Category Archives: Arquitectura antigua

Giuseppe Ferlini, el mercenario italiano que demolió 40 pirámides

En muchas de las tumbas egipcias y de las culturas del Nilo, como el Reino de Kush, generalmente se solían dejar tesoros y alimentos para ser utilizados por la fuerza vital que al morir abandonaba el cuerpo, fuerza que en Egipto se solía denominar como el ka. Además del ka también existía el ba, la cual era la esencia de la persona y permanecía unida al cuerpo físico (el khat) tras la muerte. Muchos de los ritos funerarios de las culturas del Nilo estaban orientados a liberar el ba para que este se una con el ka y así formar el akh. Si lo anterior no se cumplía entonces el difunto entraba en un estado de se-akh, un fantasma perdido entre dos mundos. Si bien lo anterior variaba de cultura en cultura, la influencia y el dominio egipcio a través de los siglos llevó a que esta fuese la creencia reinante a lo largo y ancho del de las culturas del Nilo.

En un principio se creía que sólo el faraón, o el rey en el caso de los cushitas, tenían un ba, pero esto luego se extendió a casi toda la población. El concepto de akh ayudó a preservar las tumbas y pirámides, ya que los ladrones de tumbas temían perturbar el proceso y enfurecer a un se-akh.

(Vemos la gran cantidad de pirámides con sus partes superiores demolidas.)

Por supuesto que nada de lo anterior le interesaba a Giuseppe Ferlini, un cirujano militar boloñés de la primer mitad del siglo XIX devenido en profanador de tumbas. Si bien en Anfrix ya habíamos hablado de un sultán que intento destruir varias pirámides, la diferencia con Ferlini es que este poseía explosivos.

El médico no era alguien ya de por si con mucho honor, en un principio se había asociado como mercenario al ejército de Egipto durante la Conquista de Sudán, y tras conocer a un mercader y traficante de reliquias albanés llamado Antonio Stefani desertó en 1834 para organizar una expedición hacia la necrópolis de Meroe. Un sitio arqueológico al norte de Sudán a unos 100 kilómetros de las orillas Nilo y rico en reliquias de las últimas dinastías del Reino de Kush, las cuales debido a la influencia egipcia seguían en gran parte los mismos ritos funerarios y creencias de los egipcios. En total en el sitio se hallaban unas 255 pirámides cushitas, fácil de diferenciar de las egipcias debido a sus proporciones más alargadas.

Al llegar a Meroe el daño causado por el mercenario en busca de tesoros fue irreparable. Ferlini no eligió las pirámides a demoler al azar, sino que se basó en un catalogo realizado por el arqueólogo Frédéric Cailliaud en el que se enumeraban las pirámides en mejores condiciones. Según su lógica, si la pirámide se encontraba relativamente intacta entonces eso incrementaba las posibilidades de hallar un tesoro encerrado dentro de la estructura de la misma.

El saquedor no estaba equivocado, y esto lo verificaría cuando en el cementerio norte demolió la pirámide número 6 que era una de las más grandes e intactas de todas. En primer lugar detonó con una carga pequeña el tetraedro superior, y así con cargas más pequeñas, para evitar destruir el tesoro, fue abriendo camino a través de la estructura hasta hallar la cámara donde encontró joyas y piezas de oro y plata. Ferlini pasó los siguientes dos años demoliendo pirámides, el tesoro que fue acumulando le permitió contratar un pequeño grupo de mercenarios para su protección y volver a Italia en 1836 donde se anunció como un exitoso explorador y arqueólogo ante la sociedad.

Por fortuna, si bien la pérdida arquitectónica fue colosal, las joyas de oro y plata fueron adquiridas en 1838 por Luis I de Baviera y hoy se encuentran resguardadas en el Museo Egipcio de Berlín.

Ellora, el complejo de templos hindúes y budistas tallados sobre la cara de una montaña durante 450 años

Las cavernas de Ellora son uno de los sitios culturales más impresionantes del mundo. Ubicadas en Maharastra, India su construcción comenzó en el siglo VII como una serie de pequeños templos dedicados al hinduismo sobre la cara de una montaña. Con el pasar de los siglos, no obstante, se fueron adicionando templos y altares dedicados al budismo y el janismo. Los distintos templos se organizan en lotes numerados denominados como cavernas por los arqueólogos. La más grande e importante de todas es la caverna 16, donde se encuentra el templo de Kailasa dedicado a la diosa Shiva. Todos los templos se caracterizan por la riqueza ornamental tanto interior como exterior, siendo de hecho difícil hallar una superficie que no posea algún tipo de relieve o tallado.

El trabajo realizado en el sitio fue simplemente monumental, llevando más de 450 años para cavar y tallar las más de 100 cavernas que contienen los distintos templos y altares. La mayoría de las cavernas más importantes fueron cavadas de forma vertical y luego, tras definir los bloques que conformaban las estructuras principales de cada templo, un ejército de escultores trabajaba durante décadas creando los detalles y los interiores de cada templo, altar y estatua que adornan cada caverna.

Lo interesante, además del hecho de que en la India existió desde siempre una armonía muy raramente vista en el resto del mundo entre las distintas religiones, es que el nivel de organización y planeamiento para un proyecto de semejante envergadura y el cual se concretó entre distintas dinastías fue raramente visto para una civilización tan antigua. Requiriendo de planos detallados, una división del trabajo estructurada y una tolerancia al error muy baja debido al carácter edilicio de las excavaciones.

La gran mayoría de las cavernas budistas poseen monasterios dedicados a la meditación los cuales a su vez tienen largos corredores con habitaciones que se utilizaban para hospedar durante su estadía a los peregrinos que llegaban desde toda la India. Los cuartos para los huéspedes no son simples habitaciones cuadradas, sino que poseen un trabajo artístico detallado y fino. Por ejemplo, la mayoría de las paredes de estas fueron talladas por los escultores para darle a la piedra la textura de la madera, algo que se creía calmaba y relajaba a quien descanse dentro de las mismas. La caverna más grande del conjunto budista es la denominada Vishvakarma, con un impresionante techo abovedado y una estatua de 5 metros de alto.

Las cavernas dedicadas al hinduismo son las más numerosas, y contienen al ya mencionado templo de Kailasa; el templo de Dashavatara, de interés ya que combina estilos budistas con hindúes y templo de Rameshwar considerado como el más ornado de todos los tempos hallados en Ellora.

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Chicago, la ciudad construida sobre un pantano que fue elevada 2 metros de altura gracias a la ingeniería del siglo XIX

Uno de los mayores problemas que experimentaron las ciudades más antiguas de los Estados Unidos fue que las mismas crecieron a partir de puestos comerciales que priorizaban el acceso a rutas comerciales tanto marítimas como terrestres. A medida que estos puestos se enriquecían y gradualmente se convertían en pueblos y luego en centros urbanos, sus habitantes entonces comenzaban a sufrir los efectos de la pobre ubicación geográfica.

Chicago fue uno de estos casos, una de las urbes más pobladas y ricas de América del Norte que comenzó como una humilde comunidad agrícola fundada en lo que hoy es el estado de Illinois por Jean Baptiste Point du Sable a finales del siglo XVIII cerca de las costas del Lago Michigan, lo que le otorgaba a la comunidad fácil acceso a los Grandes Lagos y así la posibilidad de comercializar rápidamente sus productos con las áreas más desarrolladas y pobladas de los recientemente independizados Estados Unidos. El problema, entonces, sería que justamente lo que fue su mayor ventaja durante sus inicios se convertiría en su mayor pesadilla a mediados del siglo XIX. La ciudad, que ahora era un pulmón industrial y un centro urbano en constante crecimiento, se encontraba a una elevación similar a la del Lago Michigan, por lo que no se podía construir un sistema de cloacas para la eliminación de aguas residuales ya que para colmo de males la ciudad había sido originalmente construida sobre tierras pantanosas.

La falta de un sistema de desagües cloacales y el terreno pantanoso comenzaron a causar estragos en la población local. Brotes de disentería, fiebre tifoidea y cólera eran comunes, hasta que en 1854 una epidemia de cólera causaría la muerte del 6% de la población de la ciudad. Como suele ocurrir con varias tragedias, lo ocurrido abrió los ojos de las autoridades de la ciudad, y con los aportes monetarios de varias empresas y magnates de Chicago prontamente comenzaron un proyecto para salvar a la ciudad de una nueva epidemia. Algo que ciertamente es más fácil decirlo que hacerlo, y durante dos años infinidad de ideas, muchas de estas simplemente imposibles, fueron sugeridas por varios industrialistas e ingenieros para solucionar el problema. La solución llegó dos años más tarde, de la mano del ingeniero Ellis S. Chesbrough: levantar el centro de la ciudad utilizando un ejercito de trabajadores y sistemas mecánicos en serie para elevar varios edificios y calles y así construir el sistema de cloacas.

La tarea fue monumental, y requirió el trabajo de varios miles de obreros y fábricas dedicadas enteramente a construir las herramientas y maquinarias necesarias para la operación. El primer edificio en ser elevado fue un edificio de 750 toneladas largas, hecho enteramente con ladrillos y de 4 pisos de altura. El mismo se utilizó como prueba piloto, delegando la operación a los ingenieros James Brown y James Hollingsworth. Para la prueba piloto se empleó un sistema de gatos de tornillo industriales utilizados para levantar barcos, y su éxito alentó a varias compañías de ingeniería y magnates de la región a apoyar el proyecto. Rápidamente se juntaron los fondos necesarios para elevar a más de 50 edificios en menos de un año, y para 1865 la mayoría de los edificios del centro de la ciudad ya habían sido elevados. Muchos otros incluso fueron también ubicados en un nuevo lugar, cambiándolos de calle o removiéndolos del centro de la ciudad y llevándolos hacia los territorios más elevados al Este de Chicago.

La práctica de elevar edificios se hizo rutina ya para 1860 con docenas de proyectos teniendo lugar al mismo tiempo, y entre los más notorios se encontraban edificios tales como la Tremont House, un mastodonte de 6 pisos y 4000 metros cuadrados, para el cual se utilizó el trabajo de más de 550 hombres y se emplearon 5200 gatos de tornillo industriales debiendo cavarse una serie de trincheras extra bajo el edificio para emplazar refuerzos estructurales. Tras finalizar la obra el edificio había sido elevado mas de 1,8 metros. El proceso era relativamente simple, en primer lugar se realizaba un estudio detallado de las fundaciones, las paredes y columnas; luego se cavaban trincheras por las cuales se pasaban vigas; cada extremo de viga se apoyaba sobre uno o más gatos de tornillo los cuales a su vez se apoyaban sobre una fundación secundaria creada para soportar el peso relativo que dicho gato levantaría, y luego cada gato sería operado por un hombre, que girarían en un grado las palancas de los tornillos al unisono comandados por varios capataces que coordinaban con silbatos cada serie de puja.

Una tragedia que se terminó convirtiendo en una ventaja
La mayoría de los fondos para salvar a la ciudad provinieron de donaciones realizadas por magnates e industrialistas, por lo que las finanzas de la ciudad no se vieron perjudicadas. De hecho, los requerimientos de semejante obra faraónica llevaron a que varias empresas se muden a la ciudad para suministrar los equipos necesarios, recibiendo además un gran influjo de mano de obra calificada que permaneció en la ciudad incluso tras terminada la obra.

El sello que protegió la tumba de Tutankamón durante 3.245 años

La tumba del farón Tutankamón es una de las más raras alguna vez encontradas por los arqueólogos en Egipto. La misma consta de 5 sarcófagos en series, en los cuales se encuentran a su vez cinco altares con ofrendas y pasajes. Al ingresar al cuarto sarcófago además de las ofrendas y los cuerpos momificados de personajes menores pero cercanos al faraón e incluso sirvientes cuya tarea era la de servirle en el más allá, Howard Carter y su equipo hallaron en 1922 y tras una seguidilla de problemas tanto técnicos como económicos durante el principio de su expedición una gran compuerta la cual había permanecido escondida por miles de años. La misma aseguraba el ingreso con un singular sello puesto por los sacerdotes encargados de los ritos funerarios y el cual permaneció intacto por 3.245 años. El mismo constaba de una cuerda anudada y un sello de arcilla conteniendo la figura del dios chacal Anubis. Patrón de los embalsamadores y dios de la muerte,

El hallazgo fue espectacular. Si bien los sarcófagos anteriores fueron explorados con anterioridad en dos oportunidades e incluso los dos primeros de la serie saqueados en el pasado, la puerta de acceso al sarcófago de Tutankamón fue protegida por una serendipia del destino. Parte de la tumba de Ramsés IV, la cual se encontraba en el nivel directamente superior a la de Tutankamón, colapsó y ocultó con sus escombros la puerta de acceso. Tras remover los escombros, Carter rompió el sello e ingreso al quinto y último sarcófago encontrándose con el tesoro egipcio más espectacular de todos los tiempos; todo quedando capturado por la lente del fotógrafo de la expedición, Harry Burton.

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El sultán que intentó destruir las pirámides

Las pirámides son el mayor testamento de la ingeniería egipcia, una obra tan avanzada para su tiempo y tan espectacular que a veces para darnos una idea del contexto de las mismas es útil el recordar que cronológicamente Cleopatra se encuentra más cercana a nuestros días que a la construcción de las pirámides. En efecto, la Reina ptolemaica nació hace unos 2.085 años, más precisamente en enero del año 69 a. C. en Alejandría. La Gran Pirámide de Giza, no obstante, fue construida durante la 4ta Dinastía, hace aproximadamente unos 4.600 años, lo que distancia a la Gran Pirámide de Cleopatra en unos 2.515 años.

Si bien son una maravilla, no todo el mundo a lo largo de la Historia pensó lo mismo, en especial un extremista islámico del siglo XII quien se puso como tarea el destruir las pirámides por ser “instrumentos de idolatría”. Éste extremista no era cualquier persona, sino que se trataba de Al-Aziz Uthman sultán de egipto y el segundo hijo de Saladino, famoso por luchar contra Ricardo Corazón de León durante la Tercera Cruzada

Es así que Al-Aziz comenzó a destruir pirámides menores, siempre ordenando a sus hombres el remover las piedras base de las mismas. Posteriormente comenzó a ocuparse de las pirámides medianas, dañando la pirámide de Micerino, la cual por fortuna no colapsó pero sí quedó con una franja o brecha en una de sus caras producto de la remoción de piedras. Según recuentos de la época los trabajos duraron ocho meses, y el mayor problema con el que se encontraron los mineros contratados para ésta tarea fue que además del arduo trabajo de remover las piedras, al hacerlo las mismas caían enterrándose en la arena lo que llevaba a que el acceso hacia la cara fuese cada vez más difícil. En efecto, los mismos encargados de destruir la pirámide fueron los que le comunicaron al caprichoso líder que la destrucción de la misma sería tan costosa como su construcción.

Sin embargo, el sultán no se contentaba con atacar a las pirámides menores y su meta era el destruir la más grande de todas: la Gran Pirámide de Giza. Al-Aziz entonces comenzó a juntar fondos y a reclutar un verdadero ejército de trabajadores para concretar dicho fin. Durante varios meses los trabajadores intentaron todo tipo de técnicas para remover las grandes y pesadas piedras de la Gran Pirámide, sólo pudiendo llegar a remover fracciones de algunas piedras ubicadas en uno de los vértices. El talento de los ingenieros egipcios pudo más que el fanatismo del extremista, y durante esos meses Al-Aziz despilfarró tanto dinero para tan sólo provocar un daño minúsculo que terminó abandonando por completo su idea de destruir las pirámides.

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Cómo los persas hacían toneladas de hielo y congelaban carne hace 2400 años

Algunas comodidades son ciertamente difíciles de imaginar en los tiempos anteriores a los dispositivos eléctricos, no obstante, lo anterior no quiere decir que no hayan existido. El hielo y los alimentos congelados son algunas de estas comodidades, y la manera en la que las distintas culturas procuraban la producción de hielo es asombrosa.

En Persia, región del mundo reconocida por sus veranos calientes e inclementes, el hielo era considerado un bien de lujo y extremadamente preciado. Pero Persia era también una cultura extremadamente rica y afluente, por lo que con el tiempo gracias al ingenio de los intelectuales que abundaban por la región, se crearon los yakhchal (pozos de hielo). Si bien éstas eran elaboradas construcciones y muy costosas, su valor comercial y símbolo de estatus eran tales que se llegaron a construir miles. Todo terrateniente o personaje acaudalado debía tener su yakhchal.

El funcionamiento de los mismos se basa en refrigeración por evaporación y consta de dos partes, la de producción de hielo y la de almacenamiento. Generalmente al yakhchal se en si se lo asocia con la estructura de almacenamiento la cual se basa a partir de un domo espiralado y una cámara subterránea.

La sección de producción de hielo se mantiene aledaña al domo, y requiere de tres partes: una pared principal ubicada en dirección este-oeste, un pequeño acueducto subterráneo con flujo sur-norte el cual podía redirigirse de manera controlada a tres destinos distintos y una serie de canaletas de 40 a 50 centímetros de profundidad alimentadas temporalmente hasta llenarlas por uno de los flujos del acueducto, generalmente protegidas por una segunda pared y un techo. Durante enero, el mes más frío del invierno (mes de la producción de hielo, con temperaturas que van de los 7°C a los 13°C durante el día y a los cero grados o bajo cero durante la noche), se llenan dichas canaletas, las cuales fueron resguardas del sol durante el día por la sombra de las paredes manteniendo la piedra bien fría. La piedra es a su vez enfriada por un proceso secundario, un segundo flujo del acueducto que se abre durante todo el mes de producción y que toca la base de la piedra de cada canaleta.

Este proceso es gradual, y lleva varios días, con el grosor de la capa de hielo creciendo cada noche desde el piso de las canaletas. Durante los primeros días se busca que se genere esa primera capa de hielo, protegiendo además las canaletas del sol; sobretodo la piedra de las canaletas, la cual debe estar fría y enfriarse aun más durante la noche. Al cabo de un tiempo, los bloques de hielo son cortados y llevados a la cámara de almacenamiento del yakhchal, la cual es a su vez enfriada por un tercer y último flujo proveniente del acueducto que toca las paredes internas de la cámara por fuera. Nada se desperdiciaba, esos flujos de agua utilizados para enfriar la piedra eran a su vez redirigidos a un acueducto vecino o utilizados para regar cultivos.

Una vez con el yakhchal lleno de hielo, en las partes superiores de la cámara se solía poner carnes y comida, las cuales quedaban congeladas, así, los yakhchal brindaban hielo y comida fría durante los calurosos veranos persas.

Sólo podemos imaginar la sorpresa de los viajantes extranjeros cuando visitaban una ciudad persa y eran invitados con hielo en pleno verano.

Los qanat
Lo más interesante es que esto pudo ser posible en Persia gracias a su avanzado nivel de civilización y desarrollo. El gobierno persa estaba obligado a hacer el trabajo duro, construir los qanat (acueductos subterráneos) desde la montaña hacia la ciudad, y extensiones a baños y cisternas públicas. Luego, la gente acaudalada podía si quería realizar una extensión hacia sus tierras utilizando su propio dinero. Por cierto, las cisternas públicas, llamadas ab anbar eran otra maravilla de la ingeniería, con un sistema de captura de aire para mantener el agua ofrecida fría.

Fred Dibnah, el señor de las alturas

Fred Dibnah fue desde siempre uno de mis héroes personales. Amante de tiempos más simples y cálidos, se especializó en el antiguo y olvidado arte de la construcción en altura victoriana, y así pasó el resto de su vida escalando altísimas chimeneas y torres, reparandolas y enseñándole a nuevas generaciones como los steeplejack victorianos escalaban y construían en las alturas semejantes obras monumentales utilizando cuerdas y escaleras de madera que ellos mismos cargaban en sus hombros.

Por fortuna, Fred ha dejado un museo y varios manuales plasmando gran parte de su conocimiento para las generaciones futuras. Ciertamente, su sueño era que ésta técnica y arte no mueran con el pasar de los años.

Desenterrando el obelisco egipcio más grande alguna vez construido

El obelisco inacabado de AsuánEl obelisco inacabado de Asuán, como lo denominan los arqueólogos, es una de las reliquias más interesantes y espectaculares del antiguo Egipto. Construido en las canteras de piedra de la ciudad del mismo nombre, este obelisco estaba destinado a convertirse no solamente en el obelisco más grande de todos, sino que, de haber sido construído, hubiese sido la pieza megalítica más grande del mundo.

Desafortunadamente durante su tallado los expertos canteros egipcios comenzaron a ver serias fallas en la piedra en si misma, las cuales se incrementaban en tamaño a medida que se continuaban con los trabajos de tallado; razón por la cual decidieron abandonar el proyecto y enterrarlo ya que determinaron que nunca serían capaces de levantarlo sin que el mismo se quebrara en varios fragmentos

El obelisco inacabado de AsuánEl coloso dormiría durante miles de años, siendo testigo mudo de la historia. Incluso las tropas de Napoleón marcharían sobre el mismo sin saberlo, si bien una parte del mismo fue desenterrada a principios del siglo XX, no fue hasta el 2005 que su base y la mayor parte de su estructura fueron completamente desenterradas.

Tras desenterrar gran parte de este los arqueólogos decidieron que la mejor manera de conservarlo intacto era dejarlo en su lugar y convertirlo en un enorme museo abierto.

El obelisco inacabado de Asuán El obelisco inacabado de Asuán

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El enorme sismógrafo de piedra del siglo IX que además alertaba de la llegada de ejércitos invasores

Monasterio de Tatev

En la provincia armenia de Syunik’ existe una obra arquitectónica que ya de por si ofrece una de las vistas más hermosas del planeta. Se trata del monasterio de Tatev, construido entre finales del siglo noveno y principios del décimo en un área de vital importancia estratégica resguardada por el cauce de un pequeño río y una de las colinas cercanas al pueblo que comparte su nombre. El objetivo del mismo no era solamente el de servir como edificio religioso, sino que además hacía de fortaleza y, gracias a su privilegiada posición en las alturas, era un excelente puesto de vigía desde el cual se alertaba de la llegada de invasores a toda la región. Región que además suele ser cubierta por completo por una espesa niebla, por lo que una mente pródiga y desgraciadamente anónima al día de hoy, venció las vicisitudes de la niebla con una asombrosa pieza tecnológica adelantada a su época. De los orígenes del monasterio en sí se conoce muy poco, ya que debido a la turbulenta historia de la región, plagada de guerras e invasiones, el pasado es muchas veces difuso, por lo que hoy en día no se sabe a ciencia cierta quién comisionó y pagó por la construcción. No obstante, debido a una serie de retratos en la cara norte del monasterio se cree que éste, construido a partir de lo que antiguamente era un templo pagano, estuvo a cargo del principe Ashot y su esposa.
 Péndulo del monasterio de Tatev Monasterio de Tatev Monasterio de Tatev Columna del monasterio de Tatev

Péndulo del monasterio de TatevComo habíamos mencionado anteriormente, lo más interesante de la construcción no es la fortaleza, sino una singular y llamativa pieza de tecnología hallada en el patio exterior de la misma a manera de un péndulo oscilante cuya estructura piedra de ocho metros de alto y varias toneladas de peso forma un octaedro capaz de avisar con anticipación desde temblores de la tierra hasta grandes movimientos de tropas. El mismo, llamado Gazavan, es un pilar hecho a partir de la roca local y su mecanismo consiste en un intrincado sistema de pesos y contrapesos anexados a su parte inferior que, ante el menor disturbio, lo llevan a oscilar frenéticamente de lado a lado. Su construcción tardó entre cinco y seis años y tuvo lugar durante la última década del siglo IX, mientras que los detalles ornados se cree fueron agregados durante los primeros años del siglo X. Tan sensible llegó a ser en el pasado que incluso, según escritos de la época, era capaz de alertar a los monjes de la llegada de ejércitos invasores. Algo de vital importancia ya que las espesas nieblas que suelen cubrir la región son capaces de limitar la visión a unos pocos metros, dándole la oportunidad a una fuerza invasora de avanzar sigilosamente por el área y darse a conocer ya cuando no queda tiempo alguno de preparar las defensas. Si bien el mismo aun permanece prácticamente intacto, durante el terremoto de 1931, que causó gran daño en el monasterio, sufrió daños en su mecanismo de contrapesos, debiéndose ademas reforzar la columna en si misma con bandas metálicas; razón por la cual ya no es tan sensible como solía ser en el pasado. Por desgracia, se desconoce quién fue la persona que dio origen a tan ingeniosa maravilla de la ingeniería.

En el siguiente modelo tridimensional podemos ver un recorrido virtual al monasterio y un ejemplo del funcionamiento del péndulo. Mientras que en éste video, de baja calidad, podemos ver una filmación realizada por un turista del péndulo y el interior del monasterio.

Mons Meg, la versión medieval de la Estrella de la Muerte

El plan de Darth Vader y el Emperador era tan ridículo que terminaba siendo genial: crear un súper cañón láser capaz de destruir un planeta enemigo de un solo disparo y así rendir la galaxia a sus pies. Increíblemente, y en un típico caso donde la realidad imita al arte, el duque Felipe III de Borgoña tuvo una idea muy similar: construir un súper cañón capaz de destruir las murallas de castillos enemigos de un sólo disparo y así rendir a los ingleses a sus pies.

Mons Meg

Castillo Threave Si bien existen muchas teorías sobre los orígenes y el por qué de éste cañón, la más aceptada es que su construcción fue encargada por Felipe III de Borgoña en Junio de 1449 con un claro fin: sembrar terror en las tropas inglesas durante la guerra de dicha nación contra Escocia. Completarlo llevaría más de tres años y medio, y una vez terminado sería una mole de casi siete toneladas y 4,6 metros de largo. Con su calibre de de 510 milímetros se podían disparar balas de hasta 183 kilogramos a varios cientos de metros de distancia las cuales impactaban contra sus blancos haciendo desastres en las fortificaciones enemigas. Si bien sí era capaz de destruir murallas de un sólo disparo, para cuando fue terminado la guerra con los ingleses también lo había hecho, y el súper cañón resultaba ser tan pesado y masivo que requería de al menos 50 hombres para armarlo y operarlo asi como una veintena de mulas para moverlo junto a sus municiones. Razón suficiente para retirarlo, a pesar de su astronómico costo de construcción, a sólo ocho años de haberlo puesto en servicio. Tras su cancelación formal el cañón sería regalado por el duque al rey de Escocia y utilizado solamente durante saludos protocolares a visitas de alto nivel o aniversarios de la realeza. Siendo disparado por última vez durante la boda del rey Jaime I.

Si bien su servicio fue corto el cañón si vio acción, y cumplió con todo lo prometido. Según teorizó el afamado y ya fallecido historiador escocés Nigel Tranter, los enormes agujeros en las paredes del castillo Threave fueron infligidos por el Mons Meg, y sólo bastaron cuatro disparos del mismo para que los defensores depongan sus armas.

Siglos más tarde los nazis crearían su propios súper cañones, los cuales dejaban al Mons Meg como una miniatura. De los mismos hemos hablado en ésta entrada. -notar que la entrada enlazada es del 2006 y mi dominio de la lengua española no era muy bueno por aquel entonces-

Lugares congelados en el tiempo.

Notting Hill Gate tube station

Años atrás leyendo el equivalente ruso a la National Geographic, o mejor dicho intentando hacer sentido de las imágenes ya que no entendía el idioma, unas fotografías de una cabaña en la nieve supieron cautivarme. Las imágenes eran recientes, eso era evidente por sus ricos colores y definición, obviamente tomadas con una cámara digital, pero a pesar de esto, sin embargo, los contenidos de la cabaña, en su mayoría provisiones para el cruento invierno polar, parecían extraídas directamente de otro tiempo. Un tiempo pasado y lejano, quizás un tiempo en el que los aventureros abundaban y eran tan temerarios como legendarios. Fue allí, sin la necesidad de entender las palabras, que me di cuenta de que se trataba ni más ni menos que de un monumento vivo a la memoria de alguien, preservado y congelado tanto en el tiempo como el espacio y con igual responsabilidad tanto por el intenso frío así como por los respetuosos aventureros que le siguieron a quien sea haya habitado esa cabaña. Es así que, y aprovechando el descubrimiento que se ha realizado hace poco tiempo en el sistema de trenes subterráneos de Londres, hablaremos de tres lugares que, a causa de haber quedado completamente aislados del contacto humano, han quedado inmutables a través de las décadas. Habiéndose hoy, si bien comunes en su época, transformado en ventanas abiertas al pasado.

El santuario de Scott
Interior de la choza de ScottEsta es la cabaña a la que hacía referencia en la primer entrada, se trata nada más y nada menos que una de las bases en la Isla de Ross del explorador británico Robert Falcon Scott, quien en 1910 se embarcará como miembro y líder de la trágica expedición Terra Nova al Polo sur junto a más de 20 hombres bajo su comando. Expedición en la cual el mismo Scott y otros cuatro de sus aventureros perdieron sus vidas poco tiempo después de haber sido ‘vencidos’ por el explorador Roald Amundsen de Noruega quien logró llegar al Polo sur. Si bien la expedición fue trágica de por si, lo que ha hecho que ésta quedase grabada en la memoria de muchos exploradores al punto de haber convertido las chozas de Scott y sus acompañantes en verdaderos santuarios preservados durante ya hace casi un siglo, fue el corto pero emotivo mensaje encontrado en el cuerpo de Scott, en el cual se despedía de sus camaradas con gran afecto y alabanzas a su coraje y tesón.

La Scott’s hut -la choza de Scott- es la más famosa ya que fue la base de la fatídica expedición Terra Nova. No obstante, hay otras chozas también construidas y utilizadas por Scott durante sus expediciones anteriores y que aun, a pesar de todo, se encuentran preservadas -siendo la choza Discovery, nombrada en honor al barco de Scott durante la expedición previa a Terra Nova, la más importante de estas subestaciones-. Su conservación es una tarea difícil y extremadamente costosa, algo lógico si tenemos en cuenta las condiciones climáticas del lugar. Algo no tan problemático con respecto a la choza Discovery, ya que la misma se encuentra muy cerca de la base McMurdo.

Conservas de la choza de Scott Alimentos hallados en la choza de Scott Esterior de la choza de Scott La choza de Scott Cocina de la choza de Scott Bebidas halladas e la choza de Scott

– Pueden encontrar más imágenes y recuentos detallados de la cabaña en la fantástica página de Seth White. No sólo de la choza de Scott, sino además de varios lugares históricos del Polo sur -nota, si bien las imágenes aparecen muy pequeñas en las muestras con hacer click sobre las mismas se accede a imágenes de alta resolución-.

Los pasillos perdidos de la estación Notting Hill
Hacía cincuenta años la estación de trenes subterráneos de Notting Hill era renovada con la intención de instalar escaleras mecánicas, por lo que los pasillos antiguamente utilizados para transitar entre los elevadores verticales quedaban en desuso y por lo tanto eran clausurados al público, quedando por lo tanto olvidados en el tiempo. Décadas más tarde, y nuevamente debido a renovaciones, dichos pasillos serían redescubiertos, dando una gran sorpresa a los obreros y a las autoridades, las cuales quedaron sorprendidas por lo bien preservadas que se encontraban las publicidades y afiches expuestos en las paredes. Datando de entre los años 1956 a 1959 vemos, principalmente, afiches de películas y ciertamente corroboramos que de moda estaba el diseño gráfico de puntos y contrastes fuertes en ese entonces.

Notting Hill Gate tube station Notting Hill Gate tube station Notting Hill Gate tube station

Más imágenes en esta galería de Flickr.

La Littlewood’s Drug Store
La Littlewood’s Drug Store era una pequeña farmacia de ciudad que, tras la muerte de su dueño original, cerró sus puertas al público. Puertas que permanecerían cerradas por más de medio siglo y que, al reabrirse, permitirían dar un paseo al pasado. No de manera inesperada pero si curiosa, en la misma vemos productos que en su tiempo eran considerados como benignos, y que, no obstante, hoy ya no lo son. Por ejemplo se ven productos pesticidas que contiene DDT, o alimentos guardados en frascos con tapas de estaño entre otros. Algo ciertamente cotidiano en ese entonces y totalmente prohibido hoy en día. Desafortunadamente, el negocio inmobiliario pudo más, y la tienda será demolida y convertida en un edificio prontamente, por lo que sus contenidos han sido subastados a coleccionistas.

Navegando por un acueducto

Si bien el acueducto de Pontcysyllte resalta por ser una maravilla de la ingeniería de principios del siglo XIX, hoy día, su fama no pasa precisamente por ésto ni por la vital, y ya prácticamente obsoleta, función que ofreció a la sociedad galesa. Sino que lo hace por ser uno de los más singulares paseos del mundo, ya que el acueducto es completamente navegable.

Construido en el año 1805 por los ingenieros Thomas Telford y William Jessop, la estructura presenta un canal construido en hierro cuya base arqueada es soportada a su vez por columnas de roca. La estructura total llega a alcanzar unos 307 metros de largo, mientras que el canal en si mismo presenta unos 1,6 metros de altura por 3,4 metros de ancho. Si bien su función principal era la de servir como acueducto, los planeadores civiles involucrados en el proyecto tuvieron la genial y extremadamente innovadora idea de darle una doble utilidad: además de transportar agua entre los pueblos de Trevor y Froncysyllte el acueducto serviría para transportar personas al conectar una de sus bocas al canal de Ellesmere -los canales artificiales eran el medio principal de transporte tanto para personas como para mercancías y materiales en el Reino Unido del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Quedando lentamente en desuso con la popularización de los trenes a vapor-. Hoy en día, no obstante, esta función secundaría le ha dado nueva vida Pontcysyllte, convirtiéndolo en uno de los mayores atractivos turísticos de Gales. Habiéndo sido además declarado por la UNESCO como Patrimonio de la humanidad en el 2009.

Pontcysyllte

No curiosamente este no es el único acueducto navegable de Gales, aunque si el más imponente e impresionante. En la frontera entre Inglaterra y Gales encontramos el acueducto de Chirk, de unos 21 metros de altura en su punto máximo.

Tempestades furiosas contra faros obstinados

Hace unos tres años habíamos hablado sobre la Roca de Bishop (mi dominio del castellano no era muy bueno por ese entonces, sepan disculpar la escritura). En la entrada, una de las imágenes mostraba al faro construido sobre la roca siendo devorado por una gigantesca ola mientras un hombre, posiblemente el piloto del foro, se mantenía parado de lado opuesto, como si el faro mismo fuese su égida contra la furia de la tempestad. No obstante, algo faltaba en esa imagen, y eso era el movimiento. Un fotografía es incapaz de transmitir la furia del suceso correctamente, y es por esto que el siguiente video, si bien incomparable a presenciar tan monumental evento físicamente, nos da una idea acercada del monumental combate contra las fuerzas de la naturaleza que estas torres sufren de manera seguida. Ciertamente, si bien nos hace apreciar la furia y el poder natural, también nos maravilla con el ingenio y la capacidad de ingeniería humana.