Un invento particular
Hace unos cuantos meses charlábamos sobre el magnifico arte japonesa del Chindogu, o más exactamente, crear inventos absolutamente inútiles pero al mismo tiempo geniales que a pesar de su utilidad la cantidad de trabajo que hay que realizar para utilizarlos y a veces la vergüenza que nos hacen pasar en público es tan grande que es mejor directamente no utilizarlos. Curiosamente, leyendo sobre patentes, descubrí que este arte no es nada nuevo, sino miren el saludador automático de Boyle (y no exactamente Robert
):
En nuestros tiempos actuales donde el honor, la caballerosidad y la moral están más devaluados que la moneda alemana después de la Primer Guerra Mundial (40 millones de Marcos equivalían a 1 Dólar) saludar a una dama, más allá de no conocerla y solo por cortesía, nos resulta totalmente ajeno. Incluso cuando se practicaba la hoy extinta costumbre de dejarle el asiento a una señorita en el transporte público era regla saludar. Como todo el mundo llevaba sombrero se volvía hasta acalambrante levantarlo cada unos pocos pasos, razón por la que James C. Boyle en 1896 diseñó un curioso “saludador automático”, el cual levantar el sombrero solo con presionar un botón. A causa de que el sistema era bastante pesado, unos 4 kilos, y el miedo que generaba en las personas ver un sombrero que se levantaba misteriosamente, la empresa y la inversión de Boyle fueron tal fracaso que terminó en la ruina.




Este artículo fue publicado el: 6/01/07 a las 11:12 am,y se encuentra archivado bajo las categorías: