Los vampiros guerrilleros

Desde los inicios del tiempo la humanidad ha buscado como diseñar, crear o fabricar mejores armas. Armamento que, negando toda posibilidad de oposición, nos ponga en clara ventaja con respecto al enemigo. No obstante, no todos los inventos fueron tan significativos como el manejo del hierro o tan devastadores como la invención de la pólvora, algunos, quizás producto de la desesperación o de la locura, fueron extremadamente bizarros. Desde catapultas gigantes hasta bombas gay. Sin embargo, hoy hablaremos del quizás más bizarro de todos: Los murciélagos bomba!.

Los amigos del hombre
La utilización de animales como bombas vivientes no es algo nuevo. Ya los soviéticos en la Segunda Guerra sacrificaron miles de perros utilizándolos como bombas andantes, salvo que les salió el tiro por la culata cuando éstos inocentes canes, al asustarse del ruido proveniente de los tanques alemanes, corrían rumbo a sus “caritativos” amos en busca de refugio. Dando como resultado, en un acto de justicia poética, el hacerlos volar en pedazos. Lamentablemente esto no sería el fin de la utilización de animales como armas. También durante la SGM, el gobierno de los Estados Unidos abriría una oficina especial con la tarea de recibir “ideas militares de ciudadanos”. Si bien muchas sugerencias llegaron de todo el país, una de las pocas ideas que cautivo a los investigadores de la Fuerza Aérea y la CWS -Chemical Warfare Service-, fue la propuesta por el dentista Lytle Adams. Este, tras ver años antes como decenas de miles de murciélagos salían simultáneamente de una cueva, imaginó lo devastador que sería un ataque si cada uno de éstos cargara una mini bomba incendiaria.

Los preparativos
Tras una ardua investigación para seleccionar el tipo indicado de murciélago se eligió al cola suelta brasileño, debido a que, a pesar de ser de diminuto tamaño, podía cargar hasta tres veces su peso. Pronto las investigaciones del Doctor L. Fisser darían como resultado una bomba incendiaria adecuada. Así seguirían los preparativos hasta que en Marzo de 1943 se daría el OK para comenzar con las pruebas piloto. Gracias a un gancho quirúrgico y un pequeño alambre de metal se logró conseguir un método fácil y eficiente para unir el explosivo a la parte anterior del mamífero. La idea era simple: tirar desde aviones cajas repletas de murciélagos las cuales se abrieran en mitad del aíre. Estos, shockeados y asustados, buscarían refugio en las estructuras circundantes. Un temporizador entonces se activaría creando cientos de llamas que provocarían gran cantidad de incendios en la ciudad enemiga.

El resultado
Varios problemas comenzaron a ocurrir: algunas cajas no se abrían, muchos murciélagos morían en el camino y, peor aún, la gran mayoría de murciélagos no buscaba refugio sino que salía volando despavorida de la zona. Irónicamente los pocos incendios que generaron ocurrieron en un hangar y en el auto del General a cargo de la misión. Por lo que el experimento se dejaría de lado.
De todas maneras un fugaz renacer ocurre unos meses después, esta vez por parte de los Marines. No obstante, similares problemas acontecerían durante los ensayos y el experimento sería abandonado definitivamente. Eso sí, habiendo utilizado más de diez mil animales y habiendo costado aproximadamente dos millones de dólares.

[Fuente, Afa magazine (en Inglés)]




Fatal error: Call to undefined function related_posts() in /home/nucleoid/public_html/wp-content/themes/anf19/single.php on line 27