Recompensa: 1 pieza de oro
Hoy en día el mundo está repleto de anuncios y comerciales de todo tipo, desde anuncios personales de hombres que buscan mujeres y mujeres que buscan hombres hasta anuncios comerciales de emprendedores buscando patrocinadores. Incluso hasta la amistad se anuncia como si fuera un bien preciado dispuesto a ser entregado a quien más lo necesite. Sin embargo, hubo un tiempo donde los anuncios no eran cosa de todos los días y de hecho, más en el pasado, donde los anuncios siquiera existían. De todas maneras siempre hay una primera vez, un pionero que adelantándose a todos los demás divisa un método novedoso para obtener lo que desea.
Es así que un día como cualquiera, pero de hace tres mil años, un esclavo, cansado de trabajar constantemente en el telar y deseoso de libertad, logra escapar de su amo. Este, indignado por el atrevimiento de su sirviente, decide publicar un anuncio -del que los historiadores y antropólogos aseguran ser el primer anuncio publicitario del que se tenga constancia- el cual dice lo siguiente:
“Habiendo huido el esclavo Shem de su patrono Hapu, el tejedor, éste invita a todos los buenos ciudadanos de Tebas a encontrarle. Es un hitita, de cinco pies de alto, de robusta complexión y ojos castaños; a quien lo devuelva a la tienda de Hapu, el tejedor, donde se tejen las más bellas telas al gusto de cada uno, se le entregará una pieza entera de oro.”
Es imposible saber si el Hitita Shem alcanzó la libertad o volvió a la esclavitud, pero al menos su nombre quedó inmortalizado como precursor de algo que en el futuro se volvería endémico: la publicidad. El papiro en el que aparece el anuncio se encuentra actualmente en el British London Museum




Este artículo fue publicado el: 19/10/06 a las 10:52 am,y se encuentra archivado bajo las categorías: