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Saltando desde las alas de un bombardero Tupolev TB-3

Poco antes de la segunda guerra la tecnología soviética estaba muy por detrás de los demás poderes, al punto que para entrenar a sus regimientos de paracaidistas, a faltas de aviones diseñados específicamente para éste tipo de tarea, los mismos debían utilizar bombarderos Tupolev TB-3, trepar hasta las alas y deslizarse como si fuese un tobogán. Con suerte, no impactarían contra el fuselaje o la alargada cola del avión.

Este entrenamiento probaría ser de extrema utilidad para infiltrar fuerzas especiales rusas en territorio alemán durante los primero años de la guerra, sobretodo porque al ver un bombardero desde tierra, pocos sospechaban que en realidad se trataba de una inserción de hombres.

Cuando la acrobacia aérea era extrema

Por alguna razón que apena terriblemente a mi corazón el genero de acrobacias utilizando aviones como plataformas ha prácticamente muerto en el presente, quizás por cuestiones de las que ya hablamos, o quizás porque los aviones ya no sean esa novedad tan llamativa que solía cautivar a tanta gente en el pasado, sea cual sea la razón, ya no vemos más intrépidos y hasta, podríamos decir suicidas, acrobatas surcando los cielos de salto en salto entre aviones.

Para comenzar este paseo por el pasado de la acrobacia aérea citaremos uno de los actos más comunes, el saltar de avión a avión en medio del aire. Este acto era realizado por los 13 Black Cats. Si bien su acto era famoso en toda la costa oeste de los Estados Unidos y solía atraer a decenas de curiosos y morbosos espectadores, los 13 Black Cats hicieron una pequeña fortuna trabajando como pioneros en el campo de dobles de riesgo en distintas películas del naciente Hollywood. Pueden leer más sobre los mismos y sus actos siguiendo este enlace (en inglés)

Demoliendo viviendas con aviones
Otro de los actos favoritos del público, quizás por lo habitual con lo que los aeroplanos primitivos salían desplomarse sobre casas acabando con familias enteras en el proceso, era el ver aviones piloteados colisionar contra cosas.

No sé si sea por la manera en la que éste audaz hombre suicida logra salir mareado y a los tumbos de entre los combinados restos demolidos del avión y la casa para recomponerse instantáneamente y sonreír a la cámara como si fuese un fénix que acaba de renacer de sus cenizas; o porque verdaderamente a pesar de hacer lo que hacía tenía una apariencia y una compostura que fácilmente podrían haberle hecho pasar por un profesor de Oxford. Pero sea por lo que sea, aquí mismo lo declaro como Héroe del mes de Anfrix.

 

Una bailarina de alto vuelo
Porque nada dice padres responsables como hacer bailar a su pequeña hija sobre las alas de un avión en pleno vuelo. Esta juvenil bailarina posee tanto talento para realizar sus pasos de baile sobre las alas de un aeroplano que realmente lo hace ver como si se tratase de un juego de niños, je.

Por supuesto que esto no era exclusivo al terreno de los aeroplanos, otro acto, aunque no tan popular ya que no se podía observar del todo bien desde tierra, era el de ubicar a un niño en el extremo superior de un globo aerostático para que allí baile o realice acrobacias.

Por ejemplo el acto a continuación nos muestra la peligrosidad que conllevaban este tipo de espectáculos. Desafortunadamente las grabaciones aéreas solo podían durar unos segundos debido a limitaciones tecnológicas. Las cámaras normales, en ese entonces, eran muy pesadas para ser cargadas por los livianos aviones, por lo que se utilizaba cámaras especialmente reducidas y simplificadas que, como problema asociado, solo podían filmar por pocos segundos debido al tamaño del rollo.

No obstante, y como podemos observar, eso no frenaba a las distintas compañías de acrobacia a la hora de capturar sus hazañas. Esta toma en particular posee una dificultad enorme, ya que la cámara estaba montada en un avión que debía volar circulando al globo y el camarógrafo, muchas veces montado sobre el fuselaje externo mismo del avión, debía de valerse de su experiencia para saber cuando accionar la cámara para filmar al menos esos pocos segundos.

 

Y si de globos hablamos
Con la llegada del paracaídas los actos comenzaron a hacerse cada vez más arriesgados y las acrobacias aun más excéntricas.

Un buen ejemplo es el video a continuación, en el cual vemos a un grupo de hermanos colgarse de un globo, realizar una serie de acrobacias y saltar al vacío. No obstante, notaran, con un poco de atención al detalle, que la cuerda que utilizan para sujetarse al globos es el paracaídas mismo, algo extremadamente peligroso ya que estaba sujetado al globo mediante un gancho en media U. De moverse mal o mucho durante el ascenso fácilmente los atletas podían llegar a propiciarse contra el suelo sin mucha altura como para que el paracaídas realizase su trabajo y así encontrar una indolora pero temprana muerte.

Continuara en una segunda parte.

Saltando en uno de los abismos más profundos del mundo

El Sotano de las Golondrinas
El Sotano de las Golondrinas, ubicado en San Luis Potosí, México, es una maravilla natural sin igual. Encontrado sobre una enorme planicie de piedra caliza, el mismo es un abismo natural producto de la erosión del agua. De tipo kárstica, esta enorme caverna casi vertical, ofrece una caída de 300 metros, razón por la cual se ha vuelto una especie de de Mecca para varios paracaidistas extremos.

Quizás muchos ya la conozcan gracias a la excelente serie de documentales narrados por el genial David Attenborough Planet Earth. De la cual proviene el video a continuación:

Si bien existe un abismo mucho más profundo, la caverna de Vrtoglavica, de unos 603 metros de profundidad, y a la cual dedicaremos tiempo próximamente, el Sotano de las Golondrinas, con unos 60 metros de ancho en su parte más angosta, tiene las características necesarias para poder saltar sin chocar contra las paredes del mismo. No obstante, este tipo de saltos se encuentra regulado debido a la gran cantidad de aves que hicieron de las profundidades del abismo su nido.

– Más saltos en cavernas, esta vez en la caverna Muscat, Oman.

Saltando desde los acantilados noruegos
Y el siguiente video, aunque no tenga mucho que ver con la entrada principal del tema, es algo que quería compartir desde hace varias semanas. Cuenta la experiencia de unos deportistas que fueron a Noruega a observar saltos con trajes de resistencia al viento, encontrándose con algo prácticamente fuera de este mundo, gente que, casi, puede volar:


wingsuit base jumping from doubleA on Vimeo

El rey de la caída libre

Joseph Kittinger es uno de esos pocos aventureros en el lugar y el momento justos para hacer historia. Comandante de la USAF, veterano de Vietnam y prisionero de guerra, durante toda su carrera volaría en cientos de misiones aéreas. Completando exitosamente todo tipo de tareas tanto de combate como experimentaciones que aumentarían el conocimiento humano sobre la aerodinámica y la capacidad de los aviones con propulsión a jet.

Esto lo llevaría a trabajar en conjunto con personajes como el gran Paul Stapp, de quien ya hemos hablados, sirviendo de observador aéreo en su viaje récord en los que alcanzara los 1,017 km/h en su tren-cohete.

No obstante, la hora dorada de Kittinger llegaría en 1957, cuando recomendado por el mismo Stapp, como “un gran hombre y un magnífico piloto,” para formar parte del programa médico de la USAF que buscaba investigar la capacidad corporal y salud humana en el espacio.

El trabajo de Kittinger sería muy arriesgado, como miembro de los proyectos Man High y Excelsior, se elevaría hasta la atmósfera en cápsulas presurizadas, como la vista en la imagen, utilizando balones atmosféricos para así estudiar el efecto de los rayos cósmicos en el cuerpo humano.

Si bien participaría en varios saltos, serían los más importantes el Man High I, donde saltaría de 29500 metros de altitud, y el Excelsior III, en los que alcanzaría los 31300 metros de altitud. Tras saltar al vacio, Kittinger descendería en caída libre por 4 minutos y 26 segundos, alcanzando una increíble velocidad de 988,3 Kilómetros por hora. A poco más de 5500 metros de altitud abriría su enorme paracaídas. Si bien saldría ileso, una falla en su guante le haría sufrir una veloz despresurización, hinchando su mano a casi el doble de su tamaño.

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Kittinger aun mantiene el récord de ser el humano en viajar a mayor velocidad sin un vehículo, el salto a mayor altura, el récord en caída libre y el récord de vuelo englobo a mayor altura.

Probando el paracaídas de Da Vinci

Entre las tantas cosas en las que Leonardo da Vinci ocupó su tiempo se encuentra una, que a pesar de haber pasado relativamente desapercibida para el público general, fue uno de sus mayores logros. Leonardo invirtió gran cantidad de tiempo estudiando el vuelo, horas de observación y razonamiento llevaron a que deduzca que, naturalmente, los humanos no podian volar por sus propios medios -parece simple hoy en día, pero en esa época la naturaleza del vuelo era un misterio y no sabían cómo o qué lo causaba-. Continuando con su serie de investigaciones y su estudio intensivo de los pájaros fue una de las primeras personas en darse cuenta que las aves no vuelan principalmente por el aleteo de sus alas sino que lo logran gracias a explotar las características de su medio. Algo que hoy en día llamamos aerodinámica. Al realizar esto sus experimentos e inventos comenzaron a tener en cuenta aspectos tales como la resistencia al aíre, la tensión y la velocidad. Resultando en una serie de bosquejos pioneros de paracaídas, ala deltas y hasta un primitivo y rudimentario helicóptero. No obstante, visionar significa simplemente anunciarlo, Da Vinci fue mas alla de dar un simple pronostico y, en el caso del paracaídas, realizó una serie de cálculos y estudios que le permitieron establecer como debería ser un objeto que frene la caida de un hombre. Escribiendo en 1483:

“Si se provee a un hombre con una tela pegada de lino de 12 yardas de lado por 12 yardas de alto, éste podrá saltar de grandes alturas sin sufrir heridas al caer”

Pasarían más de 500 años y el paracaídas de Leonardo viviría sólo en bosquejos e ideas. Hasta que un día, un británico llamado Adrian Nicholas decide probar si lo escrito en el bosquejo realmente funcionaba. Para esto comenzó una ardua investigación del tema que le permitió conocer métodos de fabricación y materiales de la época. Pronto iría creando un paracaídas exacto, en materiales y diseño, al descrito por Da Vinci cientos de años antes. Ante tan singular diseño Nicholas encontró quejas y advertencias de expertos los cuales, al unísono, le repetirían que el aparato “no soportaría su peso”, “no resistiría la tensión generada en la caída” y una larga lista de negativas que parecían tener como objetivo desanimarlo en su intento.

Afortunadamente Nicholas es un cabeza dura y siguió adelante a pesar de todos los pronósticos negativos. Llegado el día de la verdad, un Lunes 26 de Junio del año 2000, Nicholas pudo comprobar, después de 500 años, que Da Vinci estaba en lo correcto tras saltar de un globo aerostático ubicado a 3 mil metros de altura con un paracaídas de 85 kilos de peso fiel a las especificaciones del gran maestro, cayendo sano y salvo a tierra unos minutos después y ganando fama mundial por su hazaña.

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El primer globo aerostático de la historia.