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El sello que protegió la tumba de Tutankamón durante 3.245 años

La tumba del farón Tutankamón es una de las más raras alguna vez encontradas por los arqueólogos en Egipto. La misma consta de 5 sarcófagos en series, en los cuales se encuentran a su vez cinco altares con ofrendas y pasajes. Al ingresar al cuarto sarcófago además de las ofrendas y los cuerpos momificados de personajes menores pero cercanos al faraón e incluso sirvientes cuya tarea era la de servirle en el más allá, Howard Carter y su equipo hallaron en 1922 y tras una seguidilla de problemas tanto técnicos como económicos durante el principio de su expedición una gran compuerta la cual había permanecido escondida por miles de años. La misma aseguraba el ingreso con un singular sello puesto por los sacerdotes encargados de los ritos funerarios y el cual permaneció intacto por 3.245 años. El mismo constaba de una cuerda anudada y un sello de arcilla conteniendo la figura del dios chacal Anubis. Patrón de los embalsamadores y dios de la muerte,

El hallazgo fue espectacular. Si bien los sarcófagos anteriores fueron explorados con anterioridad en dos oportunidades e incluso los dos primeros de la serie saqueados en el pasado, la puerta de acceso al sarcófago de Tutankamón fue protegida por una serendipia del destino. Parte de la tumba de Ramsés IV, la cual se encontraba en el nivel directamente superior a la de Tutankamón, colapsó y ocultó con sus escombros la puerta de acceso. Tras remover los escombros, Carter rompió el sello e ingreso al quinto y último sarcófago encontrándose con el tesoro egipcio más espectacular de todos los tiempos; todo quedando capturado por la lente del fotógrafo de la expedición, Harry Burton.

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El sultán que intentó destruir las pirámides

Las pirámides son el mayor testamento de la ingeniería egipcia, una obra tan avanzada para su tiempo y tan espectacular que a veces para darnos una idea del contexto de las mismas es útil el recordar que cronológicamente Cleopatra se encuentra más cercana a nuestros días que a la construcción de las pirámides. En efecto, la Reina ptolemaica nació hace unos 2.085 años, más precisamente en enero del año 69 a. C. en Alejandría. La Gran Pirámide de Giza, no obstante, fue construida durante la 4ta Dinastía, hace aproximadamente unos 4.600 años, lo que distancia a la Gran Pirámide de Cleopatra en unos 2.515 años.

Si bien son una maravilla, no todo el mundo a lo largo de la Historia pensó lo mismo, en especial un extremista islámico del siglo XII quien se puso como tarea el destruir las pirámides por ser “instrumentos de idolatría”. Éste extremista no era cualquier persona, sino que se trataba de Al-Aziz Uthman sultán de egipto y el segundo hijo de Saladino, famoso por luchar contra Ricardo Corazón de León durante la Tercera Cruzada

Es así que Al-Aziz comenzó a destruir pirámides menores, siempre ordenando a sus hombres el remover las piedras base de las mismas. Posteriormente comenzó a ocuparse de las pirámides medianas, dañando la pirámide de Micerino, la cual por fortuna no colapsó pero sí quedó con una franja o brecha en una de sus caras producto de la remoción de piedras. Según recuentos de la época los trabajos duraron ocho meses, y el mayor problema con el que se encontraron los mineros contratados para ésta tarea fue que además del arduo trabajo de remover las piedras, al hacerlo las mismas caían enterrándose en la arena lo que llevaba a que el acceso hacia la cara fuese cada vez más difícil. En efecto, los mismos encargados de destruir la pirámide fueron los que le comunicaron al caprichoso líder que la destrucción de la misma sería tan costosa como su construcción.

Sin embargo, el sultán no se contentaba con atacar a las pirámides menores y su meta era el destruir la más grande de todas: la Gran Pirámide de Giza. Al-Aziz entonces comenzó a juntar fondos y a reclutar un verdadero ejército de trabajadores para concretar dicho fin. Durante varios meses los trabajadores intentaron todo tipo de técnicas para remover las grandes y pesadas piedras de la Gran Pirámide, sólo pudiendo llegar a remover fracciones de algunas piedras ubicadas en uno de los vértices. El talento de los ingenieros egipcios pudo más que el fanatismo del extremista, y durante esos meses Al-Aziz despilfarró tanto dinero para tan sólo provocar un daño minúsculo que terminó abandonando por completo su idea de destruir las pirámides.

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Mindon Min y su gigantesco libro de mármol

Placa de piedra en KuthodawMindon Min, penúltimo Rey de Burma, fue ciertamente un gran amante de la lectura, y ésta pasión, así como su interés por el budismo de la rama Theravāda, lo impulsaron a crear el libro de mayor tamaño en el mundo.

Tras realizar varios viajes a Occidente y traer consigo nuevas tecnologías y métodos que modernizaron a Burma considerablemente, mejorando a su vez de manera notable la calidad de vida de la población, Mindon Min quizo además engalanar la pagoda dorada de Kuthodaw hallada en la colina de Mandalay con una gran y monumental obra en honor al budismo Theravāda. Con lo anterior en mente y tras una serie de reuniones con distintos especialistas, Min comanda a sus escribas a escribir el tipitaka, es decir el cuerpo de doctrinas del canon Pali y fundación del budismo Theravāda, en una serie de placas de roca.

Cada placa, de dimensiones que iban entre metro y medio de largo por poco más de un metro de ancho, reflejaría dos de las más de mil cuatrocientas páginas del canon, y a su vez vez los textos estarían grabados en oro. La tarea requirió de algunos años para ser finalizada ya que el mármol para las placas no sólo debía ser traído en bote desde una cantera ubicada a 32 kilómetros, sino que además cada escriba encargado con copiar los textos en la roca tardaba unos tres días por placa y luego cada artesano encargado con picar el mármol y pintarlo trabajaba a una velocidad de 16 líneas diarias.

Una vez copiado todo el texto en las placas cada una de las mismas fue puesta bajo el resguardo de una estupa, estructura muy común en el budismo utilizada para almacenar reliquias, junto a una gema. Éstas 729 estupas a su vez se encontraban distribuidas de manera uniforme alrededor de la pagoda ya mencionada. Siendo su organización no aleatoria, sino que las mismas se distribuyeron en grupos circulares que deben ser recorridos comenzando desde las filas más cercanas al interior y en sentido de las agujas del reloj.

Vista aérea de Kuthodaw

El monumento fue abierto en el año 1868, y, si todo sale acorde a los deseos de Mindon Min, el mismo deberá existir por cinco mil años para así haber cumplido con su tarea. Es decir, el mantener vivo al cuerpo fundacional del Theravāda.

Placa del canon budista en Kuthodaw Pasillo de estupas en Kuthodaw Pagoda dorada de Kuthodaw Mindon Min

Como un accidente convirtió a un rey generoso en un tirano

Henry VIII y sus esposasUno de los sucesos más interesantes de la historia es el repentino cambio de personalidad sufrido por el Rey Henry VIII. Si bien al monarca se lo recuerda como uno de los mayores tiranos de la historia británica, uno se sorprende al estudiar su vida como en un principio, ese rey, que la historia plasmaría literalmente como una especie de cruza entre un demonio dantesco y un asesino serial, era al principio un hombre extremadamente culto, un renacentista amante de la ciencia y el arte en cuya corte se fomentaba y subvencionaba la razón, la literatura, la música y el estudio de la naturaleza. Sobretodo, sorprende como éste era mencionado en sus principios como un rey justo con el pueblo y muy generoso y de un día para el otro, como un monstruo tiránico.

No obstante, y para justicia de Henry, su personalidad tiránica no sea quizás su culpa, y se deba más bien a un daño cerebral que sufrió durante un serio accidente mientras participaba una justa. Es notable como todos los documentos de la época se sorprenden del literal e instantáneo cambio del monarca. Cambio que tuvo lugar el 24 de Enero del 1536, cuando se encontraba participando en uno de los tantos eventos deportivos que solía llevar acabo.

En este, tras una serie de exitosas pasadas, uno de los caballeros sería efectivo en su juego al derribar al rey de su caballo. La caída sería terrible, Henry se propinaría de cabeza contra el suelo y, para colmo, su caballo, que se había parado en las dos patas traseras, lo pisaría y luego, tras tropezar con el cuerpo inconsciente del monarca, caería sobre el mismo.

Henry VIIIHenry permanecería semi-inconsciente durante dos horas, y sus médicos lo creerían muerto en un principio ya que durante unos minutos no registraron respiración alguna -éste es hoy el mayor indicador que nos dice que, el hasta ése mismo entonces un rey generoso, sufrió un severo daño cerebral.- El Rey despertaría ante un nuevo mundo, ya no podría practicar más deportes, una de sus pasiones, ya que su pierna quedaría muy dañada, y prontamente engordaría en gran medida. No sólo su cuerpo se alteraría, sino que sus intereses variarían, dejaría de escribir poesías y baladas, algo que hacía con pasión anteriormente y su corte ya no sería tan renacentista. No sólo ordenaría penas mucho más severas para crímenes menores, sino que además, y a los pocos meses del accidente, ordenaría la ejecución de su esposa, Ana Bolena. Así, se volvería a casar varias veces más, ejecutando a todas sus esposas. Si bien dejaría todo tipo de actividad física de lado -Henry fue considerado hasta ese entonces como uno de los monarcas más atractivos y atléticos de Inglaterra- la comida se convertiría en su nueva pasión. Comiendo más de 13 veces al día prontamente llegaría a pesar unos 180 kilogramos.

Si bien muy posiblemente su personalidad se haya visto alterada por una combinación entre el golpe a la cabeza y su práctica invalidez tras el accidente, el que una vez fue un príncipe prometedor y admirado, terminó convirtiéndose en sinónimo de tirano y sangriento despiadado.

Curiosamente, y a diferencia de Julio César y Richard III, con Henry VIII Shakespeare no tuvo necesidad de exagerar en lo más mínimo.

El dictador más megalómano y egocéntrico de la historia

Hace un par de años, más precisamente en el 2006, por motivo de su muerte, pude enterarme de la existencia de uno de los dictadores más megalómanos y egocéntricos, quizás, de la historia de la humanidad entera. De su cabeza salían ideas tan disparatadas y díscolas que uno, incluso, llegaba a tomarle “cariño”.

1112-3.jpgTras la caída del Bloque Soviético, infinidad de naciones y repúblicas se formaron de sus cenizas. La mayoría, como es el caso de Polonia o la República Checa, lograron salir adelante después de tal crisis. Sin embargo, otras, tan pequeñas que su tamaño era inferior al de una ciudad metropolitana y en regiones tan conflictivas como Medio oriente, se vieron a merced de la subida de nuevos dictadores.

Una de estas repúblicas fue Turkmenistán, la cual en 1992, poco después de salirse de la URSS, se metería en un problema aun más grande. Y no era para menos, ya que su recientemente electo Presidente, Saparmurat Niyazof, carecía de unos cuantos tornillos. Aunque debemos decir que la hazaña fue fácil, ya que él era el único candidato.

Niyazof, que había crecido huérfano en un orfanato soviético, estaba obsesionado con darle una “identidad” a su pueblo, que según él era inexistente tras tantos años de dominio Soviético. En primera instancia reflejaría su función mesiánica adoptando el nombre Turkmenbashi -Padre de los turcomanos-. Tanto le gustó su nuevo nombre que, prácticamente, renombró todas las ciudades, incluidas la más grande del país, como Turkmenbashi.

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Y para asegurarse de estar presente a todo momento, también renombraría el primer mes del año como “Turkmenbashi” -y como regalo a su madre Abril, y la palabra “pan” pasarían a llamarse como ella, Gurbansoltanedzhe-. No obstante, a sabiendas de que todo líder mesiánico debía escribir su propio libro de reglas morales y consejos para el pueblo, al cual llamaría Ruhnama. Libro que, por supuesto, estaría escrito con un alfabeto que él ayudaría a diseñar.

Este libro sería su orgullo, por lo que las bibliotecas de Turkmenistán, cuestión de no distraer al lector con “sandeces” como Platón, Aristóteles, Rousseau , Friedman, Darwin, etc, solo ofrecería el Ruhnama. Libro más que requerido, ya que si un turcomano quería graduarse en la secundaria, primero debía memorizar el libro completamente. Lo mismo si alguien deseaba ocupar un cargo público -el 99% de la plaza laboral de Turkmenistán-. Si eso no es poco, debemos agregar que su libro posee una un monumento de más de 10 metros.
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Enlil-Bani el jardinero que se convirtió en el rey de Babilonia

En la antigua Babilonia existía un ritual muy particular en el día de Año Nuevo, dicho ritual requería el sacrificio del monarca de turno como regalo a los dioses. Ante tan macabra obligación los reyes, que de tontos no tenían un pelo, solían tomarse un descanso ese mismo día y poner a cargo una persona a la que se denominaba “rey por un día”, generalmente un don nadie escogido entre los pobres, para que se haga responsable de todas las obligaciones, incluso la de ser sacrificado.

Durante el reinado del rey Erra-Imitti el monarca se levantó por la mañana del día de año nuevo con la tarea de seleccionar a su efímero reemplazante. Su idea, como era costumbre, sería elegir a un mendigo de la ciudadela que lo reemplace. Sin embargo, el destino quiso que antes de marcharse se dirigiera a sus jardines a respirar el aire fresco de las flores. Una vez allí prontamente divisó a un joven jardinero llamado Enlil-Bani y, pensando que podía ahorrarse el trabajo de ir hasta la ciudadela, lo escogió como reemplazante.

Por supuesto que el joven Enlil-Bani sintió que la desgracia había llamado a su puerta al ver como la guardia real lo escoltaba a la fuerza a ponerse el ropaje de rey. Ya cambiado y peinado y ante la multitud dispuesta a ofrecer al rey suplente como ofrenda, ocurre un rápido suceso que deja atónitos a los presentes: el rey Erra-Imitti se estremece y cae muerto al piso -posiblemente de un ataque cardíaco-. Seguros de que la deuda ya había sido saldada, y siendo que Enlil-Bani había sido coronado oficialmente, éste continuó siendo rey de Babilonia y viviendo con todos los lujos durante 24 largos años, llegando a ser el segundo rey más longevo de la dinastía Isin.

Friedrich Wilhelm I de Prusia, el rey que coleccionaba soldados altos

Tras asumir el mando de Prusia en 1711, Friedrich Wilhelm I prontamente puso en orden las finanzas de su nación y empeñó gran parte de su tiempo en mejorar las condiciones y economía de su pueblo, razón por la que inmediatamente ganó un gran apoyo entre las masas. Una de sus mayores preocupaciones fue darle a Prusia un ejército invencible, por lo que dotó a las fuerzas armadas de su país con armamento moderno y las hizo crecer en número; siendo uno de sus deseos que su hijo fuera un gran general lo hacía despertar al ruido de cañones y a la edad de 6 años le armó un ejército de niños a los que comandar. Sin embargo, Friedrich tenía una obsesión: los soldados altos, quizás a causa de que él mismo era casi un enano. Con este fin Friedrich envió a sus agentes a buscar “gigantes” por toda Europa, con órdenes de secuestrarlos si éstos se negaban a enrolarse voluntariamente. Incluso realizó uno de los primeros programas eugenistas de la historia, pagándole fuertes sumas de dinero a mujeres altas para que tengan hijos con hombres excesivamente altos; más llamativamente aun contrató varios médicos para investigar la manera de “estirar” artificialmente a sus soldados. Así rápidamente armó un ejército especial denominado “Los gigantes de Potsdam”. Irónicamente levantar este ejército le costó tanto esfuerzo que a la hora de la guerra se negaba a mandarlos al frente de batalla temiendo sufrir muchas pérdidas. Adoraba tanto a éstos soldados que incluso pintaba retratos de cada uno, conocía sus nombres de memoria y cuando estaba deprimido los hacía marchar por su jardín para alegrarlo.

En una oportunidad su soldado más alto, de unos 2,25mts, muere a pesar de haber sido atendido por los médicos reales tras una fuerte fiebre. Friedrich, completamente desolado rompió en lagrimas y ordenó un luto nacional de una semana. Procuró gran atención en la confección de sus uniformes, llegando a vestirlos como ridículos en el proceso ya que adornaba sus ya exagerados cascos con largas plumas erectas. Su obsesión llegó a tal punto que a pesar de ser los soldados mejor pagos de su tiempo muchos se suicidaban o terminaban desertando con tal de no soportar la vida en el palacio.

Mary Toft y sus hijos conejo

A principios del siglo XVIII Inglaterra era un lugar bastante llamativo: su rey se negaba a aprender a hablar en inglés y cientos de charlatanes y encantadores recorrían sus caminos vendiendo infinidad de panaceas y leyendas extravagantes. Algo que nos ayuda a comprender por qué Mary Toft tuvo tanto éxito en su charada y nadie la cuestionó.

Mary era una chica como cualquier otra, la diferencia, en septiembre de 1726 tuvo su primer hijo: un conejo. Ante tan surrealista visión su familia espantada corrió hacia el médico local, John Howard, un joven cirujano que prontamente se dirigió a la casa de los Tofts y una vez allí y de manera increíble ayudó a hacer parir un total de nueve conejos. Peor aun, como si ya parir conejos no fuese poco, todos nacieron muertos y mutilados. El suceso ganó tanta popularidad que el mismo rey envió a su consejero médico, Nathanael Saint André, a revisar el caso. Al reunirse éste con Mary ella confesó haberse antojado inmensamente con carne de conejo durante su embarazo, por lo que pasó varios días dedicándose a perseguir conejos sin éxito alguno. Asombrados, y tras presenciar en carne propia una nueva camada de conejos mutilados saliendo de las entrañas de Mary los enviados reales decidieron llevarla a Londres para poder estudiarla en detalle. Todo el mundo creería la historia de Mary, y tal sería el furor popular que miles de personas se reunieron en torno a la casa donde se hospedaba la joven. Sir Richard Manningham, uno de los estudiosos encargados de supervisar el caso y quien sospechaba de un engaño, con el fin de asustarla para ver su reacción sugirió delante de la chica que los médicos londinenses debían de “abrirla en dos y analizar su útero”. Al escuchar esto partió en lágrimas y confesó que ella misma había introducido las partes de conejo con el fin de ganar fama y recibir una pensión del real. Si bien Mary volvió a su casa y continuó con una vida normal, Howars y Saint André quedaron tan humillados por haber creído completamente la historia que sus carreras quedaron arruinadas.

Si bien la historia era falsa, en el creer popular la leyenda de “Mary, la madre de los conejos” quedó como algo verdadero e insólito.

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