La carrera aeronáutica

Durante la segunda mitad del siglo XX la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética llevó a uno de los mayores desarrollos tecnológicos en la Historia. Desde la histórica carrera espacial en la cual vimos prácticamente un sin fin de hazañas tales como el lanzamiento al espacio de la perra Laika, el primer ser vivo en abandonar el planeta tierra en una cápsula espacial, y la llegada a la luna en 1969, hasta la carrera aeronáutica por desarrollar los mejores aviones espías y jets de combate del momento. No obstante, desarrollar estas maravillas tecnológicas requirió de un esfuerzo de ingeniería sin igual y la construcción de todo tipo de dispositivos y mecanismos de pruebas, como es el caso de vehículo que hablaremos a continuación: el vehículo de tierra más rápido alguna vez creado.

El vehículo de tierra más rápido de la Historia

Construido por la NASA este trineo deslizador impulsado a cohete (no tenía ruedas sino una base similar a dos perfiles U) sobre un sistema de rieles alcanzó una velocidad de mach 8,5 es decir, unos 10.325 kilómetros por hora en la Base Holloman. Convirtiéndose así en el vehículo de tierra más rápido de la historia.

La base Holloman no es cualquier otra base, en la misma tienen el dispositivo de pruebas de alta velocidad más elaborado y avanzado del mundo, el cual puede simular lluvias, útil para probar como lás cabinas de los aviones supersónicos de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos van a reaccionar mientras viajan a velocidades supersónicas bajo la lluvia, e incluso un sistema de amortiguadores acuáticos cuando el vehículo en cuestión se desea recuperar intacto.

El vídeo anterior muestra una de las pruebas, si bien se realizaron infinidad de pruebas la gran mayoría de estas fue clasificada.

La pista sobre la cual se realizaron, y todavía realizan, estas pruebas es básicamente un complejo y costosísimo sistema de rieles especialmente diseñados para resistir las fuerzas y temperaturas generadas por cada prueba diseñado en parte por el mismo John Stapp. Durante los últimos años la base añadió otro sistema de rieles, éste ultimo de tipo maglev, para pruebas hipersónicas (velocidades superiores a mach 5).

Los otros experimentos en la base Holloman

La base Holloman ha probado otro vehículo un poco más rápido que el anterior, el cual superó a la prueba de la NASA por unos pocos km/h (relativamente nada en comparación). No obstante, el material filmográfico del mismo es muy escaso y de mala calidad.

Si bien han pasado muchas décadas desde los años en los que Paul Stapp y su equipo de investigadores comenzaron a realizar este tipo de pruebas, en el presente se siguen realizando investigaciones de aceleración y desaceleración ya no sobre voluntarios sino utilizando costosos muñecos de prueba repletos de sensores.

Ciertamente un vestigio viviente tanto de la carrera espacial como de la carrera aeronáutica, la en la segunda década del siglo XXI promete reavivarse.

La importancia de este tipo de experimentos

Gracias a este tipo de experimentos los científicos e ingenieros de la NASA pueden avanzar con el desarrollo de materiales modernos para la producción de artefactos y vehículos aeroespaciales. Estas pruebas de velocidad permiten estudiar los efectos de las grandes aceleraciones y repentinas desaceleraciones sobre las estructuras moleculares de los materiales, y así también los efectos en las uniones entre distintos tipos de materiales.

No solo los materiales que componen los vehículos de pruebas son estudiados, también los sistemas electrónicos montados sobre los mismos son rigurosamente analizados para ver qué partes de los mismos son más susceptibles a la falla repentina debido a los efectos de las grandes aceleraciones y desaceleraciones sobre sus componentes y circuitos.

Velocidad extrema: si bien todos estos experimentos muestran la historia desde el lado estadounidense, los rusos también estaban realizando avances gigantes en el campo de la aeronáutica. Por ejemplo, al terminar la Segunda Guerra Mundial los jets de combate soviéticos palidecían antes los americanos. No obstante, y tras un colosal esfuerzo de dos décadas los soviéticos desarrollan y construyen el MiG-25, el avión de combate más efectivo de la Guerra Fría.

Vehículo de tierra más rápido del mundo es a su vez una excelente plataforma para la investigación de mecanismos de pérdida de velocidad (es decir frenado) aeroespaciales, tanto en sistemas de paracaídas como sistemas de intercambio de momento. Muchas veces en este tipo de vehículos también se montan maniquíes de prueba repletos con sensores, y estos ayudan a probar los efectos de las grandes velocidades, aceleraciones y desaceleraciones en los seres humanos.

Por ejemplo, hubo un punto en la historia del siglo XX en el cual los científicos estaban absolutamente seguros que el cuerpo humano no podía resistir aceleraciones superiores a los 18 g. Como veremos a continuación, estas pruebas de velocidad en la base Holloman demostraron lo contrario.

Paul Stapp

El cirujano John Paul Stapp fue un cirujano de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos quien a finales de las décadas de 1940 y 1950 donó en vida su cuerpo a la ciencia para estudiar y determinar los efectos de velocidades supersónicas, aceleración y desaceleración sobre el cuerpo humano.

Sus estudios sobre los límites del cuerpo humano comenzaron en el año 1947, cuando la creencia reinante era que «la barrera de los 18 g» era el límite de aceleración que podía soportar el ser humano. Es decir, se creía que a mayor aceleración o desaceleración que esa, el cuerpo humano simplemente quedaba afectado de manera terminal e irreparable.

Las pruebas fueron extremas y brutales sobre el cuerpo de Paul Stapp. Por ejemplo, en la primera imagen lo observamos desvanecido durante una las pruebas de desaceleración repentina:

Fotografía de Paul Stapp montado en un trineo supersónico.

Esta barrera hacía referencia al límite de aceleración o desaceleración que el cuerpo humano podía soportar antes de que colapsen sus órganos. Sin embargo, Stapp probó la falsedad de la misma. De hecho, durante sus experimentos llegó a los 46,2 g, convirtiéndose en «El hombre más rápido del mundo». En efecto, Stapp fue el ser humano en subirse al vehículo de tierra más rápido de la historia, y su récord se mantuvo durante varias décadas. Tras retirarse, se dedicó a mejorar las pistas y sistemas de rieles hallados en la base Holloman.

Puedes leer más sobre Stapp y sus estudios siguiendo este enlace.