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Una película de ciencia ficción filmada en 1904

Uno de mis directores preferidos es Georges Méliès. Un parisino que a principios del siglo XX se convertiría en uno de los mejores innovadores tanto narrativa como técnicamente del naciente séptimo arte -ahhh, aquellos tiempos cuando el cine era puramente arte y no una fuente de inagotable dinero-. En fin, de todas sus películas, hay dos que me fascinan. Voyage à travers l’impossible, producida en 1904 por la compañía francesa Star Film, y que pasaría a la historia no sólo por ser una de las primeras películas de ciencia ficción. Sino que además resultaría todo un desafío técnico, ya que su duración excedería los 20 minutos -unas cinco veces la duración promedio de una película de la época-.

Pero lo que realmente me vuela la cabeza es el argumento, ya que el mismo se basa a partir de una sociedad geográfica que decide viajar a través del mundo. Tengamos en cuenta que en esos tiempos las Terrae incognitae, plagadas con sus seres espectaculares y civilizaciones perdidas, aun se consideraban como algo posible. Sin duda alguna, un “universo alterno” en el cual me hubiese fascinado existir. Su extensa duración, sin embargo, no es un capricho Méliès, sino que se debe a que esta es una de las primeras películas donde el objeto de la misma no es el mostrar la novedad de las “imágenes vivientes”, sino el presenciar la historia relatada a través de un medio cinético -es decir la película-.

La versión que he incluido solo muestra fragmentos -pueden encontrar la película entera en la red-, pero decidí poner esta versión ya que es una de las primeras ‘colorizaciones’. La misma se hacía pintando a mano, de aquí el efecto tan raro y “psicodélico” del color del film.

Otra de mis preferidas es Le Locataire Diabolique, lanzada en el 1909. La cual nos cuenta la historia de un hombre que tras alquilar un apartamento (de allí el nombre de la película) decide “redecorarlo” de una manera muy particular:

Como detalle colorido, presten atención a las bandas sonoras de ambas películas, y la manera que tenían de “reciclar” partes reconocibles de piezas musicales cláiscas y populares de la época -en especial la música de cabaret, una de las “pasiones” de Méliès-

Affiches en goguette, una gran joya de los inicios de los efectos visuales como parte de la narrativa en el cine.
“Le Monstre” (1903), en la cual vemos la epopeya de un príncipe egipcio que, dolido por la muerte de su esposa, viaja hacia la Gran Esfinge con el fin de pedirle a un derviche ver a su esposa nuevamente. Pero el derviche, como todo brujo malvado, tras revivir a su esposa sólo le permitirá verla por unos breves segundos. Incrementando aun más el dolor del pobre príncipe.

No obstante, Méliès tiene gran cantidad de joyas únicas. Sólo escriban su nombre en Youtube y podrán encontrar varias de sus obras.