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Corea del Norte, el último gran exportador de estatuas gigantes

Corea del Norte sufre en la actualidad de incontables sanciones internacionales que limitan su capacidad de comercio exterior. Incluso la misma China que hasta hace algunos años apoyaba al país peninsular de manera inquebrantable ha comenzado a ejercer cierto rechazo contra el nuevo gobierno e imponer severos castigos. No obstante, hay algo en lo que, al menos en el presente, nadie puede reemplazarlos: la construcción de estatuas gigantescas a bajo costo.

Corea del Norte es el último país del mundo donde el estilo artístico, arquitectónico y estético denominado como realismo socialista aun permanece vigente y dominante. Este estilo, reconocible a primera vista y representado por obras tales como las pinturas de Gerasimov o la emblemática estatua El obrero y la koljosiana (de la cual ya hemos hablado en Anfrix, la misma fue el producto de la competencia de la preguerra entre Alemania y Rusia) se caracterizó entre otras cosas por la utilización constante y prácticamente omnipresente de estatuas de gran tamaño.

La gran mayoría de las enormes estatuas fabricadas en Corea del Norte tanto para su utilización local como para la exportación provienen de una sola fabrica que emplea el trabajo de más de 4500 artesanos, carpinteros y herreros. La misma fue establecida en 1959 en el distrito de Mansudae tanto para la producción de estatuas como para la impresión de elementos de propaganda gráfica. El “Estudio Mansudae”, como se lo suele denominar, es la compañía más próspera del denominado Buró 39, el organismo enfocado en el comercio internacional de dicho país. El cual se cree es también el mayor productor a nivel mundial de billetes falsos de 100 dólares, según estima el Departamento de Estado de los Estados Unidos.

Sus clientes internacionales son variados, desde países africanos, como es el caso de Senegal quienes pagaron 27 millones de dólares por una estatua de 49 metros denominada “El Renacimiento Africano” en el 2010 (esta no es sólo una estatua, sino que se puede ingresar a la misma y ascender hacia un mirador superior). Al igual que Senegal varios otros países de África como el Congo, Etiopía, Zimbabwe, Angola, Chad y Benín entre otos han comisionado estatuas por cientos de millones de dólares.

No sólo países contratan los servicios norcoreanos, magnates como la familia Benetton y museos como el Museo nacional de Camboya han adquirido los servicios del estudio. Generalmente los contratos internacionales se realizan a través de una compañía basada en Italia la cual es simplemente una oficina que sirve como canal de comunicación entre Pier Luigi Cecioni, el director de la compañía, y el gobierno de Corea del Norte. Quizás esta sería una historia pintoresca si no fuese por los hechos anteriormente mencionados. La mayoría de las estatuas son adquiridas por países extremadamente pobres en África, quienes pagan en efectivo ya que debido a las sanciones no se pueden realizar transferencias bancarias hacia el país asiático. Por ejemplo Namibia hizo en el pasado encargos por más de 100 millones de dólares mientras que Zimbabue despilfarró docenas de millones de dólares en dos estatuas del dictador Robert Mugabe, las cuales actualmente se encuentran en un depósito y serán utilizadas cuando este, actualmente en sus 92 años, pase a mejor vida.

El sombrerero enloquecido por los vapores de mercurio que fue la inspiración de Lewis Carroll

Alice’s Adventures in Wonderland de Lewis Carroll es uno de esos libros con múltiples interpretaciones dependiendo de la edad en la que se lo lea. Repleto de eventos fantásticos y personajes extraños es el Sombrerero Loco uno de los personajes más famosos e inolvidables no sólo de ésta obra sino de la literatura de fantasía en su conjunto. Su singular excentricidad, locura que a la vez parece por momentos un tanto cuerda y carisma inagotable son algunas de las características que hacen de éste un personaje tan entretenido. Si bien el libro en sí es una obra digna de una imaginación única y privilegiada, curiosamente Carroll no debió de haberse esforzado mucho a la hora de crear a éste personaje, ya que de hecho los sombrereros de su época estaban todos locos.

El proceso de curación que requerían los diferentes materiales que conformaban los sombreros de copa de antaño requería, entre otros materiales, la utilización de nitrato de mercurio. Si les llegaba el éxito, más sombreros debían producir y por ende respirar más y más vapor de mercurio en su trabajo, volviéndose así completamente locos y excéntricos. Por dicha razón la población en general comenzó a asumir que el arte de realizar sombreros era “un oficio de locos”. Muchos de éstos sombrereros además terminaban padeciendo una condición denominada como “hatters’ shakes” (temblores de sombrereros) causada por el daño nervioso que causaba el vapor de mercurio. No fue sino hasta 1869 que la Academia Nacional de Ciencias francesa describió el problema y sus causas, y recién en 1898 comenzaron a implementarse las primeras regulaciones obligando a los sombrereros tanto artesanales como las manufactureras industriales de sombreros a utilizar protección respiratoria durante el proceso de curado de materiales.

El verdadero sombrero loco, fue de hecho un sombrerero loco en la vida real. Theophilus Carter fue un singular personaje que trabajaba principalmente en Oxford y que solía pararse en la puerta de su negocio vistiendo un llamativo sombrero de copa y gritándole a todo el mundo que pasara cerca de su establecimiento. Theophilus era una bomba de tiempo, ya que no siempre enloquecía, sino que a veces se trenzaba en intensos debates sobre varios temas de los cuales tenía un conocimiento privilegiado, por lo que mucha gente corría el riesgo y se acercaba a hablarle. No sólo su presencia era llamativa, sino sus invenciones y maquinarías eran realmente asombrosas, entre ellas una “cama despertador” que al momento de despertar a su “víctima” ésta accionaba un mecanismo inclinado que tiraba a quien esté durmiendo al piso. El mismo Sir John Tenniel, ilustrador de Carrol, viajaria a Oxford para darle vida al sombrero de Alicia inspirándose en la figura de Theophilus.

Koyosegi, los asombrosos rompecabezas mecánicos de madera japoneses

Los koyosegi son la mezcla perfecta entre el arte y la ingeniería. Éstas cajas, que pueden ser tanto rompecabezas mecánicos como combinaciones y series de trabas, obtienen parte de su nombre del yosegui, una antigua técnica de carpintería en la cual se unen distintos tipos de madera para formar patrones de formas y colores. Luego, mediante la utilización de garlopas, se extraen finas capas de cada patrón creando así delgadas láminas de madera decorativa que se utilizan para cubrir cajas u otros adornos.

Los mecanismos llenan la mayor parte del volumen interior de las cajas, y sólo tras descubrir la manera de accionar casa uno se podrá ir accediendo de manera secuencial a los niveles más altos. Generalmente el objetivo de éstas cajas radica en ir resolviendo los rompecabezas hasta llegar a un compartimiento final, el cual puede contener una sorpresa o un premio.

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El corto sobre los sopladores de vidrio en Holanda que ganó un oscar

Hace un tiempo atrás vía Reddit me topé con Glas, es un corto holandés filmado en 1958 con cámaras especiales para atrapar de manera tenue la luz emitida por los cristales recién sacados de los hornos. Bert Haanstra, el director y productor del mismo, pasó más de tres meses ajustando sus equipos, y el resultado es un material fílmico único y exquisito. El corto, que documenta el trabajo de los artesanos en la Royal Leerdam Glass Factory ganó un Oscar en 1959 debido a su belleza visual.

Los microbios de vidrio de Leopold Blaschka

Microbio de vidrioEl siglo XIX, impulsado por la inmensa prosperidad que la Reina Victoria trajo al Reino Unido, vio algunos de los mayores avances científicos de la historia. Pero por sobretodo, fue artífice de una reforma académica que dio nacimiento a la ciencia moderna. Rigurosa, y extremadamente metódica, la enseñanza en las mayores universidades de Europa, y sobre todo las británicas, comenzaría a requerir de herramientas de aprendizaje capaces de transmitir ideas de manera visual.

Es así que se dio inicio a todo un arte en si mismo, las esculturas de vidrio y cerámica anatómicamente correctas. Esculturas que representaban desde tejidos hasta organismos microscópicos en magnífico detalle. Si bien el utilizar esculturas en la enseñanza provenía de mucho antes, los griegos y romanos utilizaban figurillas de barro para describir ciertos animales u órganos, fue en esta época en la que las mismas comenzaron a fabricarse de manera rigurosa y precisa para ser utilizadas en los salones de enseñanza mismos.

CelesiasPulpo de vidrioArgonautas

No obstante de todas estas, fueron las realizadas por Leopoldo y Rodolfo Blaschka, padre e hijo, las más espectaculares e impresionantes alguna vez hechas. Denominados a si mismos como artistas de la historia natural, se especializaron en fabricar microbios y animales marinos, creando coloridas bestias de vidrio capaces de asombras a cualquiera. Su trabajo sería encargado por instituciones y museos, y si bien se especializaban en reproducir seres microscópicos, realizarían varias esculturas de medusas, crustáceos, y otros seres marinos.
Escultura de vidrioOrganismo de vidrioMicrobio de vidrio

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Varias fotografáis sobre criaturas marinas de vidrio
El hallazgo de la colección perdida de criaturas de vidrio fabricadas por los Blaschka en el Madison Zoological Museum.

Ciudades de otro mundo

La ciudad de galletas
Seattle hecha con galletas.El armar ciudades o edificios con comida es una tradición muy antigua en China, de hecho se remonta a la época de los mongoles. En la que en los banquetes ciertos platos se servían con formas reconocibles del lugar donde se encontraban. Si bien la tradición con el tiempo se perdió, basándose en la misma, el artista chino Song Dong diseño en Inglaterra más precisamente en el centro comercial Selfridges, una ciudad a escala hecha con docenas de miles de galletas, dos puentes colgantes y un castillo.

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La ciudad de tres millones de fósforos
En Iowa, Estados Unidos, existe un pueblo miniatura construido enteramente con fósforos (cerillas, diablillos, etc). Desde una catedral, pasando por una catedral similar a Notre Dame, un enorme castillo  hasta un capitolio construido con medio millón de fósforos, son algunas de las maravillas que habitan este reducido pero singular y único pueblo.

La ciudad tambaleante
Ciudad de naipesBryan Berg tiene uno de los hobbies más excéntricos de los que yo haya escuchado: construir enormes castillos de naipes, y cuando digo enormes, no me refiero a una casita, sino a edificios enteros que superan los tres metros de alto, compuestos por varias torres, puentes, entradas y hasta salones. A sus 33 años entró en el libro de récords Guinness al construir el castillo de cartas más grande del mundo, el cual se alzaba a poco más de 7,7 metros.

Su talento es tal que vive de esto, y distintas convenciones en países como Alemania, Dinamarca y Japón lo contratan para que éste construya, con naipes, edificios emblemáticos de dichos países. Su estilo de construcción es también muy interesante, ya que utiliza geometría repetitiva (como la vista en los panales de abejas) para ir construyendo los edificios por secciones y celdas. Así mismo, debe buscar la manera de ir combinando la masa de las distintas estructuras para lograr que su construcción posea una integridad suficiente como para soportar varios kilos de cartas en las estructuras superiores.  Puedes visitar su página para ver más videos e imágenes haciendo click aquí.

Jack Hall un lutier de otro mundo

Afortunadamente en la humanidad existen personas que rompen todos los moldes y traspasan esa difusa frontera entre la locura y la genialidad. Jack Hall fue una de éstas rarezas biológicas y su obsesión lo llevó a crear maravillas asombrosas. Negativo a desperdiciar tanta madera, que según su opinión era de excelente calidad, Jack decidió guardar todos los fósforos -cerillas/diablillos/matchsticks- quemados que encontraba en el barco donde trabaja como marinero. No obstante, tras varios años se encontro con un particular problema: ya no sabía que hacer con tanta madera suelta, por lo decidió salir con una ingeniosa y totalmente descolorada solución: pegarlos y construir instrumentos musicales.

Las primeras creaciones eran bastante amorfas y sin un atractivo considerable, sin embargo Jack no se cansaba y seguía construyendo cosas a partir de fósforos quemados. Los años y la práctica llevaron a que se fuese destacando y perfeccionando su técnica, así, gradualmente, logró crear maravillas dignas de admiración, construyendo desde relojes hasta mini molinos de viento. No obstante, no sería hasta escuchar la sugerencia de un marinero amigo que el tímido Jack decidiera crear un violín. El mayor problema radicaba en que no sabía cómo ya que la música era algo desconocido para él, sin embargo lo compensaba con su incansable dedicación. Es así que en cada puerto al que el barco llegaba Jack visitaba negocios de música parándose a observar los instrumentos y a hacer bosquejos de estos en secreto, para salir corriendo cuando algún vendedor se le acercaba a preguntarle que deseaba.

Al volver a la mar Jack dedicaría cinco horas al día durante seis meses para formar un violín a partir de 14 mil fósforos quemados y con un sonido de calidad sorprendente. Finalizada su obra se le presentó un gran problema, dónde iría a guardar su flamante instrumento si no tenía una valija apropiada para este fin. Sin darse por vencido prontamente emplearía los siguientes meses en construir una valija de varios miles de fósforos. De esta manera durante las siguientes décadas nuestro artesano fuera de serie agregaría a su colección desde mandolinas hasta banjos pasando por guitarras acústicas y otros instrumentos complejos. Al morir en 1993 a la edad de 86 Jack dejaría una colección de 26 instrumentos con sus respectivas valijas de transporte los cuales son hoy día cuidados por su hijo.

Los autómatas sirvientes del Japón en el Siglo XVIII

Existen desde hace varios siglos una gama de dispositivos mecánicos denominados Karakuri ningyo cuya función era la de servir el té y actuar en los festivales. Su traducción más cercana al español podría ser “Persona mecánica para tomar a alguien por sorpresa”* y justamente se los utilizaba con la intención de agasajar invitados mostrando algo novedoso y llamativo, un símbolo de estatus social y riqueza.

Estos autómatas estaban basados en un simple mecanismo que les permitía moverse limitadamente cargando una taza de té de un punto a otro. Si bien sus mecanismos eran relativamente similares existen diferentes modelos. Entre los más importantes se encuentran los Zashiki Karakuri, de gran tamaño y generalmente utilizados en teatros y salones; los Dashi Karakuri utilizados para representar dioses en festivales religiosos; y los Zashiki Karakuri diminutos, del tamaño de un perro pequeño, utilizados dentro de las casas para sorprender a los invitados. Esta versión funcionaba de la siguiente manera: Cuando una taza de té era puesta en su bandeja, el peso accionaba el disparador del mecanismo, y el autómata comenzaba entonces a caminar en línea recta hacia el invitado. Al llegar éste tomaba la taza y el autómata inmediatamente quedaba inactivo a su lado. Cuando terminaba de tomar el té, el invitado entonces ponía nuevamente la taza en la bandeja haciendo que el mecanismo de una vuelta en U y vuelva al dueño de la casa con la taza vacía.

Ademas de servir el té las versiones de tamaño real utilizadas en teatros y festivales poseen complejos sistemas de movimiento que les permitían hacer gestos o rutinas especiales, ya que generalmente se utilizaban como actores mecánicos para representar a dioses o personajes históricos.

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Sitio especialmente dedicado a éstos autómatas -en inglés-
Imágenes del interior de un Karakuri