entre dos amores (Aragorn con Arwen y Éowyn); un gran peligro que se levanta sobre la Tierra luego de haber estado dormido durante siglos, etcetc.

De qué trata la historia, todo empieza con un castillo sitiado y un niño levantándose de su sueño en pleno combate. Rescatado por su madre, la Reina, ve morir a su padre, el Rey, en batalla. La suerte parece no acompañarlo cuando su madre, tras haberlo puesto a salvo, encuentra el mismo destino que instantes atrás había tocado a su marido. Sin embargo la fortuna hará que un solitario herrero lo encuentre al niño perdido y lo crie como si fuese su hijo propio. Luego de varios años, y habiendo aprendido el arte de la guerra y el trabajo de los metales con su padre adoptivo, la aventura de Erik, cuyo nombre real es Sigfried, comenzará cuando una roca metálica caiga del cielo enviada por los dioses, y Erik forje con ella una espada maravillosa y conozca, en el trayecto, a una joven y bella Reina.

De la inexistencia de la objetividad

En el siglo XVI Dinamarca invade Suecia bajo el mando del rey Christian II. Rápidamente vencidos por las fuerzas dinamarquesas la nobleza y episcopado sueco, fieles al gobierno independentista, son traicionados y asesinados por el mismo Christian II, quien deseaba convertir a Suecia en una provincia. El rey de Dinamarca logra esta victoria con una falsa promesa de amnistía, la cual fue utiliza como excusa solo para poder arrinconarlos en Estocolmo y luego ejecutarlos. Este incidente desencadenaría un odio inmenso entre ambas naciones. Odio que se expandiría por varios siglos y se traduciría en guerras sin mucho justificativo más que el de eliminar completamente de la existencia al otro. De hecho, la imagen en el cabezal representa otra de las tantas guerras entre Suecia y Dinamarca en el siglo XIX.

Hoy en día los suecos al referirse a Christian II lo hacen como “Christian el Tirano”, mientras que los dinamarqueses lo recuerdan como “Christian el Bueno”; las diferencias se extienden incluso a la manera en la cual el suceso fue denominado. Los suecos lo hacen como “El baño de sangre de Estocolmo” mientras que los Dinamarqueses, a veces, lo recuerdan como “Las campanadas de Estocolmo” (por los campanazos que dieron luego de las ejecuciones).

Por cierto, para los aficionados a la ciencia ficción: en Star Trek TNG hay un capítulo en el cual se habla de un conflicto entre los Klingons y los Romulanos, en el mismo se muestra como dependiendo de la facción un evento histórico tomaba un significado, mejor dicho un sentido, completamente diferente al interpretado por el otro grupo. Los Klingons recordaban los sucesos como “La Masacre de Kithomer”, mientras que los romulanos lo hacían como: “Las Campanas de Kithomer”. Una muy buena referencia histórica.

El día que se eliminaron 10 días del calendario y la gente medieval pensó se les había quitado 10 días de vida

Históricamente a la iglesia Católica se la acusó de muchas cosas, pero la más original y bizarra de todas las acusaciones nace en la edad media cuando la gente creyó erróneamente que la iglesia les había robado parte del tiempo de sus vidas.

Dada la diferencia entre el año solar y el año lunar existió desde siempre, en las civilizaciones que utilizan estos astros como referencia, un problema de desincronización entre las estaciones y el calendario. Ya los Romanos debían introducir cada tanto un mes intercalar para “re-sincronizar” el desfasaje de tiempo que producían éstos días de “menos” en el año lunar con respecto al solar. Sin embargo, la mala implementación de estos días compensatorios llevó a que las estaciones del año y los meses del calendario no concordaran en lo más mínimo. Obligando a Julio César a encomendarle la tarea de diseñar un nuevo calendario a un astrólogo griego -puede leer más sobre el Calendario Romano haciendo click aquí-. Así nace el Calendario Juliano que es la base del que usamos hoy en día. De todas maneras, e incluso con las modificaciones y mejoras del nuevo calendario, el tiempo seguía desincronizándose constantemente con respecto a las estaciones del año. Esto llevó al Papa Gregorio XIII (1582) a encomendar la creación de un nuevo calendario: el Calendario Gregoriano, que corregía los errores que llevaban al desfasaje temporal en el Calendario Juliano. Una de las medidas fue quitarle diez días al año en curso para así hacer coincidir a Marzo 21 con el equinoccio. Por esta razon, el 4 de Octubre de 1582, fue el último día del Calendario Juliano y el próximo día, eliminando de la numeración 10 días debido al ajuste, pasó a ser el 15 de Octubre del calendario Gregoriano. La población, en su gran mayoría granjeros y gente de pensamiento rústico, no comprendió que esto era sólo un ajuste y, de hecho, pensó que la iglesia les había robado 10 días de su vida. Razón suficiente para que una explosión de ira y terror asaltara los poblados de toda Europa (de las partes que aceptaron de primera el ajuste, ya varios paises lo rechazaron). La gente comenzó a salir a las calles y rebelarse exigiendo la devolución del tiempo robado, incluso bajo la amenaza de elevarse contra sus líderes.

Aloysius Lilius, el científico a cargo de estudiar el nuevo calendario, sugirió añadir el día de más del año bisiesto, con lo que en 40 años quedaría solucionado el problema. Sin embargo, al Papa le pareció la solución demasiado lenta, y prefirió afrontar la situación de tan brusca forma.

Fueron muchos países los que se negaron al cambio de hora, aunque poco a poco fueron adaptándose a él, hasta el punto de que en Grecia no actualizaron el calendario hasta 1923. Estos desajustes de fechas son muy delicados, y hace que estudiar la cronología de la época en que se produjo dicho cambio de lugar a grandes errores. El caso más famoso es el de la muerte de Shakespeare y Cervantes, que sucedió en ambos casos el 23 de Abril, pero en el calendario de Shakespeare no habían incluido la modificación, luego serían días distintos. Por el simbolismo se ha preferido mantener esa fecha, aunque la correcta hubiera sido el 13 de Abril.

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Los modales en la mesa medieval

BanqueteEn el pasado hemos hablado de las supuestas recomendaciones de Leonardo da Vinci a la hora de comer en el Codex Romanoff. Dicho libro no es más que una humorada contemporánea escrita por un crítico de cocina, utilizando imágenes de los códices de Leonardo y dándoles otros significados. No obstante, muchas de las recomendaciones que da a la hora de los modales en la mesa, no son inventadas, sino que tienen su base en costumbres y tradiciones reales de la mesa medieval.

De todas maneras siguen estas preguntas que formulamos al principio: ¿era realmente así la mesa Medieval?, ¿tenían tan poco sentido de la estética y de la conducta éstas mismas personas? La respuesta afortunadamente es un rotundo no!, y, de hecho, era muy importante la buena conducta, al menos en los banquetes de las clases altas. Gracias a fuentes como el Menanger de Paris, publicada en el siglo XIV, obtenemos un listado con todo tipo de consejos útiles que un marido de la nobleza le recomienda a su flamante esposa plebeya para mantener el decoro en la mesa -entre estos consejos se encuentran los de: Mantener la boca cerrada mientras se mastica y no hablar con la boca llena; limpiarse la boca antes de beber de la copa; no agarrar la ración más grande de la fuente; usar prolijamente la servilleta; y así varias recomendaciones que incluso lograrían asustar a cualquier persona contemporánea por lo rigurosas y meticulosas que estas eran-.

BanqueteComo es lógico sí es cierto asumir que las costumbres variaban considerablemente dependiendo de las diferentes cortes, así como también lo es el pensar que varios aspectos se mantenían invariables del lugar. Pero dividamos las aguas: Por un lado es verdad que se utilizaban las manos para comer. Lo que no es cierto es que esto se hiciera por brutalidad. El tenedor, a pesar de ser conocido desde el siglo XI, no ganaría popularidad hasta el siglo XVI o XVIII -dependiendo de nuestra interpretación-. Si bien es llamativo y podría llevarnos a pensar cómo es que en un principio no se les ocurrió utilizarlo, la respuesta es muy simple. La utilización de algo nace con la necesidad de éste algo, en la Edad media, la utilización de las manos era tan normal que simplemente no lo necesitaban. La comida era cortada por sirvientes o nobles menores en caso de reyes y príncipes, de tal manera que las porciones eran ideales para ser agarradas con la mano sin problema alguno. Junto al plato se disponía de un tazón de agua donde los comensales podían lavar constantemente sus manos. En el caso de las clases más bajas el cuchillo era más que suficiente para cortar la comida, al ser que la carne generalmente se embutía para evitar su descomposición.

Banquete
En el caso de las reuniones también se seguían varios códigos de comportamiento. Por ejemplo cuando se realizaba una cena con invitados el cuchillo que utilizaba cada uno siempre era la daga de la misma persona, nunca se prestaba una por parte del huesped, no por una cuestión de avaricia sino de costumbre. La distribución de las copas también era diferente a la empleada en la actualidad, se estilaba, por lo general, a poner una copa cada dos invitados quienes la compartirían -de acá que fuera una regla de buena conducta limpiarse la boca antes de beber- pero no se asusten ya que generalmente no se compartía con extraños sino que se hacía entre esposos o familiares cercanos. Por mucho tiempo generalmente en España y Portugal para los caldos y sopas se utilizó un pan llamado Mense, que oficiaba de plato para el caldo y luego de comida sólida una vez terminada la sopa. Justamente de éste pan nace la palabra mesa. Los modales también dirigían los pasos a seguir en el momento de utilizar los condimentos. Para esto el comensal debía mantener su dedo meñique limpio y seco para así poder utilizarlo a modo de cucharilla y transferir condimentos a su plato sin dejar residuos de comida o líquido en el tarro.

Como podemos ver finalmente no era tan extremo el comportamiento en la mesa del Medioevo, diferente si, pero en lo más mínimo bizarro. Quizás si en algunas cortes los modales fueran menos elaborados que en otras, y sobretodo en tiempos caóticos de guerra o conflicto. Pero de eso ya no podemos culpar a la época.