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Hielos penitentes, toda una maravilla andina

Hielos penitentesLos hielos penitentes son uno de mis fenómenos naturales favoritos. Tuve la oportunidad de verlos en persona durante mi viaje a Mendoza, Argentina, y son realmente algo para recomendar. Recorrerlos nos da la sensación de estar recorriendo un bosque hecho a partir de árboles de hielo.

Descritos por Darwin en 1839 durante su travesía a través del mundo en el Beagle, los mismos son formaciones naturales de hielo comprimido cuyos vértices apuntan hacia el mismo lado, dando esa ilusión de ser un bosque de hielo y su tamaño varia desde pocos centímetros hasta, en oportunidades, más de cuatro metros. Durante mucho tiempo se creyó que su formación era exclusivamente producto del accionar de los fuertes vientos andinos, sin embargo, hoy día se cree que los mismos se deben a una combinación de fenómenos climáticos y orográficos.

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El día en que una nariz casi detiene el descubrimiento de la evolución

El viaje en el HMS Beagle llevó a Charles Darwin a recorrer las costas del mundo entero. Fue en este mismo viaje, gracias al contacto con infinidad de especies exóticas y desconocidas, donde el padre de la evolución comenzó a entender y a darle forma a la que sería su obra máxima: El Origen de las Especies. Sin embargo, Darwin estuvo a punto de no viajar. Todo por culpa de la forma de su nariz.

Al mando del capitán FitzRoy la misión original del Beagle consistía en realizar mediciones cronométricas y catalogar las costas de América del Sur. Esto, a Darwin, le sería de vital importancia en el desarrollo de su investigación, ya que le daría acceso a especies y lugares desconocidos. Pero más importante aun, sería el punto de partida que le permitiría relacionar al mecanismo evolutivo con el principio de selección natural. De hecho, de no haber visitado las Galápagos, y observado allí las distintas variaciones y diferencias en las especies de las islas -islas cuya configuración geográfica las hace únicas en el mundo con respecto a las notables diferencias evolutivas entre las especies que las habitan-, éste no hubiera escrito uno de los capítulos más fundamentales e importantes El Origen de las Especies.

La nariz de la discordia

No obstante, Darwin estuvo a punto de no subir al barco, todo por la forma de su nariz. FitzRoy era una persona muy especial. Hiperactivo, excéntrico y fácil de ofender -incluso llegando a ofenderse de por vida sólo por cosas tan simples como ver a alguien arreglándose el pelo mientras él hablaba-. Entre las obsesiones del singular capitán se encontraba la de “analizar” a una persona en base a sus rasgos físicos. Por lo que prácticamente conocía de memoria la obra del famoso “morfopsicólogo” Lavater. Es así que cuando vio a Darwin, de inmediato lo analizó minuciosamente. Desafortunadamente el naturista tenía la nariz de “un hombre flojo de carácter, de poca energía y determinación”. Muy arduamente FitzRoy buscó un remplazo para el joven investigador. Sin embargo, la proximidad del viaje, le impidió encontrar uno por lo que muy a su pesar y a regañadientes tuvo que dejar viajar a Darwin. Si lo desean, pueden leer el diario del viaje aquí.

De no haber viajado en el Beagle es muy probable que eventualmente hubiera escrito su gran obra. Sin embargo, no hubiera contado con la enorme base de datos y evidencia empirica que recopiló durante el viaje. Evidencia que luego, en las subsiguientes ediciones del ODLE, utilizaría para responder a todos los ataques y contra-analisis de sus detractores. Por lo que la Teoría de la Evolución hubiera tenido un despegue mucho más lento y dificultoso del que tuvo.