Tag Archives: Líderes

El sultán que intentó destruir las pirámides

Las pirámides son el mayor testamento de la ingeniería egipcia, una obra tan avanzada para su tiempo y tan espectacular que a veces para darnos una idea del contexto de las mismas es útil el recordar que cronológicamente Cleopatra se encuentra más cercana a nuestros días que a la construcción de las pirámides. En efecto, la Reina ptolemaica nació hace unos 2.085 años, más precisamente en enero del año 69 a. C. en Alejandría. La Gran Pirámide de Giza, no obstante, fue construida durante la 4ta Dinastía, hace aproximadamente unos 4.600 años, lo que distancia a la Gran Pirámide de Cleopatra en unos 2.515 años.

Si bien son una maravilla, no todo el mundo a lo largo de la Historia pensó lo mismo, en especial un extremista islámico del siglo XII quien se puso como tarea el destruir las pirámides por ser “instrumentos de idolatría”. Éste extremista no era cualquier persona, sino que se trataba de Al-Aziz Uthman sultán de egipto y el segundo hijo de Saladino, famoso por luchar contra Ricardo Corazón de León durante la Tercera Cruzada

Es así que Al-Aziz comenzó a destruir pirámides menores, siempre ordenando a sus hombres el remover las piedras base de las mismas. Posteriormente comenzó a ocuparse de las pirámides medianas, dañando la pirámide de Micerino, la cual por fortuna no colapsó pero sí quedó con una franja o brecha en una de sus caras producto de la remoción de piedras. Según recuentos de la época los trabajos duraron ocho meses, y el mayor problema con el que se encontraron los mineros contratados para ésta tarea fue que además del arduo trabajo de remover las piedras, al hacerlo las mismas caían enterrándose en la arena lo que llevaba a que el acceso hacia la cara fuese cada vez más difícil. En efecto, los mismos encargados de destruir la pirámide fueron los que le comunicaron al caprichoso líder que la destrucción de la misma sería tan costosa como su construcción.

Sin embargo, el sultán no se contentaba con atacar a las pirámides menores y su meta era el destruir la más grande de todas: la Gran Pirámide de Giza. Al-Aziz entonces comenzó a juntar fondos y a reclutar un verdadero ejército de trabajadores para concretar dicho fin. Durante varios meses los trabajadores intentaron todo tipo de técnicas para remover las grandes y pesadas piedras de la Gran Pirámide, sólo pudiendo llegar a remover fracciones de algunas piedras ubicadas en uno de los vértices. El talento de los ingenieros egipcios pudo más que el fanatismo del extremista, y durante esos meses Al-Aziz despilfarró tanto dinero para tan sólo provocar un daño minúsculo que terminó abandonando por completo su idea de destruir las pirámides.

Artículos relacionados
De como mover un frágil obelisco de 4 mil años.
Desenterrando el obelisco egipcio más grande alguna vez construido.
El hombre que pensó distinto a todos y logró traducir los jeroglíficos egipcios.
El sello que protegió la tumba de Tutankamón durante 3.245 años.

Incitatus el caballo que gobernó a Roma

Caligula e incinatusSabemos de caballos pura sangre que son cuidados como reyes, o de caballos famosos que eran amados por los generales de sus países al punto de permitirles comer en su mesa, pero ninguno de éstos equinos llegó siquiera a asomarse a lo que fue Incitatus, el caballo más poderoso del mundo. La Consulatura fue desde la caída de los Reyes Etruscos el cargo de mayor poder político en Roma. Ocupado y respetado por magnánimas figuras de la talla de Escipión, Gayo Mario, Sula, Julio César, etc esta oficina oficina comenzó a perder poder con la llegada del Imperio. Si bien Augusto, el primer Emperador, la respetó a pesar de haberle quitado poderes, no fue así con los Emperadores subsiguientes los cuales la veían como una seria amenaza. Uno de éstos irrespetuosos fue nada más y nada menos que el tristemente famoso Caligula. Caligula estaba literalmente enamorado de su caballo, de hecho estaba absolutamente seguro que éste le hablaba y que sería el único que no lo traicionaría. Tanto aprecio le tuvo que envió a construirle un establo de mármol decorado con detalles teñidos de costosísima purpura, un collar de piedras preciosas y una estatua de marfil. No solo de bienes materiales sería Incitatus bañado, sino que además se lo casaría con una hermosa y noble mujer de nombre Penelope y, en lo que enloquecería al Senado, se lo declararía como Cónsul de Roma. De esta manera Incitatus pasaría a la historia como el único caballo en haber sido un elevado dignatario de una súper-potencia mundial.

Caligula e incinatus

Quizás caligula no estaba tan loco y sus acciones hayan sido solo para enfurecer a los Senadores, a quienes odiaba y despreciaba, como afirman a regañadientes los historiadores modernos. Sin embargo, de algo podemos estar seguros: Incitatus -que en español significa “el veloz”- tuvo una muy buena vida 😆

La mayor batalla naval de la historia

Es llamativo que se haya librado una batalla entre 1.500 barcos y 250 mil navegantes, sin embargo es sorprendente que esta se haya disputado hace aproximadamente 2500 años. Y es que entre los griegos y los persas existía un odio tan inmenso que prácticamente movilizaron sus países enteros para armar dos armadas tan monumentales que incluso dos milenios y medio después aun no se ha vuelto a librar una contienda naval con tantos barcos ni con tantos hombres.

TemistoclesLos griegos fueron una clase especial y única cuya magnificencia jamás se ha vuelto a repetir. Enfocados, lógicos y apasionados luchaban hasta lo último de su ser con el fin de proteger su civilización. En el 480 AC Persia era un imperio poderosísimo, no solo cientos de miles de soldados sino que centenares de navíos apoyaban sus invasiones. Sin embargo, no había armada o ejército que doblegara el espíritu helénico, y habiendo disputado monumentales batallas terrestres como la de Maratón o la heroica batalla de Termópilas, ahora quedaba enfrentarse en el mar.

El ejército Persa era enorme, y aun presentando las más decididas batallas los griegos no pudieron evitar que arrasaran Atenas. Sus ciudadanos, ahora refugiados en la isla de Salamina, enfrentaban una muerte segura la cual fue evitada por el ingenio de Temístocles quien tras una serie de artilugios y decisivas estrategias logró, con sus 350 vapuleados trirremes, vencer a más de 1271 navíos pesados persas. Astutamente consiguió llevar la tierra al mar, utilizando sus navios como transporte para descargar hoplitas en los barcos persas y eliminar a sus tripulaciones. El resultado de la batalla fue tan monumental que Xerxes -o Jerjes si se prefiere la versión castellanizada del nombre- volvió a Persia totalmente frustrado abandonando sus planes de conquista.

Batalla de salamina

Nota: Si nos referimos al tamaño de la batalla en poder de fuego sin duda alguna nos referiríamos a la batalla del Golfo de Leyte en la segunda guerra. Batalla en la que participaron 17 portaviones, 12 navíos de combate, 141 destructores y 24 cruceros aliados contra otro tanto de embarcaciones de guerra japonesas. En la batalla además participaron aproximadamente 1700 aviones y fue la primera vez en la que aparecieron los pilotos Kamikaze en acción.

Batalla de salamina

Napoleón y sus escritos sobre la guerra y el cambio

Julio César y Napoleón fueron dos de los más grandes generales de la historia y ambos escribieron en detalle cómo la guerra no se mantiene igual, sino que la misma varía y se adapta a las nuevas reglas del juego constantemente, incluso durante una misma batalla. Napoleón, ciertamente, tuvo un rol muy grande en la estrategia militar moderna ya que fue el padre de una nueva generación de guerra. Sus tácticas hicieron que se abandone el asedio, modalidad predilecta durante milenios y se adopte el encuentro relámpago de tropas en el campo de batalla.

Napoleón además de general era un gran estudioso y en sus estudios los escritos y observaciones realizadas por Julio César tuvieron un lugar predominante. En su obra maestra La Guerra de las Galias César relata los acontecimientos históricos del conflicto bélico entre Roma y los Galos. Napoleón, por su parte, realizó una serie de comentarios de la obra. El siguiente es un comentario donde justamente explica el por qué se abandonó el asedio por el enfrentamiento relámpago

3. Cicerón defendió durante más de un mes con 5.000 hombres, contra un ejército diez veces más fuerte, un campo atrincherado ocupado por él desde hacia quince días. ¿Sería posible conseguir en nuestros días un resultado semejante? Los brazos de nuestros soldados carecen de la fuerza y robustez de los de los antiguos romanos; nuestros útiles para el trabajo son los mismos, pero nosotros tenemos un agente más: la pólvora. Podemos, pues, levantar murallas, abrir fosos, cortar árboles, construir torres en tan breve tiempo y tan bien como ellos, pero las armas ofensivas de hoy poseen un poder muy diferente de las de los antiguos, como diferentes son sus efectos. Los romanos deben la persistencia de sus triunfos a un método que no abandonaron jamás y que consiste en acampar invariablemente por las noches en un campamento fortificado, en no dar nunca una batalla sin tener a sus espaldas un campo atrincherado que les sirviese de refugio y donde encerrar sus víveres, sus bagajes y sus heridos. La naturaleza de las armas en esos tiempos era tal, que en tales campamentos se sentían no sólo al abrigo de los ataques de un ejército igual, sino incluso superior; eran dueños de combatir o de esperar una ocasión favorable. Mario es atacado por una nube de cinabrios y teutones; se encierra en campamento y permanece en él hasta el día en que la ocasión se le presenta favorable; cuando sale de allí lo hace ya precedido por la victoria. César llega a las cercanías del campamento de Cicerón; los galos abandonan a éste y marchan al encuentro del primero; su número es cuatro veces superior. César toma en pocas horas posición; atrinchera su campamento y soporta pacientemente los insultos y las provocaciones de un enemigo a quien no quiere aún atacar; pero la espléndida ocasión no tarda en presentarse; sale entonces por todas las puertas; los galos son vencidos. Continue reading Napoleón y sus escritos sobre la guerra y el cambio