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Navegando por el río más contaminado del mundo

En China existe un río que cruza el distrito industrial de Linfen y que está trayendo más de un dolor de cabeza a los políticos locales. El mismo es utilizado por distintos organismos ambientales y críticos como un símbolo de la contaminación desmedida producto del crecimiento industrial frenético que ha experimentado el país asiático durante los últimos 30 años. No obstante, y aunque cueste creerlo, hay un río que se encuentra en peores condiciones.

Este es Citarum en Java Occidental, Indonesia y cuyo recorrido de 300 kilómetros se transforma en el basurero público de más de 15 millones de personas y un sin fin de pequeñas fábricas de producción local que arrojan todos sus desperdicios al agua. Sólo en deshechos hogareños el río recibe más de 2500 metros cúbicos de basura a diario, y a eso se le deben añadir los deshechos arrojados por los cientos de talleres textiles, principal motor económico de la región, que tiran todo tipo de tinturas y productos químicos al agua, incluidos productos tales como arsénico y mercurio, utilizados para el tratado de telas.

La contaminación del río es un fenómeno relativamente reciente, ocurriendo en su mayor parte y de manera frenética durante los últimos 25 años; lo que ha empujado a los otrora pescadores a volcarse a la recolección informal de residuos para sobrevivir (los cuales venden a distintos depósitos al terminar el día por una cantidad de dinero miserable). El agua contaminada, de un hedor putrefacto y color marrón es, al igual que el agua del Ganges en la India, utilizada por la mayoría de la población para bañarse, cocinar y además beber. Además de las zonas rurales de Java, el río también suministra el 80% del agua que se consume en Yakarta, capital de Indonesia. Sin embargo, como es de esperar, debido a la fuerte desigualdad social las áreas de mayor poder adquisitivo poseen sus propias plantas de purificación agua.

Cactus dome, el basurero nuclear peor contaminado

Ubicado en la isla de Runit, la cual forma parte del atolón de Enewetak en las Islas Marshall, se encuentra una asombrosa estructura de concreto, plomo y acero que es el legado vivo de la peligrosidad de las pruebas atómicas a gran escala: El Cactus dome, como su nombre en inglés lo indica, es un domo que hoy día sirve de contenedor a la enorme cantidad de desechos radiactivos generados a causa de la serie de pruebas atómicas llevadas a cabo en las islas de la zona -principalmente en los atolones de Bikini y Rongelap-. La gran ironía es que el enorme pozo que cubre el domo, de unos nueve metros de profundidad por 107 de ancho, es el cráter producido por la masiva explosión atómica que tuvo lugar el 5 de Mayo de 1958 conocida como el “Cactus test”.

El domo, construido conjuntamente por la Comisión de Energía Atómica, la Agencia de Defensa Nuclear y la Guardia Costera de los Estados Unidos, entre 1977 y 1980 a un costo de 239 millones de dólares. Guarda aproximadamente 85 mil metros cúbicos de desperdicios radiactivos, entre los que podemos encontrar restos de barcos y estructuras hasta el suelo mismo del hipocentro de las explosiones. -de hecho una idea visual de su gran tamaño la obtenemos al darnos cuentas que esos “puntitos” que aparecen en la imagen sobre su superficie son seres humanos-

El siguiente video fue producido por la Agencia de Defensa Nuclear de los Estados Unidos. En el se muestran las operaciones de limpieza en Enewetak. En el video puede escucharse un comentario sobre los estudios de radiactividad realizados en la zona, mediante los cuales se llegó a la conclusión de que la contaminación resultó ser tan extensa que la posibilidad de vida animal o vegetal en las islas se había vuelto imposible. Por esta razón se decidió remover el suelo de las zonas más contaminadas y enterrarlo junto a otros desperdicios en uno de los cráteres.

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Del Gran Apestamiento a la Gran Peste

Los problemas de una metrópolis sobrepoblada e industriosa como era el Londres Victoriano fueron y son la suciedad. Si bien en el presente se han creado leyes y se ha concientizado a “no ensuciar” en el pasado esto no era así, y desde fábricas hasta personas e incluso los barcos arrojaban todos sus desperdicios al río. Gradualmente el Thames se convirtió en una gran cloaca y los olores eran realmente insoportable. Todo esto llevó a que en el año 1858 el calor del verano comenzara a largar un vaho insoportable, los miembros del Parlamento abandonaban las seciones vomitando y el Primer Ministro Disraeli debió salir corriendo de su despacho con un pañuelo en la nariz al no soportar la hediondez de su presente en el mismo. Con el fin de solucionar el problema se comisionó al legendario ingeniero Joseph Bazalgette para construir un colosal sistema de cloacas que administrara los desechos de la ciudad. Desgraciadamente Bazalgette nunca podría haber imaginado que el solucionar el “Gran Apestamiento de Londres de 1858” sería el trampolín para “La Gran Peste de Londres de 1892”, en la cual millones de ratas criadas en las cloacas invadieron la ciudad, y causando una epidemia de cólera nunca antes vista.

Como resultado Bazalgette fue utilizado como chivo expiatorio y todos los políticos lo comenzaron a culpar de la peste, de hecho, y a pesar que el mismo Bazalgette y sus antepasados eran ingleses, varios políticos preferían llamarlo bajo el apodo de “el francés” a causa de su apellido con el fin de echarle la culpa a Francia. Por supuesto ninguno reconoció que en casi 40 años nunca se realizó una limpieza intensiva del sistema de cloacas, lo que dio el pie para que las ratas encontraran un ambiente propicio. De todas maneras este es un buen ejemplo de como la solución de un problema menor lleva a uno mucho mayor.

Más allá de la extinción, las advertencias de lso basureros nucleares

El miedo a la extinción propia del hombre no es solo territorio de las películas de ciencia ficción. Preocupados por esto muchos científicos comenzaron a investigar como evitarlo, otros, y aquí viene lo interesante, comenzaron a pensar qué soluciones, o mejor dicho qué hacer, en caso de que inevitablemente la extinción de la humanidad producto del fuego nuclear golpeara la puerta. Es así que un grupo de especialistas en semiótica (ciencia que dedica a estudiar los signos,sus relaciones y su significado) comenzó a desarrollar un lenguaje iconográfico para advertir a seres inteligentes el significado de un peligro inminente (como residuos nucleares, o algo dañino). El mayor problema se planteó desde la perspectiva que la simbología actual, natural y familiar a la humanidad, así como la utilización del lenguaje sería inútil.

Después de todo éstos seres podían ser o bien sobrevivientes humanos reducidos a un estado neolítico, que perdieran todo contacto con los lenguajes actuales; o una nueva especie inteligente que evolucionara en la Tierra tras la extinción de la humanidad. Luego de una intensa investigación se desarrollo un gráfico cuya función es la de comunicar el peligro de la radiación a un ser inteligente. Estos símbolos se encuentran distribuidos por todos los basureros nucleares de Estados Unidos.