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Las arañas del rey Pirro, el primer “bio ataque” de la historia

Al escuchar “guerra biológica” nos viene la mente la imagen de un virus modificado o una cepa bacteriana resistente a los antibióticos comunes, ambos, capaces de causar infinidad de muertes. Sin embargo, les cueste creerlo o no, las guerras biológicas se vienen desarrollando desde hace siglos. A continuación un resumen de los tres casos más antiguos:

El Rey Pirro
Piro, rey de EpiroSi bien de los casos que aquí mencionaremos este es del que menos se sabe y el peor documentado, es tan interesante que vale la pena mencionarlo a al menos como curiosidad. La historia dice que tras verse superado por los romanos -Pirro ganó la batalla pero las pérdidas fueron tales que fue lo mismo que una derrota- volvió a su reino en el norte de Grecia con una gran amargura. Decidido a vengarse de sus enemigos encargó a cientos de sirvientes que introdujeran las temibles arañas de la región en Italia. Estos lo hicieron y prontamente la ciudad de Taranto se infestó de arañas las cuales, en “honor” a la ciudad, fueron denominadas como tarántulas –de hecho el baíle tradicional italiano de la Tarantela tiene su origen en la picadura de estas arañas, ya que se creía que moverse “alocadamente” limitaba el dolor y los efectos de la picadura-.

La batalla de Thun L’Eveque
En la Edad Media no se conocía exactamente el por qué pero se sabía muy bien que un cadáver en estado de putrefacción contaminaba el agua y enfermaba a la gente cercana a éste. En 1340 el castillo de Thun L’Eveque en Hainault se encontraba siendo sitiado y sus atacantes se encontraban realmente cansados ante la resistencia de los ocupantes. Con el fin de amedrentar a sus enemigos decidieron realizar lo que hoy en día es considerado como el primer registro de utilización de armas biológicas de la historia: enfermar a los enemigos tirándoles caballos, cadáveres y vacas muertas con las catapultas. Al cabo de unos días el olor y las pestes hicieron que los franceses abrieran las puertas del castillo y decidieran firmar un tratado muy desventajoso.

La batalla de Thun L'Eveque

La Peste Negra
Mucho tiempo se tardó en esclarecer el vector causante de la Peste Negra, sin embargo tras años de investigaciones hoy se sabe que fueron dos motivos*: Por un lado fue a causa de las ratas que viajaban en los barcos mercantes que llegaban desde oriente hacia puertos europeos y cuyas pulgas transmitían la bacteria Yersinia pestis. En segundo lugar, y relacionado a lo que estamos hablando, se encuentra el contagio intencional causado por los tártaros. Tras sufrir una fuerte infección con la plaga, los soldados tártaros en la península de Crimea que se encontraban sitiando el enclave comercial genovés de Caffa, decidieron enviarle un regalo a las tropas italianas arrojando a todos sus soldados muertos a causa de la peste en los ríos y a través de las paredes de las fortalezas. Los tártaros no sabían exactamente por qué, pero conocían muy bien que pasaba si una persona sana tenía contacto con un enfermo de la peste. El efecto fue devastador, ya que las poblaciones de Oriente Medio tenían formadas defensas naturales contra la peste tras siglos de convivir con esta, no obstante, los europeos eran terreno virgen para dicha infección y en Europa la Peste se expandió rápidamente finalizando con la vida de más de 1/3 de la población.

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Del Gran Apestamiento a la Gran Peste

Los problemas de una metrópolis sobrepoblada e industriosa como era el Londres Victoriano fueron y son la suciedad. Si bien en el presente se han creado leyes y se ha concientizado a “no ensuciar” en el pasado esto no era así, y desde fábricas hasta personas e incluso los barcos arrojaban todos sus desperdicios al río. Gradualmente el Thames se convirtió en una gran cloaca y los olores eran realmente insoportable. Todo esto llevó a que en el año 1858 el calor del verano comenzara a largar un vaho insoportable, los miembros del Parlamento abandonaban las seciones vomitando y el Primer Ministro Disraeli debió salir corriendo de su despacho con un pañuelo en la nariz al no soportar la hediondez de su presente en el mismo. Con el fin de solucionar el problema se comisionó al legendario ingeniero Joseph Bazalgette para construir un colosal sistema de cloacas que administrara los desechos de la ciudad. Desgraciadamente Bazalgette nunca podría haber imaginado que el solucionar el “Gran Apestamiento de Londres de 1858” sería el trampolín para “La Gran Peste de Londres de 1892”, en la cual millones de ratas criadas en las cloacas invadieron la ciudad, y causando una epidemia de cólera nunca antes vista.

Como resultado Bazalgette fue utilizado como chivo expiatorio y todos los políticos lo comenzaron a culpar de la peste, de hecho, y a pesar que el mismo Bazalgette y sus antepasados eran ingleses, varios políticos preferían llamarlo bajo el apodo de “el francés” a causa de su apellido con el fin de echarle la culpa a Francia. Por supuesto ninguno reconoció que en casi 40 años nunca se realizó una limpieza intensiva del sistema de cloacas, lo que dio el pie para que las ratas encontraran un ambiente propicio. De todas maneras este es un buen ejemplo de como la solución de un problema menor lleva a uno mucho mayor.

Los mosquitos anofeles, los mayores asesinos de la Tierra

El genus de mosquitos Anopheles -castellanizado: genus Anofeles- ha causado a lo largo de la historia una mayor cantidad de muertes que todas las guerras y desastres naturales combinados. Éste inocente pero letal mosquito se divide en 400 especies de las cuales unas 40 son responsable de trasmitir cuatro variedades distintas de parásitos causantes de malaria humana y otras varias decenas de infecciones. Si bien hoy en día han sido controlados en los países desarrollados, éste sobreviviente evolutivo está adaptado para sobrevivir en gran variedad de climas, algunos incluso pueden hacerlo en el frío europeo como muestra.

Mientras que los machos se alimentan del néctar de las plantas, las hembras necesitan una fuente más rica para el desarrollo de los huevos, esto es igual en todas las familias de Culicidae -mosquitos-, por lo cual siempre que nos pique alguno no será un alguno sino una alguna. Si bien es imposible obtener un número exacto éstos mosquitos han causado un número de muertes que multiplica varias veces al de todas las guerras y desastres naturales de la historia juntos.

Las estadísticas del Programa para el Contol de la Malaria (1996) de la Organización Mundial de la Salud calculan:

* Cada año de 300 a 500 millones de personas contraen el parasito de la malaria y de 1.5 a 2.7 pierden su vida.
* La malaria mata a 2800 niños al día.
* El 95% de las infecciones son causadas a causa de la picadura de un Anopheles
* El Anopheles tiene uno de los ritmos de adaptación más aterradores de la naturaleza. En 1960 solo un 10% de la población mundial estaba en riesgo. Hoy en día a causa de la adaptación a nuevos territorios del mosquito cerca de un 40% del planeta está en riesgo.
* En Brasil la malaria mata a más gente que el SIDA y el cólera juntos.

Nota curiosa: Los romanos creían que la malaria provenía de los aíres rancios de los pantanos, de aquí su nombre, mal-aria -aíre malo-. Tardaron varios siglos hasta darse cuenta que en realidad eran los mosquitos que abundaban en esos mismos pantanos los que la transmitían.

Las máscaras antiplaga medievales

Hoy en día estamos acostumbrados a pensar que las máscaras de gas fueron inventadas durante la Primer Guerra Mundial, después de todo son las únicas imágenes que vemos de personas utilizando máscaras para protegerse de gases nocivos. Sin embargo, estas datan de mucho antes, nada más y nada menos que de la Edad Media, y se extendieron en el tiempo durante varios siglos. De hecho, hay registros de las mismas siendo utilizadas durante los siglos XVI y XVII por médicos que visitaban pacientes con enfermedades contagiosas o zonas en cuarentena.

Su origen y creación es incierto pero sí sabemos que varios doctores, desconcertados por los causantes de la Peste, comenzaron a buscar maneras de tratar a sus pacientes y a la vez protegerse de algún modo. Estos profesionales teorizaban que la peste era transportada por un “aire maligno” que se apoderaba del sistema respiratorio de la victima y posteriormente de todo su cuerpo. Con esto en mente no nos sorprendemos al saber que no pasó mucho tiempo hasta que algún aprovechado comenzó a vender “repelentes anti Peste”… que en realidad no eran nada más que perfumes de olor muy fuerte. Es así que llenando un pomander con “repelente”, que se introducía en el pico de una mascara fabricada de roble y forrada en metal, muchos médicos creían estar a salvo de la Peste al poseer una máscara que filtraba el aire contaminado del aire limpio…. por supuesto que luego morían como ratas ya que esa confianza extra que les otorgaba llevar puesta la máscara hacía que no tomaran todas las precauciones que tomaban cuando no la utilizaban.

Nota: Un pomander es una decoración originada en Francia que consiste de un pequeño frasco metálico con orificios en el cual se depositan perfumes y aceites aromáticos.

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