La leyenda del gran alquimista inmortal

Cuenta la leyenda que de todos los alquimistas que invirtieron sus vidas en la búsqueda de la Piedra Filosofal sólo uno tuvo éxito. Corría el siglo 15 y los alquimistas comenzaban, lenta pero gradualmente, a diversificar su atención del mundo material hacia la medicina, no era para menos ya que las pestes carcomían sin la menor piedad a las poblaciones de toda Europa. Sin embargo, entre los oscuros pasillos de las librerías de París, habitaba un singular y llamativo personaje de personalidad excéntrica y de inmensa sabiduría llamado Nicolas Flamel. Del cual se dice, con un poco de inocencia y otro poco de romanticismo, que ha sido el único en alcanzar dos de las metas soñadas por todo alquimista: Obtener la piedra filosofal; y descubrir el secreto de la inmortalidad.
Si bien realmente existió un alquimista llamado Nicolas Flamel, incluso su casa, que hoy en día es un restaurante parisino, y parte de su laboratorio son conservados, es lógicamente improbable que la historia sea cierta -quien me lea regularmente sabe que tengo una mirada extremadamente escéptica del mundo, pero también saben que me fascina el folklore, la mitología y las leyendas- así que tomaremos todo lo que sigue a continuación no como un hecho factible sino como una bella y colorida leyenda:
Cuenta la leyenda que una fría noche mientras Nicolas buscaba información sobre piedras un extraño hombre, el cual se presenta a si mismo como Abraham el Judío, se le acerca y tras una breve charla le regala un curioso libro. El libro estaba cargado de escrituras Cabalistas y Mitología Griega, algo que llamó inmediatamente la atención de Flamel. Inmediatamente tras recibirlo se
Símbolos de la tumba de Flamel (actualmente en el museo de Cluny) (Click para ampliar)
pondría la meta de descifrar sus secretos, tarea que consumiría toda su vida. Como era tal el caudal de información y misterios que la obra contenía, Nicolas, se encuentra en la necesidad de consultar a varios sabios, por lo que comienza a recorrer el mundo. Viajando a España, en tierras Andaluzas, se entrevista con varias autoridades religiosas y lentamente va creando manuscritos explicando el libro. Un día, gracias a la fortuna, logra encontrar al “Maestro Canches”, un hombre de inmensa sabiduría, y quien sería su llave para develar el misterio. Tras muchas charlas deciden viajar hacia París, con el desgraciado resultado de la muerte de Canches por una enfermedad durante el viaje. Tal acontecimiento no frenaría el deseo de Nicolas y éste, muy empeñado, lograría tras varios años descifrar los misterios del tomo y conseguir la deseada Piedra.
Una vez con la piedra en su poder Flamel se volvió extremadamente rico y comenzó, como un Bill Gates de antaño, a aburrirse del dinero y regalarlo. Decenas de hospitales, librerías y escuelas fueron construidas bajo su padrinazgo -y curiosamente algunos edificios aun conservan escrituras con su nombre- . De todas maneras el tiempo iría predando su salud y la vejez prontamente llegaría a hacerle una última llamada. A su muerte su entierro fue llevado a cabo de la manera exacta que Nicolas había exigido, incluso fue utilizada una extraña lápida cargada de simbologías y runas -que hoy se encuentra expuesta en el Museo de Cluny-. Pasado un tiempo de su muerte ya todo el mundo se había olvidado del extraño personaje, pero, como no queriendo irse, Flamel sorprendería al mundo incluso una vez más. Unos meses después de su entierro, por cuestiones legales, debe abrirse su tumba ante la rigurosa mirada de abogados y hombres de ley. Lo que éstos hombres, ni el pueblo entero, podían haber imaginado es que al abrir la tumba esta se encontraba vacía sin ningún resto humano y sin ninguna señal de forzamiento o rotura. Quedando así el destino del viejo alquimista en el más oscuro y absoluto de los misterios.

Robame y mueres: El abuelo del copyright

Hoy en día gracias a dispositivos magnéticos en librerías y una meticulosa catalogación y política de registro en bibliotecas, se evita, o al menos se intenta, el robo de libros. En el Medioevo, era muy difícil obtener copias de manuscritos y libros, no es para extrañarse, el hecho de crear cada copia a mano hacía que la velocidad de edición, y consecuentemente su valor, se elevara lo suficiente como para hacer que la obtención de un ejemplar fuese realmente difícil. Debido a esto un libro era, literalmente, un tesoro, y como todo tesoro era victima del robo. Desgraciadamente las bibliotecas y libreros de la época no poseían los modernos métodos anti-robo del presente. No obstante, contaban con un arma mucho mas efectiva: la superstición. Es así que en los libros medievales habitan algunas de las mas creativas y singulares maldiciones, he aquí algunas de ellas:


Que la espada de anatema mate
A cualquiera que éste libro saque

Cualquiera que robe este libro
Será colgado en una horca en Paris,
Y si él no es colgado será ahogado.
Y si él no se ahoga, será quemado,
Y si él no es quemado, un fin peor le caerá.

Si alguien toma éste libro, déjenlo sufrir la muerte; déjenlo ser frito en una sartén; déjenlo enfermar y que la fiebre lo elimine; déjenlo ser quebrado en la rueda y colgado. (Siglo 12)

Cualquiera que tome éstas páginas
una piedra rondará sus testículos
y cuando la podredumbre lo acose
agusanada será su agonía

Si eres mi poseedor, disfrútame con tenor;
más si eres un vil ladrón
una peste más negra que la noche terminará con tus días.

Aclaración: Estas maldiciones, y muchísimas más, fueron recopiladas por los historiadores Marc Drogin en su libro “Anathema!: Medieval Scribes and the History of Book Curses.” y Nicholas Basbanes en su libro “A Gentle Madness: Bibliophiles, Bibliomanes, and the Eternal Passion for Books”. (En el caso del de Marc Drogin, que está fuera de circulación, pueden bajarlo de la mula -espero que no les caiga una maldición por eso :lol:-)

Marco Polo y los borrachos voladores

Nunca había leído sobres los viajes de Marco Polo, hasta que hace unos días leyendo un libro de Calvino en el que relata una charla (imaginaria) entre Marco Polo y Kublai Kahn me interesé bastante en sus crónicas. De todas las maravillas que leí el más interesante, y por qué no extremadamente llamativo, de sus relatos radica en una antigua costumbre de los mercaderes chinos para predecir el futuro.

Haciendo volar al borracho
El alcoholismo nunca estuvo bien visto en China, de hecho, durante mucho tiempo se asoció con oscuras creencias demoníacas. Por esta razón, los que tenían el hábito de beber de más muchas veces sufrían ataques y reprimendas de la población y las autoridades. Sin embargo, fueron los mercaderes de seda y otros bienes los que desarrollaron la más oscura de las costumbres con respecto al maltrato de los alcohólicos -no porque lo reprobaran, sino porque eran la víctima perfecta para utilizar en sus pronósticos-. En el siglo 13 viajar por mar era algo muy peligroso y preocupante por lo que lógicamente los marinos buscaban varios amuletos que les aseguraran, al menos mentalmente, la tranquilidad de un buen viaje. En sus relatos, Marco Polo describe la más extraña de todas las costumbres cuando relata como éstos marinos mercantes, en busca de augurios, acostumbraban capturar un borracho cerca del puerto justo antes de zarpar. Una vez encontrada su víctima procedían a atarlo en un particular cometa de grandes dimensiones el cual además contaba con un sistema de cuerdas que permitía un rudimentario control de vuelo. Con asombro, Marco, fue viendo como varios hombres empujaban la cometa y desde tierra, gracias a una larga cuerda, controlaban su vuelo para lograr que se elevase lo más posible. De esta manera si la cometa se elevaba por los aires el pronóstico indicaba que el viaje sería próspero y beneficioso, por lo que los marineros procedían a abordar el navío y zarpar. Al contrario, si la cometa no se elevaba, el navío se mantendría anclado en el puerto durante el año ya que el pronóstico indicaba que si llegaban a zarpar morirían lentamente por enfermedades y accidentes. ¿Y yo me pregunto, cúal habrá sido el pronóstico del borracho?

Enlaces relacionados
Compilación de textos sobre cometas y extractos del libro “KITES” (Cometas) del historiador David Phlham, donde relata en detalle la tecnología de cometas de la Asia Medieval y otros tiempos (incluidos los recuentos de Marco Polo en China). En Inglés

Colección de monstruarios

Archivado en: Arte, Historia, Medioevo

Les recomiendo visitar el siguiente sitio: Les Monstres à la Renaissance et à l’âge classique. Sin duda alguna una cita obligada a quien le interese obsevar cuan lejos podía llegar la imaginación humana en el pasado. Desafortunadamente, para quien no lo hable, está en Francés. Sin embargo, y al fin y al cabo, sólo las imágenes pueden darles un entretenido paseo visual por las rarezas de nuestro mundo literario y cartográfico Medieval o Renacentista. Es decir, éste sitio está enteramente dedicado a los montruarios: catálogos de monstruos y desviaciones de la naturaleza que azotaban la imaginación de marinos y viajeros.

Uno de mis monstruos acuaticos preferidos aparece en infinidad de mapas Medievales: El aquativo

La primer imagen pertenece a la gran obra Het Visboek del Holandes Adriaen Coenensz (1577), a mi parecer el mas hermoso y artístico de todos los libros Medievales -si, no se quejen :) yo soy de los que marcan el fin de la Edad Media en el 1600-, es, ni mas ni menos que un catalogo de monstruos de todo tipo dibujado a mano. Este sitio tiene escaneado el libro completo, no se lo pierdan. La segunda imagen pertenece al monstruario Poisson diabolique de Genser

El primer libro de cocina de la historia (1390) -y además bizarro-

El Rey Richard II de Inglaterra (1367 - 1399) tenía un gusto por la buena comida inigualable, entre los manjares con los que solía deleitarse habitaban todo tipo de comidas e ingredientes que, muchas veces, mandaba a traer especialmente de su lugar de origen por emisarios. También así su staff de cocineros era formidable, entre ellos trabajaban los mejores profesionales del reino. Esto llevó a que gradualmente fueran adoptando técnicas y recetas que, en pos de complacer a su Rey, fueran aptas a su gusto. Es así que en 1390 presentan un manuscrito con aproximadamente 250 recetas y técnicas de cocina. Curiosamente el manuscrito es el primero, en idioma Inglés, en mencionar la existencia del aceite de oliva o la utilización de recetas con ingredientes tales como ballenas y elefantes.

Si bien existen manuscritos que predatan a “The forme of Cury” estos no son libros de cocina, son más bien recetas y consejos aislados. La diferencia que presenta el libro del Rey Richard II es que es un compendio cohesivo de recetas y una completa descripción de técnicas afines a éstas. En si éste es el primer libro con la intención de enseñar a cocinar, tal cual los libros modernos. El nombre del manuscrito original es imposible de saber ya que gran parte se perdió en el tiempo “The forme of Cury” es el nombre otorgado por Samuel Pegge, librero que lo re-editó en el siglo 18.

Sin duda alguna otro de los detalles interesantísimos de éste libro es la siguiente mención en su prefacio: “Aprobación y consentimiento por los maestros de la medicina y la filosofía que componen su -refiriéndose a Richard- Corte”. Se preguntarán por qué tan singular mención. En la Edad Media la medicina y la cocina estaban fuertemente ligadas, muchas plantas y pócimas eran utilizadas para sanar pacientes y además se tenía un temor muy grande a los venenos. Mencionar la aprobación de los hombres de ciencia de la corte significaba dejar claro que ninguna de las recetas era mortal o perjudicial.
Otro de los detalles importantes es el observar la compleja elaboración de algunos platos orientados especialmente a la Corte. Se mencionan centros de mesa hechos de frutas representando batallas navales, personajes históricos y hasta figuras tamaño real de los nobles.

Como nota de color Richard II también fue el inventor del pañuelo y además fue la primer victima de La Guerra de las Rosas entre los York y los Lancaster.

Links relacionados
Escaneo de la versión del siglo 18 realizada por Samuel Pagge.

Histéricas históricas

Hoy hablaremos de la histeria, pero no del trastorno por conversión que lleva a generar la sensación de anomalías físicas en un paciente determinado, no!, dejemos la medicina moderna de lado y hablemos de una histeria mucho más preocupante: La histeria femenina, más exactamente , cómo se trató durante miles de años.


Galeno tratando una paciente

Los griegos tenían la errónea teoría, y bizarra por cierto, que el útero recorría el cuerpo de la mujer libremente. Este al llegar a la zona del pecho provocaba un apretón considerable que daba como resultado un malestar físico en la mujer y, consecuentemente, alteraba su carácter “enloqueciéndola”. De aquí la palabra histeria: útero. El tema cautivó las mentes de muchos autores clásicos que dedicarían gran tiempo a explicarlo. Por ejemplo Hipócrates y Platón lo asociaban con la menstruación y teorizaban posibles causas; incluso el gran Galeno, primer médico de la historia, que estudió el tema concluyó: “La histeria es una enfermedad causada por la falta de placer sexual en la mujer, cuya solución es la satisfacción sexual”.
Con esta base teórica del mundo clásico los doctores de tiempos posteriores utilizarían una técnica singular para “curar” la histeria: provocarle un “orgasmo medico” a la paciente. Bueno, no todas las terapias medicas antiguas tenían que ser dolorosas o sangrientas, esta, más para las mujeres, resultaría ser extremadamente placentera.
Leyendo extractos del libro: “La tecnología del Orgasmo: Histeria, el vibrador y la satisfacción sexual de la mujer” de Rachael Maines, me encontré con varios detalles interesantes. La autora se dedicó a compilar y estudiar los métodos utilizados para “curar” la histeria a lo largo del tiempo. Y es que, como es lógico, el tratamiento varió considerablemente con el pasar de las épocas. Durante la edad media y la edad clásica se recurría a alentar al esposo a que “atendiera mejor a su mujer” y, en el caso de ser soltera, a la “masturbación recetada”. Luego, con el nacer de las ciudades, comenzaron a ser doctores “especializados” en masajear el clítoris femenino los encargados de “curar” esta llamativa “enfermedad”. En la época Victoriana modelos de mesa funcionando a vapor eran encontrados en los consultorios más importantes de Londres, de hecho, era una práctica tan popular que muchas clínicas contaban con varias máquinas. No obstante, aquí viene lo interesante: la falta de tiempo y la búsqueda de comodidad llevó a que se investiguen métodos “alternativos” para conseguir el orgasmo femenino automaticamente. En primer lugar se investigaron distintos tipos de métodos hidroterapeuticos (masturbación con burbujas) pero posteriormente se fueron desarrollando los primeros vibradores electricos, tales como los que existen hoy en día solo que mas peligrosos -imaginen introducir un aparato eléctrico de principios del siglo 20 en una zona húmeda y encapsulada del cuerpo!-. Es llamativo que en un principio no eran algo taboo, de hecho, gran cantidad de modelos y tipos se vendían desde las góndolas de las tiendas y en farmacias. Fue con el pasar del tiempo, y el avance de la medicina, que este tipo de instrumentos comenzara a ser mal visto por la sociedad.

    
Anuncion publicitario ofreciendo vibradores / Tratamiento de estimulación (Francia 1860)

Muchas gracias [akmon] por sugerirme el tema en los comentarios!

Un breve paseo por la Medicina Medieval

Los médicos
Si nos enfermásemos en la Edad Media tendríamos tres posibles destinos, que variarían dependiendo del tipo de especialista que nos toque: los doctores, los monjes o los herborístas. Irónicamente caer en las manos de un doctor medieval era lo peor que podía ocurrirnos ya que éstos se basaban en amuletos y oscuras teorías relacionadas a “sobrantes de cuerpo” que llevaban a amputaciones o drenados de sangre groseros e innecesarios que, consecuentemente, terminaban en la muerte del paciente. Ser tratados por un monje era más bien esperar a que nuestras auto-defensas corporales nos salvaran de morir. Aunque un plus radicaba en que los monjes ofrecían comida y reposo al paciente, lo que en gran parte de las enfermedades “mortales” de la época (gripe, resfríos, etc) era lo suficiente como para curarnos. Por último se encontraban los herborístas, éstos, llamativamente, eran lo mejor que podría tocarnos. Basados en los conocimientos empíricos dejados por los Griegos y Romanos de las plantas y los animales, se dedicaban a realizar “pócimas” que, algunas veces, lograban recuperarnos.

Qué se creía
Existían dos tipos de teorías acerca de las enfermedades:

La creencia religiosa: se pensaba que la enfermedad era un castigo de Dios (algo heredado de los Romanos, quienes atribuían las enfermedades a enojos de los distintos Dioses Olímpicos).

La escuela Hipocrática, o de “los 4 humores”: Los humores, originalmente, no eran emociones sino que eran los fluidos del cuerpo. Como se creía que cada humor era responsable de otorgarle alguna de las emociónes a la persona se entendía, entonces, que el correcto balance de estos “humores” era la llave a la buena salud. Lamentablemente esta teoría llevaba a que los “médicos” pensaran que en una persona existían “excesos de humor” ocasionando prácticas de drenado del o de los líquidos en cuestión. Esta teoría tenía una aceptación muy grande entre los “científicos” ya que se basaba en las cosmogonías generadoras del Universo, o los elementos: Sol (Fuego), Tierra, Agua Aire. Veamos una lista de cada humor y que emoción contenía:


De esta manera, si una persona tenía fiebre y sudaba mucho (calor y humedad) instantáneamente se pensaba que tenia un exceso de sangre, por lo que se procedía a drenarle parte de este tejido líquido. O también, por ejemplo, si una persona tenía problemas mentales y era agresiva, se creía que ésta padecia de un exceso de bilis amarilla (y ya se pueden imaginar lo mal que la iba a pasar). Como podemos ver era mucho mejor que nos tocara un monje o un herborísta que un doctor.

Algunas imágenes relacionadas (British Library):


Click para ampliar

Si lo desean pueden leer otros artículos relacionados a creencias médicas antiguas.

- Cirugía plástica en la Edad Media.
- Las chicas de antes sabían divertirse.
- Chichonología, lectura de chichones.
- Los ensalmadores.

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