La triste suerte de caer en un doctor de la Guerra Civil Americana

Hoy comenzaremos una nueva serie de artículos dada a llamar “Valientes eran los del pasado”, tratando de cosas que si bien hoy damos por comunes y seguras, en el pasado eran toda una condena de muerte

Porque nada dice mejor “doctor de la guerra civil” que limpiar el bisturí en la suela de la bota antes de abrir al paciente.

1159-6.jpgEn el pasado ya hablamos de los doctores medievales (1, 2, 3) y de los ensalmadores, especialistas en “poner huesos en su lugar” de la Edad Media, quienes no tenían problema en pisar el pecho del paciente para tirar un brazo con fuerza y acomodar los huesos. Pero si doctores poco fiables se trata, los doctores de la Guerra civil Estadounidense si que eran de temer. La primer guerra a gran escala con armas de fuego, miles de heridos todos los días y los largos viajes, llevaron a algunos de los accionares más excéntricos de la historia.

Tras la batalla de Gettysburg, que resultó en 30 mil heridos, las amputaciones ocurrieron al por mayor, incluso en hombres que tenían heridas superficiales. Según la Civil War Society, de 175 mil casos de heridas en extremidades 30 mil terminaron en amputación, realizadas en una carpa al aire libre entre la bosta de caballo y las moscas. Las posibilidades de supervivencia al doctor en el bando de la Unión era de 1 en 4, mientras que en los Confederados ni siquiera podían llevar registro de las muertes. Para colmo de males, uno de los mayores timos de la época era hacerse pasar por doctor sin serlo -así se evitaba ir a la batalla-, y solamente se requería saber anatomía básica para pasar el examen admisión, por lo que nunca se sabía si el que te iba a operar era un doctor o un mentiroso que se hacía pasar por uno.

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Peor aun, se utilizaba cloroformo como anestésico, e incluso, como si ya no fuese poco, el que lo administraba generalmente era otro soldado que servía como ayudante del doctor, por lo que casi siempre morían en la mesa de operaciones no por la herida en si sino por un paro cardiorespiratorio causado por el cloroformo. la segunda opción era peor, si no había cloroformo se suministraba whisky barato.

1159-5.jpgSi pensaban que esto ya era mucho, todavía nos faltan las infecciones y las epidemias. Los heridos se apilaban junto a los muertos, siendo el limpiar el bisturí en la bota una práctica común. La Civil War Society establece que 995 de cada 1000 hombres contrajo disentería; y en los Confederados 1/4 de las bajas fueron a causa de fiebre tifoidea, ya que muchas veces la barraca y la cocina ocupaban, literalmente, el mismo lugar que la morgue, desencadenando en enormes brotes de salmonella. Otro de los grandes problemas fueron el más de 1 millón de enfermos de malaria, contraída en los pantanos del sur, esto generalmente afectando a la unión (el norte) ya que no estaban tan acostumbrados a surcarlos como los sureños.
 

Enlaces relacionados
Como un excelente recurso de información sobre la medicina durante la Guerra Civil Americana les recomiendo la Enciclopedia de la Civil War Society (en inglés).



 

 

 

Mieliuna

no veo diferencia entre estos medicos e ir al hospital Evita en Lanus. donde en el garaje que da a la calle tiran desperdicios biologicos

24/08/08 - 09:09
Oli

Nada puede compararse a eso. La ACW fue un tanto exagerada en su barbarie.

24/08/08 - 18:33
Totó

El Evita!! yo iba a la U de skate uqe había atrás!!

25/08/08 - 13:10
josepzin

Jooooderrrr… :O increíble :O

26/08/08 - 05:37
Jon

Pues al menos tenían atención médica. En muchos lugares del mundo ni siquiera una cama en el piso :(

26/08/08 - 14:52
Chris

Excelente artículo como siempre
Me recuerda una anécdota que tuve con una amigdalitis mal cuidada que tuve. Estaba como en el segundo año de Universidad, lejos de casa, cuando empecé a sentir molestias en la garganta.

Nunca he sido muy amigo de los medicamentos, así que no le tomé importancia. Pasaron los días y esto empeoró, al punto que no podía ni siquiera tragar del dolor, así que volví a casa, donde mi madre apenas me baje del bus y me vió me llevó a urgencias.

Cuento corto, tenía un abceso amigdaliano y tenían que operar de urgencia. Pero aquí no termina, lo tenían que hacer sin anestesia (y yo que pensé que lo peor podía ser una inyección de antibioticos en trasero!) y luego drenar la pus con una jeringa. Y lo peor pasó cuando a la jeringa se le soltó la aguja y yo me empecé a ahogar con mi propia sangre, ya que no quería tragar por miedo a tragarme la aguja…

Un detalle curioso, no fue tan terrible como pudiera pensarse. O sea, no se engañen, experimenté un dolor como nunca lo había sentido, pero lo único que se me escapó fue una pequeña lágrima y ni siquiera grité. Quiza esta sensación sea producto de la distancia del evento, no lo se.

Saludos y sigue impresionandonos con tus artículos.

26/08/08 - 21:29
Juan Valdez

Uy mi hermana estudia enfermería.. así me la imagino en los hospitales superlol
Bueno, teniendo en cuenta la falta de recursos del sistema de salud por acá… :roll:
En fin.. “ya me dió cooosa”

1/12/08 - 06:21




:mrgreen: :policia: superlol :| :twisted: :manifes: :vaca: 8O :) :? 8) :evil: :D :oops: :P :brujita: :roll: ;) :cry: :o :lol: :x :( :!: :?: