No ser esclavos de ningún error
A -Pero entonces -me atreví a comentar-, aún estáis lejos de la solución…
G -Estoy muy cerca, pero no sé de cuál.
A -¿O sea que no tenéis una única respuesta para vuestras preguntas?
G -Si la tuviera, Adso, enseñaría teología en París.
A -¿En París siempre tienen la respuesta verdadera?
G -Nunca, pero están muy seguros de sus errores.
A -¿Y vos? -dije con infantil impertinencia-. ¿Nunca cometéis errores?
G -A menudo -respondió-. Pero en lugar de concebir uno solo, imagino muchos, para no convertirme en el esclavo de ninguno.




Este artículo fue publicado el: 22/08/08 a las 5:57 am,y se encuentra archivado bajo las categorías: