Máquinas de no hacer nada
Por alguna razón siempre se espera que por de facto una máquina tenga un objetivo, una misión y un resultado. ¿Por qué? siempre me pregunté, quizás porque la concepción misma de las máquinas se genera a partir de la necesidad de resolver problemas. Pero no siempre fue así, y gracias a un comentario en la excelente revista Mental Floss conocí el maravilloso trabajo de Lawrence Wahlstrom, quien deseando criticar la inoperancia y burocracia de su gobierno, creó la “asombrosa máquina de no hacer nada.”
Comenzada en 1946. esta máquina es una magnífica obra de ingeniería de precisión. Un conjunto de 764 partes móviles funcionando de manera coordinada y realizando todo tipo de movimientos, que van desde rotar, oscilar, trasladarse y hasta girar. Curiosamente, Wahlstrom, su creador, empeño siete años de su vida creándola. Cada año, en promedio, agregaba 50 partes nuevas y estudiaba nuevamente el mecanismo reemplazando engranajes o reajustándolos con el fin de, según sus palabras, “hacer nada más eficientemente”. Pero eso si, la máquina sólo puede ser vista por “gente que no tiene nada que hacer”.
Para no hacer nada, es una máquina ciertamente muy compleja. Razón por la cual fue llevada a varios programas de TV durante los 50s e incluso fue mencionada en varias revistas de ingeniería como la mítica Popular Mechanics. En el presente la maquina es propiedad de Earl Rensch, quien afortunadamente no tiene problema en compartirla con el mundo.
La madre de todas las máquinas de no hacer nada
En Berna se halla una de las farmacias más antiguas del mundo (y para el caso la más antigua de Suiza). En la vidriera de la misma, desde hace varias décadas, se encuentra una de las máquinas de no hacer nada con más historia. Curiosamente, los dueños actuales de la farmacia no saben exactamente cuando la máquina fue a parar ahí. Sin embargo, la población anciana recuerda que durante muchos años, incluso antes de las Guerras Mundiales, se corrieron distintos mitos sobre la función de la máquina. En contadas oportunidades, y a causa de del correr de los rumores, solían agruparse gran cantidad de personas frente a la vidriera, esperando ver la tan anunciada función final de la máquina. Por supuesto que nunca pasaba nada, y la máquina seguía funcionando sin parar y sin hacer absolutamente nada.




Este artículo fue publicado el: 11/02/08 a las 12:16 pm,y se encuentra archivado bajo las categorías: