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Voz del pasado, la lucha por recuperar la grabación más antigua de la voz humana

FonoautogramaEn el año 2007 en Anfrix habíamos hablado sobre sobre la grabación musical más antigua que se conserva a la fecha. La misma fue realizada por Thomas Edison y George Gouraud el 29 de Junio de 1888 en el Crystal Palace londinense. No obstante, y en un claro ejemplo de como la tecnología moderna ayuda a recuperar fragmentos del pasado, en el año 2008 se descubrió como reproducir las grabaciones realizadas mediante la utilización de fonautografos, máquinas creadas por un vendedor de libros e inventor amateur llamado Édouard-Léon Scott de Martinville quien inspirado, o mejor dicho, lisa y llanamente basándose en la anatomía del oído humano -llegando a tener incluso partes preservadas de orejas humanas en su estudio- finalizó en el año 1857 estos dispositivos capaces de capturar las ondas de sonido ambiental a través de las vibraciones que estas producían en finas membranas de seda y así codificarlas en patrones lineales que se grababan en hojas con forma de cilindro cuyas superficies habían sido tratadas con hollín. Irónicamente y si bien increíblemente ingenioso, Scott de Martinville nunca se preocupó por crear una máquina capaz de reproducir los cilindros de papel obtenidos durante el proceso de grabación. Invención con espíritu socarrón si las había.

Édouard-Léon Scott de MartinvilleA pesar de varios y laboriosos intentos por lograr reproducir las cintas a lo largo del siglo XIX como el realizado por Charles Cros en 1877 utilizando complejas técnicas de fotograbado metálico y tiempo más tarde los intentos del inventor del gramófono, Emile Berliner, quien intentó traducir los patrones en los discos a lineas moduladas de sonido en un disco de vidrio para así poder reproducirlos en su gramófono, nadie pudo lograrlo sin destruir o dañar irreparablemente las grabaciones. La fragilidad de los cilindros y la ya mencionada incapacidad de reproducción llevó a que los distintos curadores y bibliotecarios se despreocuparan por obtener y cuidar las cintas con los fonautogramas, a diferencia de los cilindros con los fonogramas creados años más tarde por los fonógrafos de Edison que, y aunque de manera rústica, podían volver a reproducirse.

Es así y a pesar de contar con muy poco material sobre el cual trabajar, que los investigadores David Giovannoni y Patrick Feaster lograron en el año 2008 reproducir uno de estos cilindros al digitalizar su topografía e interpretar la información sonora mediante algoritmos confeccionados especialmente para este fin. Si bien en un principio creyeron que se trataba de la voz de una joven mujer, tras estudiar en profundidad la Fonoautogramaestructura de los fonautogramas descubrieron que debido a un error de interpretación se encontraba reproduciendo la grabación a mayor velocidad de lo debido, dándole por ende una característica más aguda al sonido. Tras varios ajustes lograron finalmente reproducir correctamente la cinta y, muy a su sorpresa, descubrieron que la voz en cuestión, grabada durante los primeros meses del año 1860, se traba nada más y nada menos que del mismo Édouard-Léon Scott de Martinville cantando el “Au clair de la lune. Así proseguirían recuperando grabaciones, como fragmentos recitados de la obra de Torquato Tasso e incluso una grabación de 1857 la cual, por desgracia, se encuentra irreparablemente dañada. La digitalización de la grabación puede ser escuchada en este audio.

Y el abate Moigno
Si de algo podemos estar seguros es que esta incapacidad de reproducir el audio grabado salvaba al usuario de las dificultades que pasaron algunos de los pioneros en el campo, como el abate Moigno, quien casi fue linchado cuando demostró el fonógrafo de Edison en funcionamiento:

“[…]cuando el abate Moigno, un conocido divulgador científico, mostró por primera vez el fonógrafo de Edison a la Academia de Ciencias de París; el abate mismo me explicó lo ocurrido. Todos los sabios presentes declararon, siguiendo al profesor Tait, que la reproducción de la voz humana por un disco de acero era físicamente imposible, debido a las sutiles formas de las ondas producidas por el habla, aunque admitían que la música podría transmitirse de este modo. El abate fue acusado incluso de tener escondido un ventrílocuo debajo de la mesa. Dejó la habitación disgustado”

Del tema ya hemos hablado en esta entrada.

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La grabación musical más antigua que se conserva

Grabada el 29 de Junio de 1888 en el Crystal Palace de Londres por uno de los empleados de Thomas Edison, George Gouraud. La pieza en cuestión es “Israel en Egipto” del legendario compositor alemán Georg Friedrich Händel y fue conducida por el gran conductor Sir August Manns. Más allá de la comprensible falta de calidad en la grabación es impresionante escuchar las voces de personas del siglo XIX, voces que quizás por la calidad del audio, la cual hasta llega a ser casi fugaz, parecen ser ecos de su época.

– Puedes bajar el MP3 haciendo click aquí.

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El abate Moigno, el fonógrafo y la turba iracunda

La terquedad humana no tiene límite alguno y desgraciadamente los ejemplos se repiten una y otra vez. Recordarán cuando hablábamos sobre Tesla, y como en su primera demostración pública del control remoto lo acusaron de tener en el bote prototipo un enano escondido por lo que la muchedumbre casi lo lincha.

El abate Moigno era un monje del siglo XIX muy interesado en la ciencia, y de hecho fue un pionero de la divulgación científica intentando llevar a las masas las maravillas de la tecnología. Cuando Moigno se enteró de un dispositivo para grabar la voz humana el fonógrafo de Edison quedó fascinado e inmediatamente leyó todo lo que pudo encontrar al respecto, incluso tras un gran esfuerzo consiguió un aparato en parte construido por él mismo. Decidido a hacer famosa esta maravilla de la mecánica realizó una trágica gira por París. En la primer demostración llevada a cabo en la comuna lo acusaron de embaucador y lo encarcelaron durante un par de días; en su segunda demostración en las afueras de París, a pesar de ser un monje, lo acusaron de brujo espiritista e intentaron lincharlo y en la tercera demostración su aparato se vio fuertemente averiado cuando uno de los caballeros presentes se asustó y le disparó con su pistola.

Frustrado al no poder hacer comprender al público de la utilidad esta maravilla se dirigió esperanzado a la Academia de Ciencias de Paris, sin embargo el resultado no fue mucho mejor. El físico Sir William Barret, amigo de Moigno, relató con indignación el hecho:

“[…]cuando el abate Moigno, un conocido divulgador científico, mostró por primera vez el fonógrafo de Edison a la Academia de Ciencias de París; el abate mismo me explicó lo ocurrido. Todos los sabios presentes declararon, siguiendo al profesor Tait, que la reproducción de la voz humana por un disco de acero era físicamente imposible, debido a las sutiles formas de las ondas producidas por el habla, aunque admitían que la música podría transmitirse de este modo. El abate fue acusado incluso de tener escondido un ventrílocuo debajo de la mesa. Dejó la habitación disgustado”

Tait se fue insultando y el público no dejó de reírsele en la cara a Moigno. No obstante, a Edison le fue mejor, ya que en su demostración ante la Academia Americana de Ciencias en Washington ocurrida en 1876 se vio obligado a desarmar su invento para demostrar que no había ningún ventrílocuo enano escondido en su interior.

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Locación auditiva, el “radar” primitivo que funcionaba a oído

El trombón de guerra

“El trombón de guerra”, apodado de esta manera por los servicios de inteligencia Aliados que al ver las imágenes solo podían rascarse la cabeza tratando de deducir que era. Este singular aparato consistía de un conjunto de “conos auditivos” montados en un carro dotado de cuatro ruedas para su fácil transporte. Los conos se ubicaban convenientemente por pares en un plano horizontal y un plano vertical para garantizar una mejor recepción.

El hecho de que en la fotografía los “trombones de guerra” aparezcan al lado de artillería antiaérea, indicaría que eran principalmente utilizados para detectar aviones.

El Topófono

Uno de los primeros sistemas de “locación auditiva” tenía un sentido un tanto más pacifico. El Topofono, supuestamente, era utilizado para ayudar a los navíos a poder transitar en la niebla. Diseñado por un tal “Profesor Mayer” en 1880 sería un fracaso rotundo, sin embargo este tropiezo para los “antepasados” primitivos del sonar no significaría una caída y a lo largo de la historia se construirían infinidad de aparatos diseñados para escuchar al enemigo.

Musurgia Universalis

Athanasius Kircher fue un monje Jesuita que realizó algunos de los experimentos más alocados en la historia. Si bien Athanasius muchas veces inventaba datos para que le cierren sus experimentos y teorías, otras veces interpretaba las cosas para el lado que le venía en gana, y otras veces hasta eran inventos tan locos y ridículos que no tenían sentido alguno. más allá de todo esto Athanasius era un científico más digno de ser llamado científico que el mayor practicante ferviente del método científico hoy en día. ¿Por qué? porque más allá de sus errores Athanasius tenía un deseo innato por descubrir, por explicar el mundo, por descifrar esa naturaleza matemática de las cosas y explicarlo a través de modelos reproducibles a pesar de carecer de las herramientas y metodologias que la ciencia moderna ofrece.

Athanasius era amante de la música, gusto que no solo se reflejaba en los alocados instrumentos que diseñaba y construía, sino también en su deseo de conocer el por que eré la música era algo tan hermoso. Es por esto que nuestro monje favorito tenía la idea de que la harmonía de la música reflejaba las proporciones del universo. En si el creía que existía una proporción, no por el sonido per se, sino que esta proporción era dada por la naturaleza misma -algo que de cierta manera ahora sabemos que es cierto, solo que la llamamos frecuencia y longitud de onda-. Es por esto que Athanasius en su tratado Musurgia Universalis no solo propuso planos para construir un órgano de agua, anotar las notas musicales del canto de los pájaros, un oído mecánico gigante conectado a una estatua parlante para asustar a los amigos, etc. Sino que además estudió la composición del oído humano, y lo comparó al de varios tipos distintos animales. Athanasius llegó a la conclusión que el sonido no existía por si mismo, sino que era la resonancia -aunque él no la llamó por ese nombre- dentro del oído la que formaba el sonido.

Una reproducción digital de Musurgia Universalis puede encontrarse en éste sitio.

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