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El día en que un grupo de veteranos de Vietnam protestando contra la guerra capturó la Estatua de la Libertad y cubrió su rostro

Todo ocurrió el 26 de diciembre de 1971, un grupo de 14 veteranos de guerra pertenecientes al VVAW (siglas en inglés del Veteranos de Vietnam Contra la Guerra) decidieron realizar una acción de protesta contra la guerra la cual no iba a ser ignorada por los medios. Debemos recordar que los veteranos protestando contra la guerra era uno de los mensajes anti-guerra que tenía más impacto y peso en el público estadounidense, por lo que el gobierno y los medios de comunicación intetaban constantemente disminuir su alcance.

La toma se denominó “Operación paz en la tierra” y fue planeada en Filadelfia a partir de la frustración causada por la falta de cobertura de prensa durante una de las protestas más grandes realizadas por la VVAW en Maryland. La operación ocurrió de manera fluida. Al ser el día después de navidad (en los Estados Unidos se festeja el 25), la estatua estaba relativamente vacía de turistas. Ayudados por su entrenamiento militar, en primer lugar cuatro hombres se dividieron en grupos de dos e ingresaron a la misma con la intención de forzar de manera sigilosa las rejas que daban acceso al brazo erigido y cortar sus candados; un grupo distraía a los guardias mientras el otro actuaba. Una vez cumplido lo anterior se esconderían para esperar al resto: 10 veteranos más y un reportero que decidió unirse a la causa.

El resto de los protestantes llegó a la isla en la última enbarcación, en el interior de la estatua se encontraba un guardia al cual rápidamente le comunicaron que se retire ya que su intención era “traer a nuestros hermanos de vuelta a casa”. Una de las primeras acciones fue bloquear los accesos inferiores y dirigirse hacia la corona de la estatua para plantar una bandera estadounidense invertida en la misma. Una bandera invertida tiene un significado muy antiguo en la cultura estadounidense que se remonta a los tiempos de la guerra revolucionara, y la misma se utilizaba en fortificaciones para indicar que estaban en problemas. Es considerada una señal de angustia.

La policía de Nueva York y Nueva Jersey, ambas con jurisdicción en la Liberty Island rápidamente llegaron al lugar y enviaron dos helicópteros a sobrevolar el área. Es así que una odisea de negociaciones que duraría dos días comenzó a tener lugar, todo mientras los hombres aprovechaban para diseminar su mensaje a la infinidad de medios de prensa que se hicieron presentes en el lugar. Sus pedidos iban desde terminar la guerra, la injusticia que los civiles de Vietnam estaban sufriendo y el pedido de incrementar la ayuda social y médica para los miles de veteranos que vivían en las calles.

Tras terminar la protesta, la cual era justa, y sobretodo el hecho de que se trataba de veteranos de guerra, el gobierno federal decidió no presentar cargos y los veteranos recibieron penas simbólicas.

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Jones Live Map, el GPS de 1909

Los mapas existen desde tiempos inmemoriales, pero la navegación asistida es un lujo tecnológico de finales del siglo XX, o eso creemos.

Con la invención del automóvil a motor de combustión interna a finales del siglo XIX, el cual permitió comenzar a recorrer largas distancias en relativamente poco tiempo, y a diferencia de los trenes a lugares no predefinidos, los conductores prontamente se encontraron con la problemática de no conocer los lugares a los cuales debían viajar. Anteriormente, con los caballos o carruajes, los viajes de larga distancia eran más lentos y requerían de varios parajes de descanso. Esto como era de esperarse llevó a que se genere un rápido y lucrativo negocio con la creación y venta guías para conductores.

Las mismas generalmente estaban hechas de celulosa y se presentaban en prácticas libretas con los mapas de los territorios aledaños separados en varias hojas y un índice alfabético de las regiones que el volumen en cuestión contenía.

Uno de éstos conductores era el inventor J. W. Jones quien había adquirido un Ford Modelo T y una guía para el camino publicada por Rand McNally. Jones había hecho una pequeña fortuna patentando y vendiendo accesorios para fonógrafos de su invención, y por cuestiones de negocios debía recorrer regularmente los distintos caminos de la Costa Este de los Estados Unidos. No obstante, en el 1909 su empresa comenzó a comercializar un velocímetro deportivo, y Jones vio en la pista de carreras de Indianapolis, la cual se estaba inaugurando ese mismo año, una gran oportunidad de ventas. Allí, entró en contacto con gran cantidad de conductores y todos le comentaron el mismo problema: la incomodidad y el peligro de tener que estar leyendo mapas constantemente. Recordemos que las rutas y calles de principios del siglo XX no estaban listas para los automóviles, y los carteles de tránsito eran casi inexistentes.

Atento ante ésta nueva demanda y posibilidad de negocios Jones puso manos a la obra, y utilizando los recursos de su empresa en menos de 5 meses ya tenía un prototipo: el Jones Live Map.

Este dispositivo constaba de una carcasa con una serie de engranajes la cual se conectaba al eje del cuentakilómetros del automóvil, luego, de entre una serie de discos con información codificada de manera radial, se escogía el disco con la ruta que se iba a transitar y se ubicaba la posición actual del conductor en la posición correspondiente con la de los 180 grados en la circunferencia.

Al transitar, el movimiento del cuentakilómetros accionaba el mecanismo interno del Live Map llevando a que la rueda con información del dispositivo gire en sentido horario. La misma indicaba las condición del camino siguiente (si era de tierra o de piedra), la posición del trayecto en la que el conductor se encontraba en ese momento, puntos de descanso próximos, e indicaciones de navegación muy puntuales y específicas como por ejemplo la de “Doblar a la izquierda al llegar al árbol en el centro del camino pasando la iglesia” que se encontraba en Vallonia, en la posición 80 del camino entre Indinapolis y French Lick.

El dispositivo se vendería con éxito, existiendo cientos de rutas para el 2020 y la capacidad de recorrer los Estados Unidos de punta a punta, saliendo de Nueva York y llegando a Los Angeles utilizando siempre un disco de Live Map en todo punto del camino. No obstante, la necesidad de actualizar los mapas constantemente, sobretodo a mediado de los 20s cuando los distintos estados comenzaron una campaña de re-organización masiva de sus rutas con un foco en los automóviles, la pavimentación a nivel estatal y nacional y los carteles viales que comenzaron a hacerse visibles en todas las ciudades, llevaron a que el Mapa de Jones pierda su gracia y prontamente pase al olvido.

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La muerte más absurda de la historia

Perdió su vida apuñalado al caer sobre un borrador de tinta, evadiendo a seis señoritas que intentaban darle besos de cumpleaños en la oficina Metropolitan Life Building.

Parece una broma, hecha por algún gracioso con Photoshop, no obstante, la muerte de George Spencer Millet, el mismo día de su cumpleaños, está bien documentada y de hecho registrada en el cementario de Woodlawn, New York.

Por lo que sabemos gracias a un artículo digitalizado del New York Times, el adolescente trabajaba en una oficina llevando y trayendo cartas y otros papeles. El día de su cumpleaños número 15 las secretarias decidieron saludarlo con un beso, pero el renuente joven se negó rotundamente. Éstas no desistieron y en el afán de llenarlo a besos se dio una persecución que terminó en tragedia cuando el perseguido tropezó y clavó en su estomago un borrador de tinta (el borrador de tinta en cuestión era una especie de cuchilla con la que se raspaba la tinta).

Si bien en un principio una de las jóvenes fue detenida y acusada de homicidio, luego se la terminó dejando en libertad y llamándola como testigo. George no murió en el acto, sino que lo hizo en la ambulancia, mientras lo llevaban al hospital. Tristemente el jovén era hijo de una madre viuda, y sólo llevaba dos meses trabajando en la empresa de seguros Metropolitan Life (la imagen cabezal es en efecto una fotografía de la oficina de la Metropolitan Life en 1905).

El vídeo más nítido del 11S, mantenido en secreto durante más de una década

El siguiente video es considerado el video más nítido de la tragedia. Capturado por Jim Huibregtse desde el patio de la Independence School, el material fue prontamente confiscado por el FBI y mantenido en secreto durante años. Gracias a una solicitud FOIA (Freedom of Information Act/Acto de Libertad de la Información), un mecanismo del gobierno americano por el cual los ciudadanos pueden forzar al gobierno legalmente a liberar información clasificada, el video fue liberado al público hace unos pocos años.

Algunos de los puntos más estremecedores.
– 8:41 detalle en acercamiento del daño estructural.
– 15:06 cae la primer torre.
– 23:04 jets de combate F-15 sobrevuelan New York con la orden de derribar cualquier objeto no gubernamental en vuelo.

Como la codicia y la ignorancia humana acabaron con el mayor espectáculo natural de los cielos de América del norte

Palomas pasajerasCubrían todo el cielo a tal punto que el horizonte se convertía en un espectáculo único, donde el ruido de los interminables aleteos y los gorjeos llamándose unas a otras brindaban una experiencia fuera de lo común; un mar orgánico de millones de aves. Lo anterior no es una exageración, ya que las palomas pasajeras no sólo eran la especie de aves más abundante de Norteamérica, sino que se estima lo eran también del mundo entero. Sus bandadas migratorias eran un fenómeno sin igual, en el cual todas migraban al mismo tiempo, cubriendo todo el cielo como un río de aves. Muchas veces, como puede leerse en las memorias de Simon Pokagon, uno de los pioneros de los derechos civiles en los Estados Unidos, el pasar de las bandadas llevaba horas, y el cielo se cubría con millones de palomas. Sólo en cuatro condados del estado de Wisconsin había 136 millones de palomas pasajeras adultas a mediados del siglo XVIII, según calculó posteriormente el naturalista Arlie W. Schorger.

Cacería de la paloma pasajera

Desafortunadamente, debido a la codicia y la ignorancia humana fueron llevadas a la extinción en menos de un siglo. Desde miles de personas que al avistar las bandadas no tenían mejor idea que sacar sus rifles, pistolas y resorteras y comenzar a disparar (muchas veces matando a varias de un solo disparo debido a la densidad de cada bandada) hasta comerciantes inescrupulosos que, sabiendo los recorridos habituales de las palomas, montaban gigantescas redes capturando a varias miles en cuestión de horas; las cuales luego vendían a los criaderos de cerdos para ser utilizadas como alimento para dichos animales.

Redes para cazar palomas pasajerasPeor aun, las cerealeras las acusaban de destruir la siembra y los cargamentos de grano, algo falso, ya que la dieta de éstos plumíferos se basaba en insectos y principalmente en bellotas y castañas silvestres, frutos muy comunes y abundante en el sureste de los Estados Unidos. Sin embargo, esto causó la histeria entre los flamantes campesinos de La Frontera (nombre que se les daba a las tierras que se iban anexando con la expansión hacia el sur y el oeste de los territorios Estado Unidenses). Esto llevo a que incluso en el siglo XVII un religioso excomunique a las aves.

Tributo a la paloma pasajera.

Walton Ford, Falling bough. Tributo a la paloma pasajera.

El declive estrepitoso de su población comenzó al rededor de 1850, cuando los ferrocarriles permitieron la comercialización industrial por barril de la carne procesada de paloma pasajera con fines agrícolas. Sabemos gracias a los meticulosos registros de S. S. MeDuffie, un agente ferroviario, que cada barril contenía la carne de 25 docenas de palomas en salmuera, y cada carro transportaba cientos de barriles con decenas de carros por locomotora. Sólo el, en ese entonces, pequeño pueblo neoyorquino de Watertown recibía trenes transportando 11 toneladas de carne de paloma regularmente, lugar en el cual distintos frigoríficos parcelaban y luego congelaban dicha materia orgánica para su envío hacia el oeste de los Estados Unidos. El comercio de carne de paloma fue tan redituable que campesinos de Wisconsin, Chicago y Milwaukee dejaban de trabajar la tierra para dedicarse exclusivamente a cazar furtivamente, cada uno, miles de palomas por semana. Incluso la industria hotelera trabajaba exclusivamente para los cazadores.

MarthaEs así, que tristemente, la codicia y la ignorancia de quienes creían que al ser tan numerosas eran también inagotables, acabaron con las palomas pasajeras, y el 1 de septiembre de 1914 moría tras 29 años en cautiverio en el Zoológico de Cincinnati, Ohio, la solitaria Martha, la última de su especie. A pesar de los desesperados intentos por parte de los veterinarios por hacerla reproducirse, Martha nunca fue capaz de poner un huevo fértil.

Michael Malloy, un tipo muy duro

Gracias a Reddit me entero de la historia de uno de los tipos más duros de los que he tenido conocimiento: Michael Malloy.

1197-3.jpgMalloy era un vagabundo de origen irlandés de la década del 30 en New York, desafortunadamente, se rodearía de personas de mal pasar que, intentando sacar rédito de su muerte, lo pondrían bajo tres seguros de vida. Estos eran cuatro hombres apellidados Murphy, Marino, Pasqua y Kriesberg. Quienes esperaban cobrar un seguro casi equivalente a 60 mil dólares actuales.

El asesinato debía parecer una muerte natural, por lo que pensaron que una muerte por envenenamiento con alcohol, uno de los grandes vicios de Malloy, sería oportuna para así engañar a las aseguradoras. Marino, que tenía una tienda de licores y otros aperitivos, tendría la “buena bondad” de darle crédito infinito a nuestro duro héroe. Pensando que así, ante la posibilidad de tomar todo lo que quisiera, este moriría rápidamente.

Pero no fue así, y Malloy probó ser un Hércules del mundo moderno. Tras tomar reiteradas veces cantidades de alcohol que envenenarían a un hombre promedio durante varias semanas, el único efecto secundario que padecería sería el de irse a dormir por varias horas, sólo para levantarse y volver a tomar al poco tiempo. Esto comenzó a serle un gran gasto de dinero a Marino, por lo que convenció al grupo de mezclar la bebida de Malloy con anticongelante, intentando así asegurar una muerte que, muy al pesar de los malhechores, no llegaría. Tras el fallido intento, procederían a mezclar el vino de su víctima con veneno, e incluso le ofrecerían mariscos con alcohol -algo que los criminales creían venenoso-. Nada funcionaba, incluso linimento para caballos o trementina mezclada con vino lograban descomponer al Hércules neoyorquino. Ni siquiera un sandwich hecho a partir de sardinas podridas y fragmentos de hojas de afeitar.

1197-1.jpgTal fracaso los llevó a buscar otra solución y una noche de invierno en la que la temperatura logró descender a un promedio de -26ºC lo mojaron con grandes cantidades de agua y lo dejaron durmiendo en uno de los tantos parques de la ciudad. Pero ni el desgarrador frío pudo vencer a Malloy, quien al otro día volvió solo con un resfrio. Incluso intentaron atropellarlo con un taxi, sobornando a un taxista de nombre Harry Green a quien le pagarían $150 dólares si lograba matarlo. Tras emborracharse e inconsciente, Malloy sería llevado hacia un camino solitario, en el cual Green, tras tomar dos cuadras de aceleración con su taxi, le erraría al cuerpo de Malloy, asustados, lo llevarían a otro camino y allí sí lograrían atropellarlo. Creyéndolo muerto, lo abandonarían en ese lugar. Pero Malloy estaba vivo, y el “accidente” solo le costaría tres semanas de hospitalización a causa de su hombro y cráneo fracturados.

El final de Malloy desafortunadamente llegaría tras salir del hospital, cuando tras emborracharse uno de los criminales le tapara la boca con una manguera ahogándolo así. Pero por suerte, y gracias a una particular justicia poética, el matar a Malloy fue tan difícil que los criminales no dejaron de hablar de lo sucedido, haciendo que la noticia llegue a oídos de la policía y fueran así apresados. Uno sería condenado a cadena perpetua y el resto ejecutados en la silla eléctrica.

Enlaces relacionados
Artículo del New York Daily News sobre Malloy y sus asesinos
Artículo de Wikipedia sobre Malloy

Owney el perro viajero

Una fría mañana hace 120 años atrás, en la oficina postal de Albany, New York, los trabajadores que se encontraban catalogando las bolsas del correo hallarían un paquete muy particular. No era una carta, ni mucho menos una encomienda, sino que se trataba de un cachorro que, por alguna razón desconocida, terminó durmiendo en medio de una pila de bolsas de correo ferroviario.

Owney sería llamado, y se criaría entre paquetes y bolas con sobres y notas. Rápidamente descubría que los trenes eran un excelente refugio al frío neoyorquino. Refugio que, curiosamente, siempre lo hacía despertar en un lugar distinto del que se había ido a dormir. No obstante, no importaba cuan lejos terminase de la oficina en Albany. Owney siempre encontraba el camino de vuelta. Viendo esto, los trabajadores decidieron ponerle un collar y una chapa identificatoria.

Pasarían los años y los cientos de viajes y prontamente la historia del “perro de la suerte”, título que obtuvo ya que ninguno de los trenes en los cuales viajó sufrió accidentes o atracos, correría por todas las estaciones. Eventualmente se haría costumbre el ponerle una medalla o etiqueta de correo indicando el lugar por el que había andado en su travesía. Tarea simple gracias a su carácter amistoso y festivo.

Sin embargo, sus aventuras no sólo se confinarían a los trenes ni al territorio de los Estados Unidos, sino que llegaría subirse en barcos a vapor y, junto al correo internacional, llegaría a conocer Asia y Europa. Siempre siendo enviado de nuevo a su hogar gracias a su medalla indicándolo como “Propiedad de la oficina postal de Albany”.

Owney acumularía durante 11 años de aventuras alrededor de 1017 medallas, estampillas y otras identificaciones que marcaban la infinidad de destinos a los que sus patas habían tocado suelo. Incluso, hasta sería filmado y fotografiado. Su muerte llegaría en 1897 a causa de una herida de bala. “Accidente” del que nadie nunca supo el verdadero por qué.

Hoy su cuerpo embalsamado junto a sus medallas, cartas y notas recibidas, se encuentran en exposición en el Museo Postal.

Cómo la negligencia borró las inscripciones de un monumento de 3500 años

Las colosales Agujas de Cleopatra sobrevivieron intactas durante 3500 años a incontables guerras y saqueos. Pero desgraciadamente, lo que no pudieron hacer estos males en milenios, lo consiguió la humedad y el viento de Manhattan en menos de 90 años. Una verdadera tragedia, ya que pocos monumentos tienen la historia y el legado de estos obeliscos, los cuales fueron tocados por algunos de los más importantes personajes de la historia.

Estos tres obeliscos están entre los monumentos con mayor historia de la humanidad. Construidos por Thutmosis III en el 1450 AC fueron retocados y decorados 200 años más tarde por el legendario faraón Ramsés II. Siglos después Alejando Magno se pararía frente a ellos durante varias horas para contemplar su belleza y en el 12 AC serían admirados a tal punto por César Augusto, el primer emperador romano, que éste ordenaría que fuesen reubicados a su templo personal en Alejandría.

La total decadencia de Egipto y la pérdida de poder de Roma, llevó a que dejen de ser considerados y resguardados, por lo que, con el fin de evitar su destrucción, terminaron siendo enterrados. Esto ayudaría a que su decoración fuese conservada a través del tiempo.

La separación de los obeliscos
Tras su redescubrimiento, los obeliscos serían yendo reubicados a miles de kilómetros de distancia unos de otros. La primera de las agujas fue transportada a Londres, luego de que en 1819 Mehemet Ali la ofreciera como regalo al Imperio Británico en conmemoración por la batalla del Nilo; no obstante, esta sería transportada a su destino final recién en 1877. La segunda aguja, de unos 23 metros y hecha con granito rojo, iría a parar a Paris, más exactamente a la Place de la Concorde, tras ser regalada por Mehemet Ali a Francia. El mismo Louis-Philippe se encargaría de seleccionar el lugar que ocuparía en la Concorde. Este obelisco en particular durante siglos ocupó una ubicación de privilegio en la entrada del imponente Templo de Luxor. Dicho obelisco puede ser visto en detalle a continuación:

La llegada a Manhattan y el desastre
La tercer aguja sería la que más sufriría. Con el fin de mejorar las relaciones comerciales, Ismail Pasha de Egipto, la regalaría en 1869 a Estados Unidos. Sin embargo, el traslado se haría esperar ya que, al igual que como ocurrió con Londres, el gobierno de los Estados Unidos consideró el traslado como una tarea extremadamente costosa. Razón por la cual un privado se encargaría de la tarea años más tarde. Este fue el magnate William Vanderbilt, y el trabajo le llevaría más de una década e incontables accidentes dignos de una historia aparte.

No obstante, y a pesar de los contratiempos, el obelisco llegó a New York casi intacto en 1880. Por desgracia, el conocimiento técnico más las políticas y estándares con respecto a piezas históricas de la época, eran infinitamente inferiores a las actuales. Esto llevaría a que no se estudiara el impacto del clima de New York sobre la superficie de granito de la aguja -sobretodo de un parque tan húmedo como el Central Park-. Es así que desgraciadamente, ante la inclemencia de los elementos, en menos de 90 años el obelisco perdió casi todas las inscripciones de su primer cara -la más expuesta al viento-.

Tras la tragedia
Hoy en día un equipo de experimentados arqueólogos y escultores de distintos museos Neoyorquinos se ocupa de su conservación y restauración. Sin embargo, el daño hecho a la primer cara es irrecuperable. Una gran pena, ya que gran parte de los textos en su superficie no fueron traducidos con anterioridad al borrado, y su significado ha sido perdido para siempre. Esta tragedia es considerada como uno de los mayores fiascos arqueológicos de la historia.

Los obeliscos de Kircher
Como no podía falta, el gran Athanasius Kircher, ese maestro de las mil artes, también se interesó por el estudio de los jeroglificos -de hecho, aunque errado en su teoría, fue el primero en implementar un análisis iconográfico de los mismos-. En su obra de 1654 podemos ver una ilustración de uno de estos. -si no me equivoco es el de Paris-

Los obsesivos hermanos Collyer

Su caso fue tan grave que el Síndrome Collyer hoy en día hace referencia al desorden patológico de acumular compulsivamente basura y cosas inútiles. Y no es para menos, ya que al morir Homer y Langley Collyer dejaron en su casa nada más y nada menos que 103 toneladas de basura la cual iba desde órganos humanos hasta munición de artillería pesada sin utilizar.

Nacidos en una acomodada familia del Harlem a finales del siglo XIX, cuando este barrio aun era exclusivo, fueron a la universidad y se graduaron con altos honores convirtiéndose Homer en un ingeniero, aunque el prefería ser inventor y pasaba todo su tiempo libre construyendo raros aparatos, y Langley en un abogado. No obstante, tras el paso de la Primer Guerra Mundial y la urbanización de New York, el Harlem se fue empobreciendo y los crímenes y delitos comenzaron a subir a medida que las familias acomodadas comenzaban a abandonarlo. Tras la muerte de su madre ambos hermanos quedaron desolados y decidieron no abandonar su casa familiar bajo ningún motivo.

Prontamente su temor a los cambios sociales en la zona los llevó a volverse extremadamente reclusivos, al punto de construir todo tipo de trampas y aparatos en el edificio. Al no pagar los impuestos quedaron desprovistos de luz, gas y agua. Sin embargo, rápidamente improvisaron un motor de auto conectado a varias baterías para proveerse de energía y realizaron un profundo túnel para obtener gas y agua de las tuberías del edificio. Por las noches Langley salía a recolectar todo tipo de cosas de la calle y a buscar comida. Cuando su hermano Homer comenzó a perder la visión, Langley, decidió que éste se curaría gracias a ingerir 100 naranjas a la semana y, previniendo el momento en que recuperara su visión, comenzó a juntar una cantidad monumental de periódicos para que se pusiera al día con las noticias llegado el día.

Tanto encierro llevó a que los vecinos creyeran que éstos vivían cuidando una gran fortuna, razón por las que varias veces intentaron invadir su departamento a la fuerza solo para encontrarse con un sin fin de trampas y bizarros mecanismos anti-invasores construidos por Homer.

El desenlace

Tras no tener noticias de los ancianos por varios días la policía decidió entrar a su domicilio el 8 de Abril de 1947. Para su asombro encontraron a Homer muerto en el piso. Sin embargo no había señales de Langley. Incrédulos de sus ojos llamaron a sanidad pública para sacar la basura. Entre los ítems dispersos encontraron, entre otras cosas, desde una máquina de rayos-x, varios pianos, un gigantesco órgano de iglesia, esqueletos de caballos y vacas, órganos humanos y animales conservados en jarrones de cloroformo, cientos de miles de libros y periódicos, cientos de litros de kerosene y, material quirúrgico, partes de autos, cientos de herramientas y material eléctrico y, ante la mirada atónita de los removedores, un arsenal de armas que iba desde ametralladoras de alto calibre, balas de tanque y hasta lanza granadas “suficiente armamento como para iniciar una pequeña guerra” según las palabras del comisionado de policía. Al cabo de 4 semanas de remoción de basura el cadáver de Langley fue encontrado enterrado en una pila de periódicos. Tras la investigación se descubrió que este, sin querer, había accionado una de las trampas siendo aprisionado por miles de periódicos y libros. Su hermano, ya ciego y casi paralizado, se hambreó hasta la muerte.

Si bien nunca se supo de donde obtuvieron los órganos humanos que coleccionaban la cantidad de material quirúrgico en su departamento trajo macabras sospechas a la policía. Al día de hoy continua siendo un misterio.

El Telautomata de Tesla – el primer aparato a control remoto

El Telautomata de TeslaPocas personas han existido con la genialidad de Nikola Tesla: un genio visionario, un físico, un ingeniero electrónico, un ingeniero mecánico, un experto en magnetismo, pionero de las telecomunicaciones y la robótica e inventor entre tantas otras cosas. Ya en el siglo 19 sus predicciones sobre “guerras disputadas a distancia utilizando máquinas controladas remotamente, y donde la cantidad de hombres no sería tan importante como el avance tecnológico” le hicieron ganar fama de loco. Esta fama lamentablemente llevó a que muchos lo subestimaran y que en varias oportunidades sus descubrimientos e investigaciones fueran dejadas en un segundo plano.

No obstante, gracias a las numerosas patentes que consiguió a lo largo de su vida, sobretodo la adopción de su diseño de corriente alterna, Tesla encontró tiempo libre para dedicarse a sus proyectos personales, siendo uno de sus sueños el lograr transferir energía inalámbricamente. Rápidamente se convirtió en un experto en el tema desarrollando teorías y técnicas desconocidas hasta el momento.

El Telautomata de Tesla

Si bien nunca lo logró su investigación lo llevó a inventar el primer control remoto. Tras varios ires y venires terminó su primer prototipo en 1898, incluso dos años antes de que Marconi iniciara sus experimentos sobre la radiofonía, y ese mismo año en una demostración en el Madison Square dejó boquiabiertos a los presentes al demostrar su “bote teleautomático”, un bote controlado a distancia. Como es de esperarse tras el asombro inicial muchos de los presentes comenzaron a acusarlo de plagista y a decir que en realidad el bote era controlado por un hombre oculto en un compartimiento secreto o por un cable oculto bajo el agua. Pasarían varias hasta que la idea de controlar máquinas sin cables se hiciera popular.

El primer accidente de tránsito

Leyendo un artículo sobre la “Chocante historia del transporte” -el título es genial- me enteré de la historia que hubo detrás del primer accidente de tránsito.

La mañana del 30 de Mayo de 1896 en la ciudad de New York, Evelyn Thomas se dirigía como habitualmente a su trabajo en su bicicleta; mientras que Henry Wells probaba emocionado su flamante y costosa adquisición: un Durye Motor Wagon, por una de las calles perpendiculares a la que circulaba Evelyn. Desafortunadamente el destino hizo que se cruzaran, pero a diferencia del relato de una historia de amor este cruce fue un tanto trágico -no lo culpo el Duryea no tenía ni siquiera un volante y se manejaba a palaca, como si fuera un caballo-. El Duryea y sus primitivos frenos no pudieron parar a tiempo y Evelyn terminó en el piso, afortunadamente el motor del Duryea era lo suficientemente lento como para no causarle un daño grave.

Inmediatamente se reunió una camada de gente en el lugar del accidente, no para ver que pasó ya que Evelyn estaba protestando en el piso sin ningún daño grave, sino para ver el “carro sin caballo” de Henry. Los policías pasaron un largo tiempo meditando si arrestar o no a Henry, ya que no sabían bien si ese monstruo metálico se conducía solo o si era Henry el que lo manejaba… ¿cómo saberlo?. De todas maneras al final decidieron que Henry tuvo la culpa, Evelyn fue al hospital por unos raspones, convirtiéndose en la primer víctima hospitalizada de un accidente de tránsito, y nuestro pionero conductor fue encarcelado por unos días, convirtiéndose en la primer persona en ser detenida por un accidente de transito.

Durye Motor Wagon
La primer víctima fatal ocurriría ese mismo año, pero en Londres. Bridget Driscoll de unos 45 años sería sorprendida por Arthur James Edsall, quien se encontraba manejando un modelo de la Anglo-French Motor Car Company en una demostración para Alice Standing. Si bien Edsall dijo que solo iba a a 6,5 kmh su acompañante, Alice, confesó que se enteró que Edsall había modificado el motor para que el auto viaje “como una bola de fuego” -como verán esto no es nada nuevo-

Nota: De todas maneras ambos puestos los ostenta Mary Ward, quien en 1869 fue aplastada por un “auto a vapor” experimental que sus primos se encontraban diseñando.

El Primer Frankenstein o El Frankenstein de Edison (1910)

Detengámonos un segundo a ver este viejo cartel de 1910…

Lo primero que nos llama la atención es el personaje de aspecto andrajoso, pelo alborotado, manos alargadas y extraña mueca que aparece en el cartel. Podríamos cuestionarnos toda la vida sobre el porqué de su apariencia…de no existir el letrero que dice “ESCENA DE FRANKENSTEIN”. Así es, este individuo es nada más y nada menos que el actor Charles Ogle personificando, por primera vez en el cine al monstruo de la novela de Mary Shelley, con una apariencia muy distinta a la de Boris Karloff o Robert De Niro.

Esta película fue hecha por la Edison Film Company como una libre adaptación de la novela y fue dirigida por J. Searle Dawley (quie fue también el guionista). Aunque algunas fuentes mencionan que el propio Thomas Alva Edison fue el productor, nunca se involucró abiertamente en el rodaje. Los 3 principales actores fueron Charles Ogle en el papel del monstruo (Ogle también interpretó a Scrooge en la primera versión de Un Cuento de Navidad), Augustus Phillips como el Dr. Victor Frankenstein y Mary Fuller como Elizabeth, su prometida.

La película fue rodada en los Edison Studios ubicados en la esquina de Avenida Decatur y Oliver Place en el Bronx, Nueva York durante un período de 3 días entre Enero 13 y Enero 19 de 1910 (algo notable si se considera que en esa época una película se filmaba en 1 día) para ser exhibida en los Nickelodeons de Estados Unidos. Durante años fue la versión más fiel a la novela de Shelley, incluso más que el clásico de 1931.

Una de las cosas más curiosas del film es la creación del monstruo, en esta película, es creado por medio de un proceso alquímico en el laboratorio de Frankenstein, algo diferente a la imagen que tenemos del film de 1931. Cabe decir que en el libro, nunca se menciona como Frankenstein crea a la criatura.

Para lograr el efecto de la formasción del monstruo en el caldero, se quemó a un maniquí cubierto de papel maché mientras se movían sus hilos, luego, se proyectó la cinta en dirección contraria para lograr el efecto que podemos ver en la película.

La película se estrenó el 18 de marzo, publicitándola como “una historia que alcanza el clímax del horror y la sugestión”. Es interesante notar el detalle de que, a pesar que el género de “terror” aún no había nacido, ya se nombraba el término “horror”.

En la publicidad, la Edison Film Company informó que “se había intentado eliminar con cuidado todas las situaciones realmente repulsivas y concentrarse sobre los problemas místicos y psicológicos que se hallan en este asombroso relato”. De ahí ese final, un tanto abstracto.

Aún así, muchas personas tildaron al film de “Blasfemia” por la escena del génesis del monstruo. Además de eso, en 1910, se empezaban a usar técnicas como el close-up en otras películas, lo que atrajo la atención del público a otros films. Por estas razones, Frankenstein cayó en el olvido.

Muchos de los films de la Edison Film Company desaparecieron tras el cierre de los estudios en 1918, además, varios negativos fueron destruidos en protesta contra el intento de Edison de monopolizar la industria del cine…Pero como suele suceder, llega a haber algunos sobrevivientes.
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La Internet del siglo XIX

Internet cuenta con un largo y distinguido linaje de antepasados que se remonta incluso hacia mediados del siglo XIX. Su madre, Arpanet, fue solo un eslabón más de tantos enlaces y sistemas de comunicación global que el mundo ha visto. Hoy hablaremos del primer vínculo de conexión intercontinental de la historia.

En 1842 Samuel Morse demostraba exitosamente como se podían transmitir telegramas vía cables sumergidos en el Puerto de New York. Las personas visionarias inmediatamente imaginaron un sistema subacuático que permitiese transmitir datos al instante, dejando de lado las tediosas esperas de días y hasta semanas para obtener noticias de un país a otro, incluso, entre el Nuevo y el Viejo Mundo. Las primeras conexiones sumergidas tuvieron lugar entre entre Francia e Inglaterra, luego Inglaterra e Irlanda y así se fueron conectando unos con otros territorios separados por ríos y lagos en todo el mundo. Sólo quedaba un gran reto: unir dos continentes separados por un océano, algo que convertía a los canales y lagos de los intentos anteriores en simples gotas de lluvia.

Fue gracias a la voluntad y esmero del financista estadounidense Cyrus Field, quien manejara la emblematica Atlantic Telegraph Company, que se lograría esta hazaña de la ingeniería. Construido de cables de acero enlazado los cuales eran encapsulados en una gruesa capa de goma india, el Primer Cable Transatlántico se vería desplegado de costa a costa partiendo desde Gran Bretaña para llegar a Newfoundland, antigua América Británica -actual Canada-, y ramificarse por distintas subestaciones hasta llegar a la Costa Este de los Estados Unidos.

Si bien hoy en día estamos acostumbrados a conexiones intercontinentales de varios gigabytes simultáneos, en ese entonces la tecnología era muy poco permisiva. La increíble longitud del cable hacía que la resistencia eléctrica debiera ser superada utilizando un voltaje muy elevado -en esa época no tenían amplificadores, repetidores ni superconductores para empezar-. Como si esta limitación ya fuera poco, otro problema era el sistema utilizado para retardar la dispersión de los pulsos del telegrama, el cual era tan agresivo que el ancho de banda -o cantidad de información que pasaba por el cable- se veía extremadamente limitado a 1 palabra cada 20 minutos en promedio.

Plagado de problemas y limitaciones tecnológicas el proyecto solo operaría durante un mes. No obstante, el cable probaría que conectar dos continentes era posible e iniciaría una carrera tecnológica para mejorar la tecnología de conexión y hacer posible un sistema viable.

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